La sostenibilidad del sistema de pensiones en España se encuentra en una encrucijada crítica. Así lo ha manifestado el reconocido economista Gonzalo Bernardos, quien advierte sobre los desafíos que afronta el modelo actual ante el desequilibrio entre nuevos pensionistas y trabajadores. A pesar del incremento del empleo juvenil registrado en los últimos trimestres, estas cifras resultan insuficientes para compensar la masiva jubilación de la generación del 'Baby Boom', lo que está provocando una brecha cada vez más preocupante en el sistema de la Seguridad Social.
«En la actualidad, el déficit del sistema de pensiones puede estar alrededor de los 65.000 millones de euros», ha señalado Bernardos en sus recientes declaraciones. El experto matiza que la cifra real del déficit de la Seguridad Social es inferior debido a las modificaciones contables realizadas por el ministro Escrivá, quien «pasó déficit de la Seguridad Social a déficit de la Administración Central del Estado». Esta maniobra ha permitido que, por el momento, el estado de bienestar español pueda mantener este desequilibrio presupuestario.
Según el análisis de Bernardos, la situación actual presenta una paradoja en términos de gasto público: «Nos cuesta más la sanidad que el pago de pensiones en términos netos». Sin embargo, advierte con contundencia que el verdadero problema no reside en el déficit actual, sino en el que se generará en los próximos años. El economista apunta a un dato revelador: cada siete minutos se suma un nuevo jubilado al sistema, una tendencia que se agudizará con la llegada masiva a la edad de jubilación de la generación del 'Baby Boom', en la que nacieron más de 650.000 personas anualmente.
Las tres soluciones propuestas por Bernardos para la crisis de las pensiones
Ante este panorama, el economista ha planteado tres posibles vías para hacer frente al desafío de la sostenibilidad del sistema. La primera opción consistiría en incrementar las cotizaciones a la Seguridad Social de los trabajadores en activo, lo que supondría una mayor carga fiscal para la población ocupada. Esta medida, aunque directa, podría tener repercusiones en el poder adquisitivo de los trabajadores y en la competitividad empresarial.
La segunda alternativa planteada por Bernardos apunta hacia un retraso significativo en la edad de jubilación. En este sentido, el experto ha sido tajante: «A muchos que están esperando jubilarse próximamente, algunos llegarán a jubilarse a los 65 años, si han cotizado mucho, o a los 67». No obstante, añade con preocupación que «el resto, los veo jubilándose bastante más tarde». Esta propuesta buscaría ampliar el periodo contributivo de los trabajadores y reducir el tiempo de percepción de las pensiones.
Finalmente, la tercera opción contemplada por el economista implicaría una reducción en las cuantías de las pensiones percibidas por los jubilados. Esta medida, posiblemente la más impopular de las tres, supondría un ajuste a la baja de las prestaciones para garantizar la viabilidad del sistema a largo plazo, aunque conllevaría un inevitable impacto en la calidad de vida de los pensionistas.
El impacto demográfico del 'Baby Boom' en el sistema de pensiones
La generación del 'Baby Boom', nacida aproximadamente entre 1958 y 1977, representa un contingente poblacional extraordinario que está comenzando a alcanzar la edad de jubilación. Con más de 650.000 nacimientos anuales durante ese periodo, esta generación supone un auténtico tsunami demográfico para el sistema de pensiones español, diseñado bajo parámetros de una estructura poblacional muy diferente a la actual.
El efecto de esta generación ya se está dejando sentir en las cuentas públicas. Como señala Bernardos, «en el momento actual hay un jubilado más cada siete minutos», un ritmo que irá incrementándose en los próximos años conforme más 'baby boomers' alcancen la edad de retiro. Este fenómeno, combinado con las bajas tasas de natalidad actuales y el aumento de la esperanza de vida, está creando una tormenta perfecta para el sistema de reparto vigente en España.
Los expertos señalan que la ratio entre cotizantes y pensionistas, fundamental para la sostenibilidad del sistema, está deteriorándose rápidamente. Mientras en décadas pasadas había cerca de cuatro trabajadores por cada jubilado, las proyecciones apuntan a que esta proporción podría reducirse a menos de dos en las próximas décadas, lo que haría matemáticamente inviable el actual modelo sin profundas reformas estructurales.
¿Qué es el sistema de pensiones de reparto?
El sistema de pensiones español se basa en un modelo de reparto, también conocido como sistema de solidaridad intergeneracional. En este esquema, las cotizaciones de los trabajadores actuales financian las pensiones de los jubilados del momento, estableciendo un pacto implícito entre generaciones. A diferencia de los sistemas de capitalización, donde cada trabajador ahorra para su propia jubilación, el modelo español depende crucialmente del equilibrio demográfico y del mercado laboral.
Esta estructura, que ha funcionado eficazmente durante décadas, comienza a mostrar signos de agotamiento ante los cambios demográficos. La combinación de una población envejecida con pensiones cada vez más longevas y una base de cotizantes que no crece al mismo ritmo plantea serios interrogantes sobre la viabilidad futura del sistema tal como lo conocemos actualmente.
El Pacto de Toledo, creado en 1995 y renovado periódicamente, ha intentado abordar estos desafíos mediante consensos políticos que garanticen la sostenibilidad del sistema. Sin embargo, las reformas implementadas hasta la fecha, como el retraso gradual de la edad de jubilación o los cambios en el cálculo de las pensiones, parecen insuficientes ante la magnitud del reto demográfico que representa la jubilación masiva de la generación del 'Baby Boom'.
¿Cómo afectará el envejecimiento poblacional a la economía española?
El envejecimiento acelerado de la población española no solo impacta en el sistema de pensiones, sino que tiene profundas implicaciones para el conjunto de la economía. Un aspecto fundamental es la reducción de la población activa disponible para mantener los niveles de producción y crecimiento económico, lo que podría derivar en una disminución del PIB potencial si no se compensa con aumentos significativos de la productividad.
Otro efecto relevante se manifestará en el cambio de los patrones de consumo. Una sociedad más envejecida tiende a modificar sus hábitos de gasto hacia sectores como la salud, los cuidados personales y el ocio adaptado, mientras que disminuye la demanda en otros ámbitos como la vivienda nueva o bienes de consumo duradero. Esto implicará una necesaria reconversión de amplios sectores productivos para adaptarse a esta nueva realidad demográfica.
Adicionalmente, el envejecimiento poblacional ejercerá una presión creciente sobre el gasto público, no solo en pensiones sino también en sanidad y dependencia. Las proyecciones indican que el gasto sanitario podría incrementarse sustancialmente en las próximas décadas debido al aumento de la población mayor de 65 años, que presenta mayores necesidades asistenciales y farmacéuticas, lo que tensionará aún más las finanzas públicas españolas.
JoseEl que vacío el cajón de las pensiones fueron los de la derecha, te lo recuerdo. También te dejaron un maravilloso rescate millonario a la banca que aún estás pagando entre otras cosas. Sigue votando neoliberalismo y a gente como Montoro o Rodrigo Rato.