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El colapso de los kurdosirios y el frágil acuerdo de segunda oportunidad con Damasco

Un cambio relevante en el equilibrio de poder en la zona donde estaban presos miles de yihadistas de Estado Islámico

La alianza armada liderada por kurdos Fuerzas de Siria Democrática (FSD) declaró este lunes como fuera de su control una cárcel con presos del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en la provincia nororiental de Al Hasaka, donde sufrió decenas de bajas tratando de repeler sucesivos ataques contra la prisión | Foto: Efe

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En un giro dramático y sorpresivo de los acontecimientos, las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), la alianza armada liderada por kurdosirios, han experimentado un significativo revés territorial en el noreste del país en cuestión de pocos días. Durante el pasado fin de semana de este arranque de 2026 las tropas gubernamentales sirias, bajo el control de Damasco, lograron arrebatar vastas extensiones de terreno a las FSD, precipitando un acuerdo crucial para integrar sus regiones en la estructura estatal. Este pacto, que ya ha comenzado a implementarse a pesar de los nuevos enfrentamientos registrados este mismo lunes, marca la segunda tentativa de entendimiento entre ambas partes desde el cambio de poder en Siria, que se produjo hace más de un año. Un primer acuerdo, alcanzado en marzo de 2025, no llegó a materializarse debido a profundas discrepancias, lo que subraya la fragilidad inherente a esta nueva oportunidad de coexistencia.

La relevancia de este nuevo entendimiento radica no solo en la reconfiguración del mapa sirio, sino también en las implicaciones para la estabilidad regional y la gestión de un problema de seguridad global: los miles de combatientes yihadistas del Estado Islámico (EI) que las FSD mantenían bajo custodia. La rápida progresión de las fuerzas gubernamentales ha alterado drásticamente el equilibrio de poder, forzando a los kurdosirios a buscar una solución política con Damasco. Este escenario plantea interrogantes fundamentales sobre el futuro de las zonas que hasta ahora controlaban las FSD, incluyendo aquellas donde se concentran las cárceles y campos de reclusión de exmilitantes del EI. La comunidad internacional observa con atención, pues la incertidumbre sobre quién asumirá la responsabilidad de estos prisioneros es palpable, y ya han surgido acusaciones cruzadas sobre la posible liberación de algunos de ellos para generar caos y confusión interna.

El papel de las FSD y el control del noreste sirio

Las Fuerzas de Siria Democrática (FSD) emergieron en 2015, en un momento crítico de la guerra civil siria y en pleno auge del grupo terrorista Estado Islámico (EI). Esta alianza, liderada principalmente por las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), aunque también integrada por combatientes árabes y de otras minorías, se erigió como un baluarte fundamental contra el yihadismo. Su intensa lucha terrestre y cuerpo a cuerpo contra el EI las convirtió en un aliado estratégico de Estados Unidos y las potencias occidentales en la campaña antiterrorista. Gracias a esta colaboración, las FSD lograron arrebatar amplias zonas del noreste de Siria a los terroristas, consolidando su control territorial antes de la derrota definitiva del EI en 2019.

Este dominio no se limitaba únicamente a las regiones con mayor concentración de población kurda, como la de Jazira en el noreste o la ciudad de Kobane en el norte, baluarte y símbolo para esta población donde se produjeron verdaderas matanzas en el transcurso de la guerra. Las FSD también extendieron su influencia sobre gran parte de las provincias de Deir al Zur (al este) y Al Raqa (al noreste), territorios estratégicos que habían estado bajo el yugo del EI, a través de pactos con facciones tribales árabes.

Es en estas áreas donde las FSD precisamente asumieron la compleja tarea de gestionar numerosas cárceles y campos de reclusión, donde se encontraban miles de combatientes yihadistas capturados. La situación actual, con el cambio de control territorial, plantea una enorme incógnita sobre el destino de estos prisioneros. De hecho, ya han comenzado a circular informes sobre acusaciones cruzadas que sugieren la liberación deliberada de exmilitantes del Estado Islámico, con el presunto objetivo de exacerbar el caos interno y la confusión en la región, un escenario que podría tener repercusiones de gran alcance para la seguridad global.

La compleja dinámica con Damasco y Ankara

La relación entre los kurdosirios y el gobierno central de Damasco ha sido históricamente tensa y compleja, marcada por periodos de confrontación y alianzas tácticas. Antes de la caída de Bachar al Asad, las FSD se enfrentaban a grupos armados opositores respaldados por Turquía, un actor regional con intereses muy definidos. Ankara considera a las YPG, el componente principal de las FSD, como una extensión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), guerrilla kurda contra la que lucha en su propio territorio desde hace décadas, y por ello las cataloga como organización terrorista, aunque el PKK se encuentra inmerso en pleno proceso de abandono de la lucha armada. Esta percepción del momentum ha llevado a Turquía a lanzar varias ofensivas transfronterizas, arrebatando importantes territorios a las fuerzas kurdas.

Resulta paradójico que esas mismas formaciones proturcas, que en el pasado combatieron a las FSD, ahora se integren en las fuerzas gubernamentales sirias. Estas últimas han protagonizado, desde el pasado 6 de enero de 2026 una serie de intensos choques con las FSD, comenzando en dos barrios de mayoría kurda en Alepo, al noroeste del país. Tras alcanzar un alto el fuego hace aproximadamente una semana, el bando gubernamental no tardó en redirigir sus ataques hacia otras zonas de la provincia homónima que estaban bajo control de la alianza armada. La escalada culminó el reciente sábado y domingo, cuando las fuerzas de Damasco comenzaron a tomar rápidamente áreas en diversas regiones, sorprendiendo por la velocidad y la magnitud de su avance. Ante esta ofensiva, la alianza liderada por kurdos no dudó en acusar directamente a Ankara de apoyar las operaciones militares con bombardeos de drones, añadiendo una capa más de complejidad a este ya intrincado conflicto.

El precedente fallido

Tras el derrocamiento de Bachar al Asad y el consiguiente cambio de poder en Siria, las nuevas autoridades centrales y los kurdosirios se vieron en la necesidad de buscar una solución al estatus quo de las áreas controladas por las FSD. Estas regiones estaban gobernadas por la autoproclamada Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria (DAANES), una entidad que nunca fue reconocida por el antiguo régimen. La búsqueda de una vía para la coexistencia llevó a un primer intento de entendimiento.

Finalmente, en marzo de 2025, ambas partes lograron alcanzar un acuerdo preliminar para la integración de los kurdosirios en la estructura estatal. Sin embargo, las profundas desavenencias en diversas áreas impidieron que este pacto avanzara significativamente. Las negociaciones se estancaron, y la falta de progreso fue tal que potencias internacionales como Francia y Estados Unidos se vieron obligadas a intervenir, intentando desbloquear el punto muerto y facilitar una resolución. A pesar de los esfuerzos diplomáticos, aquel acuerdo de marzo de 2025 nunca llegó a cristalizar, dejando un precedente de frustración y desconfianza que ha pesado sobre las negociaciones posteriores.

Claves del nuevo pacto

El nuevo acuerdo, gestado tras la reciente ofensiva gubernamental, aborda de manera más concreta los puntos que hicieron fracasar el intento anterior. Una de las principales trabas en las negociaciones previas era la forma en que se llevaría a cabo la integración de los miembros de las FSD en las tropas gubernamentales. El texto del pacto actual especifica que esta integración se realizará de forma "individual", sujeta a un riguroso escrutinio de seguridad para cada uno de los combatientes. Este enfoque busca garantizar la lealtad y la fiabilidad de los efectivos que se unan a las fuerzas de Damasco.

Por su parte, los kurdosirios asumen el compromiso de expulsar del país a todos los integrantes extranjeros de las YPG, un punto clave para el gobierno central y para Turquía. A cambio, el Gobierno central de Siria se compromete a reconocer legalmente la identidad kurda como parte integral del panorama nacional, un gesto de gran simbolismo y relevancia política para la comunidad kurda. Si este acuerdo logra consolidarse y no colapsa ante una nueva escalada de violencia, las instituciones que operan actualmente en las zonas de la DAANES pasarán a formar parte de la estructura estatal siria, lo que implicaría una reconfiguración administrativa y política profunda en el noreste del país.

El silencio de Washington y sus implicaciones

La reciente escalada de violencia ha puesto de manifiesto una notable ausencia de apoyo por parte de Washington hacia sus antiguos aliados kurdosirios. Durante las últimas dos semanas de enfrentamientos, las FSD denunciaron públicamente la falta de respaldo de Estados Unidos, un país que durante años había sido un aliado clave en la lucha contra el terrorismo en la región. El silencio de Washington ante los ataques de Damasco contra las zonas controladas por las FSD ha sido interpretado como un cambio significativo en su política exterior.

La situación se tornó aún más crítica este mismo lunes, cuando las FSD aseguraron que la coalición internacional de lucha contra el EI, liderada por Estados Unidos, ignoró sus peticiones de ayuda para detener un asalto a una cárcel que albergaba a prisioneros del grupo yihadista. Este incidente, que lamentablemente terminó en una fuga de reclusos, subraya la creciente sensación de abandono entre las fuerzas kurdas. En los meses previos, el enviado especial de Estados Unidos para Siria, Tom Barrack, ya había llamado públicamente la atención a los kurdos por demorar la implementación del pacto de marzo de 2025, un acuerdo que buscaba una solución política para la región. Esta postura de Washington se enmarca en un contexto donde el expresidente Donald Trump había apostado por el nuevo Gobierno de transición en Siria, lo que sugiere un realineamiento de intereses geopolíticos que ha dejado a los kurdosirios en una posición vulnerable.

Las Fuerzas de Siria Democrática (FSD) constituyen una alianza militar multiétnica y multirreligiosa que opera en el norte y este de Siria. Aunque su componente más prominente son las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) kurdas, las FSD también incluyen milicias árabes, asirias, turcomanas y armenias, reflejando la diversidad demográfica de las regiones donde operan. Su objetivo inicial y principal fue la expulsión del EI de los territorios sirios, logrando victorias significativas como la liberación de Kobane, Manbij y, crucialmente, Raqa, la autoproclamada capital del califato yihadista, en 2017.

A lo largo de su existencia, las FSD han establecido una administración autónoma en las zonas bajo su control, conocida como la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES) o Rojava. Esta entidad ha implementado un modelo de gobernanza descentralizado y democrático, basado en principios de igualdad de género y convivencia interétnica. Sin embargo, su existencia ha sido fuente de tensiones constantes con Turquía, que las considera una amenaza a su seguridad nacional, y con el gobierno de Damasco, que busca restaurar su soberanía sobre todo el territorio sirio. La compleja red de alianzas y enemistades en la que se encuentran las FSD define su futuro incierto en el volátil panorama sirio.

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