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Poner canela en platos salados: para qué sirve y por qué lo recomiendan

Esta técnica culinaria equilibra sabores, aporta profundidad y mejora el aroma de los platos

Los guisos de carne constituyen probablemente el uso más tradicional de la canela en salado. | Foto: Magnific

| Palma |

El uso de canela en preparaciones saladas no constituye una moda gastronómica reciente, sino una práctica culinaria ancestral ampliamente extendida en la cocina de Oriente Medio y el norte de África. Esta especia, conocida principalmente por su presencia en postres y dulces tradicionales, aporta propiedades aromáticas y gustativas que mejoran significativamente guisos, carnes y legumbres cuando se utiliza en cantidades adecuadas. La incorporación de canela en platos salados responde a una lógica culinaria fundamentada en el equilibrio de sabores y la complejidad aromática.

Los expertos en gastronomía señalan que esta especia genera un fondo cálido y ligeramente dulce que hace que las preparaciones adquieran un perfil más elaborado, como si el tiempo de cocción hubiera sido mayor al real. La versatilidad de esta técnica permite su aplicación en múltiples elaboraciones tradicionales españolas y mediterráneas, desde lentejas hasta estofados de carne, donde una pequeña cantidad marca la diferencia en el resultado final sin que el comensal identifique necesariamente el ingrediente responsable de esa mejora organoléptica.

Funciones principales

La primera función que cumple la canela en platos salados es aportar profundidad al conjunto de sabores, creando capas gustativas que normalmente se conseguirían mediante cocciones prolongadas o la adición de múltiples ingredientes. Este efecto se produce gracias a los compuestos aromáticos presentes en la corteza de canela, que interactúan con las proteínas y grasas durante el cocinado. En segundo lugar, la canela actúa como equilibrante de sabores intensos, especialmente útil cuando la receta incluye tomate, que aporta acidez pronunciada, carnes con alto contenido graso o especias de carácter fuerte como el comino o el pimentón. En estos casos, la canela suaviza la acidez y redondea el conjunto sin aportar dulzor perceptible.

El tercer beneficio reside en su capacidad para crear un contraste dulce-salado que enriquece la experiencia gastronómica. Este principio es comparable al uso de miel en carnes asadas o fruta en ensaladas, donde el contraste hace que el plato resulte más interesante al paladar sin alterar su naturaleza salada. Finalmente, la canela cuenta con compuestos aromáticos muy volátiles que intensifican la percepción olfativa del plato, haciendo que éste resulte más apetecible incluso antes de probarlo. El aroma desempeña un papel fundamental en la percepción del sabor, constituyendo aproximadamente el 80% de lo que interpretamos como gusto.

Ventajas de incorporar canela en preparaciones saladas

Los profesionales de la cocina recomiendan esta técnica por varias razones prácticas. En primer lugar, funciona eficazmente en cantidades muy reducidas, siendo suficiente una pizca del tamaño de la punta de un cuchillo para notar sus efectos en una olla de tamaño medio. Esta característica la convierte en un recurso económico y accesible. Además, cuando se utiliza correctamente, la canela se integra completamente sin destacar como sabor individual reconocible. El resultado final no recuerda a la canela de los postres, sino que simplemente el plato presenta un perfil más complejo y armonioso.

Otro aspecto relevante es su capacidad para mejorar platos sencillos haciéndolos parecer más elaborados. Un guiso básico de ternera o unas lentejas tradicionales pueden adquirir un carácter más sofisticado mediante este sencillo añadido, sin requerir ingredientes costosos ni técnicas complicadas. La versatilidad constituye igualmente una ventaja destacable, ya que combina adecuadamente con carne roja, legumbres y determinadas verduras como la calabaza, la berenjena o el pimiento. Esta adaptabilidad permite experimentar en diferentes tipos de preparaciones.

Aplicaciones más recomendadas en la cocina tradicional

Los guisos de carne constituyen probablemente el uso más tradicional de la canela en salado. Especialmente con cordero y ternera estofados, la canela aporta ese toque especiado característico de las cocinas mediterránea oriental y magrebí. Las legumbres, particularmente lentejas y garbanzos, se benefician notablemente de la adición de canela, que suaviza su sabor terroso y equilibra la acidez del tomate habitualmente presente en estas preparaciones. El resultado es un plato más suave y aromático, con mayor complejidad en boca.

En salsas de tomate para acompañar pastas, arroces o carnes, una pequeña cantidad de canela reduce la acidez y aporta redondez al conjunto. Esta técnica es especialmente útil cuando se utilizan tomates de conserva, que suelen presentar mayor acidez que los frescos. Los arroces especiados, tanto en versión de pilaf como en elaboraciones más próximas a la paella, también admiten la presencia discreta de canela entre las especias utilizadas, combinándose habitualmente con comino, cúrcuma o azafrán según la receta específica.

Recetas prácticas para iniciarse en esta técnica

Las lentejas especiadas con canela constituyen una preparación ideal para experimentar con esta técnica. Para elaborar un plato para tres personas, se necesitan 200 gramos de lentejas, media cebolla, un tomate o tomate triturado, una zanahoria, un diente de ajo, una hoja de laurel, una pizca de canela, sal, pimienta y aceite de oliva. El proceso comienza sofritiendo la cebolla picada, el ajo y la zanahoria troceada en aceite de oliva. Posteriormente se incorpora el tomate y se cocina durante varios minutos hasta que reduzca.

A continuación se añaden las lentejas con agua suficiente para cubrirlas y la hoja de laurel, cocinando hasta que estén tiernas. La canela se incorpora al final de la cocción, mezclando bien. El resultado son unas lentejas más suaves, con un fondo aromático cálido que no resulta identificable pero mejora el conjunto. La carne guisada con toque de canela representa otra aplicación clásica. Para dos personas se requieren entre 300 y 400 gramos de carne de ternera o cordero, media cebolla, un tomate, medio vaso de vino tinto (opcional), una hoja de laurel, una pizca de canela, sal, pimienta y aceite.

La preparación consiste en dorar la carne en una olla con aceite caliente, añadir la cebolla picada y sofreírla, incorporar el tomate y el vino dejando reducir, cubrir con agua y cocinar a fuego lento hasta que la carne esté tierna. La canela se añade casi al final del proceso. El resultado es una carne con sabor más profundo y ligeramente aromático, sin que el plato recuerde en absoluto a los postres.

Dudas frecuentes sobre el uso de canela

Una pregunta habitual es si se puede utilizar canela en rama en lugar de molida. La respuesta es afirmativa, siendo incluso más recomendable para principiantes porque permite un control más preciso del sabor. La rama se incorpora durante la cocción y se retira antes de servir, aportando aroma sin el riesgo de excederse. Otra cuestión frecuente concierne a si la canela combina con todo tipo de carnes. Generalmente funciona mejor con carnes rojas como cordero, ternera o cerdo, especialmente en preparaciones estofadas o guisadas.

Con aves de corral también resulta adecuada, especialmente en recetas con influencia oriental. Con pescado su uso es menos común, aunque algunas preparaciones mediterráneas orientales sí la incluyen. También surge la duda sobre si se puede combinar canela con otras especias. No solo es posible, sino recomendable en muchos casos. Combina especialmente bien con comino, cilantro, jengibre, nuez moscada y pimienta negra. En las mezclas de especias como el ras el hanout marroquí o el baharat de Oriente Medio, la canela constituye un ingrediente fundamental.

Finalmente, muchos se preguntan si existe alguna forma de corregir un plato al que se ha añadido demasiada canela. Lamentablemente, las opciones son limitadas. Se puede intentar diluir el plato añadiendo más base (más carne, más legumbres, más líquido), pero generalmente el sabor predominante persiste. Por ello resulta fundamental la cautela inicial en la dosificación.

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