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María Jesús Lechuga, podóloga, sobre el dolor de pie en invierno: «Si notas que te duelen más, no es casualidad»

La experta explica por qué tus pies sufren cuando bajan las temperaturas y qué está pasando realmente en tu cuerpo

La experta ha emitido la advertencia en redes sociales

| Palma |

Cuando llega el frío y comienzas a notar que tus pies duelen más de lo habitual, probablemente pienses que se trata de una simple coincidencia o del calzado de invierno. Sin embargo, María Jesús Lechuga, podóloga especializada en salud del pie, advierte que existe una explicación científica detrás de este fenómeno que afecta a millones de personas durante los meses más fríos del año.

La profesional asegura que no se trata de una casualidad ni de un problema aislado. Detrás del aumento del dolor podal en invierno se esconde un mecanismo de supervivencia de nuestro organismo que, paradójicamente, termina generando molestias en nuestras extremidades inferiores.

Este incremento del malestar en los pies durante la estación invernal responde a un proceso fisiológico complejo que tiene que ver con la forma en que nuestro cuerpo gestiona la temperatura corporal cuando el termómetro desciende. La explicación va mucho más allá del simple efecto del frío sobre la piel.

El mecanismo de defensa del organismo ante las bajas temperaturas

Según explica María Jesús Lechuga, cuando el cuerpo humano se expone al frío, activa un mecanismo de protección automático cuyo objetivo principal es salvaguardar los órganos vitales. Este sistema de defensa natural provoca que el organismo tome decisiones sobre dónde distribuir el calor y los recursos disponibles.

En este proceso de termorregulación, el cuerpo prioriza proteger órganos como el corazón, el cerebro, los pulmones y otros sistemas esenciales para la supervivencia. Para conseguirlo, el sistema circulatorio reduce el flujo sanguíneo hacia las zonas más alejadas del núcleo corporal, especialmente las extremidades.

Esta redistribución de la circulación sanguínea tiene consecuencias directas sobre los pies. Al llegar menos sangre a esta zona, también disminuye el aporte de oxígeno a los músculos, tendones y tejidos blandos del pie. La falta de oxigenación adecuada provoca que estos tejidos se vuelvan más rígidos y menos flexibles.

Por qué la rigidez tisular aumenta el dolor

La podóloga explica que cuando los músculos y tejidos están más rígidos, cualquier movimiento o presión genera más molestias de lo habitual. La elasticidad reducida de las estructuras del pie hace que este sea menos capaz de absorber impactos y adaptarse a las superficies sobre las que caminamos.

Esta rigidez tisular, combinada con la menor irrigación sanguínea, crea un círculo vicioso. Los tejidos menos oxigenados tienen menor capacidad de recuperación y acumulan más productos de desecho metabólico, lo que incrementa la sensación dolorosa. Además, la inflamación localizada puede aumentar debido a esta mala circulación.

En España, donde las temperaturas invernales pueden variar significativamente entre regiones, este fenómeno afecta de manera diferente según la zona geográfica. Las personas que viven en áreas más frías del norte peninsular o en zonas de montaña experimentan estos síntomas con mayor intensidad y frecuencia.

Síntomas característicos del dolor de pies en invierno

María Jesús Lechuga identifica varios signos que suelen aparecer durante los meses fríos. El más evidente es la sensación de pies fríos constante, incluso cuando se está en interiores con calefacción. Este síntoma indica claramente que la circulación periférica está comprometida.

Otro indicador común es la sensación de pesadez en los pies, especialmente al final del día. Muchas personas describen que sienten sus pies como si estuvieran cargados o hinchados, aunque no presenten edema visible. Esta pesadez está directamente relacionada con la acumulación de líquidos debido a la mala circulación.

Además, aparecen molestias que durante el verano pasan completamente desapercibidas. Problemas leves como pequeñas deformidades, zonas de presión o ligeras alteraciones biomecánicas se hacen evidentes cuando los tejidos están menos irrigados y más rígidos. El dolor puede manifestarse en el talón, el arco plantar, los dedos o incluso en el tobillo.

Soluciones efectivas para combatir el dolor podal invernal

La experta propone varias estrategias prácticas para aliviar y prevenir estas molestias. La primera y más importante es mantener los pies en movimiento para activar la circulación sanguínea. Realizar ejercicios sencillos como flexiones de tobillo, rotaciones o movimientos de dedos ayuda a bombear la sangre hacia estas extremidades.

El calzado adecuado juega un papel fundamental. María Jesús Lechuga recomienda usar zapatos que proporcionen buen aislamiento térmico sin comprimir el pie, ya que la compresión excesiva puede empeorar la circulación. Es preferible optar por materiales transpirables que mantengan el calor sin provocar sudoración excesiva.

Los calcetines también merecen atención especial. Es recomendable elegir tejidos técnicos que regulen la temperatura y la humedad, evitando materiales sintéticos de baja calidad que no permiten la transpiración adecuada. Los calcetines de lana merino o mezclas especiales para deportistas suelen ser opciones excelentes.

Finalmente, la podóloga menciona el uso de cremas específicas que ayuden a regular la temperatura y mejoren la microcirculación cutánea. Productos con ingredientes como el extracto de castaño de indias, la centella asiática o el mentol pueden proporcionar alivio significativo cuando se aplican regularmente.

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