La conversación sobre la lealtad en pareja suele centrarse exclusivamente en el contacto físico. Sin embargo, una psicóloga española está desafiando esta visión con un planteamiento que está generando miles de reacciones en redes sociales. Silvia Severino, especialista en psicología de pareja, ha publicado recientemente un vídeo en Instagram donde enumera siete conductas que considera infidelidad, aunque muchas personas se resistan a aceptarlo. Su mensaje ha tocado una fibra sensible en la redes, acumulando comentarios divididos entre quienes se sienten identificados y quienes consideran que los límites en pareja son relativos. El debate plantea una cuestión fundamental: ¿dónde termina la libertad individual y comienza la deslealtad emocional?.
Severino no se refiere a deslices ocasionales ni a encuentros fortuitos. Su análisis apunta hacia patrones sostenidos de comportamiento que, sin cruzar la línea física, erosionan la confianza y la intimidad. Para la especialista, lo que se oculta y lo que se justifica con frases como "no es para tanto" puede resultar igual de dañino que una traición convencional. El primer punto que señala la psicóloga resulta especialmente incómodo para muchos: desear a otra persona en tu corazón ya constituye una forma de infidelidad. No se trata de una atracción pasajera o de reconocer que alguien resulta atractivo, algo completamente natural y que no amenaza ninguna relación sana.
El problema surge cuando esa atracción se alimenta conscientemente, cuando se dedica energía emocional a fantasear con escenarios románticos alternativos, cuando se buscan excusas para coincidir con esa persona o cuando los pensamientos sobre ella ocupan un espacio significativo en el día a día. En estos casos, aunque no haya ocurrido nada tangible, la conexión con la pareja oficial comienza a debilitarse porque parte de la inversión afectiva se dirige hacia otro lugar. Desde la terapia de pareja, este fenómeno se reconoce como una desconexión progresiva que puede preceder a otras formas de infidelidad o simplemente vaciar la relación de contenido emocional real.
Los secretos que nadie debería guardar
Otro de los comportamientos señalados por Severino es mantener secretos deliberados frente a la pareja. No se refiere a sorpresas ocasionales o a espacios de privacidad legítimos, sino a conversaciones, encuentros o emociones que se ocultan específicamente porque se sabe que generarían malestar o desconfianza. Cuando una persona necesita borrar mensajes, modificar versiones de los hechos o simplemente omitir información relevante sobre con quién estuvo o de qué habló, la transparencia que sostiene la confianza comienza a agrietarse. En España, donde las redes sociales y las aplicaciones de mensajería han transformado las dinámicas de comunicación, este tipo de secretos digitales se han convertido en una fuente frecuente de conflictos de pareja.
Los terapeutas suelen coincidir en que la necesidad de ocultar refleja conciencia de que se está cruzando un límite. Si algo no se puede compartir abiertamente con la pareja, probablemente no debería estar ocurriendo.
Coqueteos y validación en la era digital
La psicóloga también menciona dos conductas estrechamente relacionadas: coquetear con otras personas y buscar atención romántica o sexual en redes sociales. El flirteo puede parecer inocente, especialmente cuando se justifica como parte de la personalidad o del sentido del humor. Sin embargo, cuando existe intención de seducir, de generar tensión erótica o de mantener a alguien interesado "por si acaso", la situación cambia radicalmente.
En el entorno digital, esta conducta adopta formas específicas: mensajes privados con doble sentido, reacciones constantes a publicaciones de una persona concreta, comentarios sugerentes o intercambios que se mantienen ocultos a la pareja oficial. Para muchas personas en España, especialmente entre generaciones más jóvenes, estas interacciones se han normalizado hasta el punto de no reconocerlas como problemáticas. Sin embargo, los especialistas advierten que la búsqueda constante de validación externa puede reflejar inseguridades no resueltas o carencias dentro de la relación que deberían abordarse de manera directa, no compensarse con atención de terceros.
Comparaciones que envenenan el vínculo
Severino incluye también en su lista el hábito de comparar a la pareja con otras personas, especialmente cuando estas comparaciones resultan sistemáticamente desfavorables. Mencionar constantemente lo bien que se ve el compañero de trabajo, lo divertido que es un amigo o lo atento que resulta la pareja de una amiga no solo erosiona la autoestima del otro, sino que revela insatisfacciones que no se están comunicando de manera constructiva. Las comparaciones idealizadas suelen basarse en percepciones parciales o en la proyección de deseos no cumplidos. Generan resentimiento, distancia emocional y una sensación de inadecuación que daña profundamente la relación.
Fantasías como refugio emocional
Otro aspecto que plantea la especialista es fantasear habitualmente con otra persona. La vida mental incluye naturalmente todo tipo de pensamientos, incluidos algunos de carácter sexual o romántico que no implican ninguna intención real de actuar. El problema surge cuando estas fantasías se convierten en un refugio habitual frente a problemas reales en la pareja. Cuando alguien prefiere imaginar escenarios alternativos antes que enfrentar conflictos, comunicar necesidades o trabajar en la intimidad real, la desconexión emocional ya está instalada. En estos casos, la fantasía no es el problema en sí mismo, sino el síntoma de algo más profundo que requiere atención.
Más allá del contacto físico
El último punto resume el mensaje central de Severino: decir que no pasó nada físico no exime de responsabilidad ni elimina el daño causado. Las traiciones emocionales, los vínculos paralelos sostenidos en el tiempo, la intimidad compartida con terceros o los secretos mantenidos pueden resultar igual de dolorosos que una infidelidad sexual. En muchos casos, incluso más, porque afectan directamente al sentimiento de exclusividad emocional, a la confianza y a la percepción de ser la persona prioritaria en la vida del otro. Para quienes han experimentado este tipo de situaciones, el argumento de "pero no pasó nada" resulta insuficiente e incluso invalidante del dolor experimentado.