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Juan Carlos Galindo, perito judicial, zanja la polémica de si pagar con tarjeta o con el móvil: «Es por comodidad y por protección»

El experto revela cuál es la forma más vulnerable de realizar transacciones y por qué deberías cambiar tus hábitos

El experto ha compartido los consejos en redes sociales

| Palma |

La elección entre efectivo, tarjeta física o dispositivo móvil para realizar pagos cotidianos puede parecer una cuestión de preferencia personal. Sin embargo, existen diferencias fundamentales en materia de seguridad que la mayoría de usuarios en España desconoce y que podrían comprometer gravemente sus finanzas personales.

Juan Carlos Galindo, perito judicial especializado en fraudes financieros, ha advertido sobre los riesgos asociados a cada método de pago. Sus declaraciones arrojan luz sobre una vulnerabilidad crítica que afecta especialmente a quienes utilizan tarjetas bancarias tradicionales con tecnología de pago sin contacto. La respuesta a qué sistema resulta más seguro no es tan evidente como podría pensarse inicialmente.

Según explica el experto, la tecnología wireless o contactless que permite realizar pagos acercando la tarjeta al datáfono funciona mediante la emisión de una radiofrecuencia específica que el terminal receptor capta para procesar la transacción. Este proceso, aparentemente simple y cómodo, esconde un problema de seguridad fundamental que muchos establecimientos y usuarios ignoran completamente.

La vulnerabilidad oculta de las tarjetas bancarias

El problema principal radica en cómo se identifican las tarjetas físicas ante los sistemas de pago. Cada tarjeta bancaria emite siempre el mismo identificador o ID cuando se utiliza la función de pago sin contacto. Esta característica, diseñada originalmente para facilitar las transacciones, se ha convertido paradójicamente en su mayor debilidad frente a posibles ataques informáticos.

"Un malote nos podría, en un momento dado, clonar esa ID y no solo la tarjeta, sino la forma de comunicarse con los datáfonos", advierte Galindo. Esta clonación permitiría a los delincuentes realizar compras fraudulentas sin necesidad de poseer físicamente la tarjeta original. El identificador permanente se convierte así en una puerta abierta para quienes cuentan con la tecnología adecuada para interceptar estas señales.

Por qué el teléfono móvil resulta más seguro

Frente a las limitaciones de seguridad de las tarjetas físicas, los dispositivos móviles emplean un sistema de protección significativamente más avanzado. Cada vez que se realiza un pago mediante el teléfono, ya sea con Apple Pay, Google Pay o Samsung Pay, el sistema genera un código único y temporal que solo sirve para esa transacción específica.

"El teléfono, cada vez que se usa, se comunica con un ID diferente", explica el perito judicial. Esta característica, conocida como tokenización, implica que aunque alguien interceptara la señal durante una operación, la información capturada resultaría completamente inútil para realizar cualquier otra transacción posterior. El código de un solo uso se destruye automáticamente tras completarse el pago.

La diferencia es comparable a la que existe entre tener una llave maestra que abre siempre la misma cerradura y disponer de una llave diferente cada vez que necesitas abrir una puerta. Mientras tu tarjeta física mantiene los números impresos y transmite siempre la misma identificación, tu smartphone crea barreras constantemente renovadas que resultan prácticamente imposibles de vulnerar con los métodos actuales de clonación.

Recomendaciones de seguridad para usuarios

El consejo del experto resulta inequívoco: configurar siempre el doble factor de autenticación en todas las aplicaciones de pago y priorizar el uso del móvil sobre la tarjeta física siempre que sea posible. Esta medida combina comodidad con el máximo nivel de protección actualmente disponible para consumidores particulares en España.

Además de la tokenización, los teléfonos móviles incorporan capas adicionales de seguridad como el reconocimiento facial, la huella dactilar o códigos PIN específicos para las aplicaciones de pago. Estas barreras múltiples hacen exponencialmente más difícil que un delincuente pueda completar una transacción fraudulenta, incluso en el improbable caso de que consiguiera acceder físicamente al dispositivo.

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