Rusia, en estado de shock desde el apresamiento del líder venezolano, Nicolás Maduro, ha tomado buena nota tras el «asesinato» -así lo calificó el jefe del Kremlin, Vladímir Putin- del líder supremo de Irán, Sayyid Ali Jameneí. «Estamos analizando y extrayendo las conclusiones correspondientes», dijo este lunes Dmitri Peskov, portavoz presidencial, en su rueda de prensa telefónica diaria. El ayatolá era estrecho aliado del líder ruso, Vladímir Putin, al que ayudó con drones, munición y otros equipos militares en los primeros dos años de guerra en Ucrania.
El antecedente de Gadafi
La muerte de Jameneí ha sentado como un jarro de agua fría en Moscú. La detención de Maduro fue un mal trago para la diplomacia rusa, pero lo ocurrido con el ayatolá retrotrae a Moscú a lo ocurrido en 2011 con el líder libio, Muamar el Gadafi. Entonces, el presidente ruso, Dmitri Medvédev, no vetó en el Consejo de Seguridad de la ONU la creación en Libia de una zona de exclusión aérea, lo que desembocó en el derrocamiento y ajusticiamiento de su líder.
Putin, que regresó al Kremlin al año siguiente tras cuatro años como primer ministro, nunca se lo perdonó a Occidente. Tras acusar a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, de instigar en 2011 las mayores protestas desde la caída de la URSS, lanzó una campaña de represión de la oposición democrática para prevenir una revolución popular como en Ucrania o en Georgia.
Posteriormente, Moscú salvó al presidente ucraniano, el prorruso Víktor Yanukóvich -derrocado en el Euromaidán (2014)-, al sacarle del país y concederle asilo. Y evitó el derrocamiento del líder sirio, Bachar al Asad, al aprobar al año siguiente la primera gran intervención militar rusa en el exterior desde la invasión soviética de Afganistán.
Debilidad de Putin al descubierto
Mientras, Putin no ha podido hacer nada ni para defender a Maduro ni para proteger a Jameneí, y tampoco parece muy capacitado para romper el embargo energético estadounidense ni evitar la futura caída del régimen castrista en Cuba. Asad también fue finalmente derrocado sin que Moscú pudiera hacer nada para evitarlo en 2024.
Tanto en los bombardeos de agosto de 2025 como ahora, el Kremlin se escuda en que, al contrario que en el caso de Corea del Norte, entre Moscú y Teherán no existe ningún acuerdo de asistencia mutua en caso de agresión. Peskov empleó este mismo argumento para excusar la manifiesta impotencia del grupo BRICS -al que también pertenece Irán-, presentado como futura alternativa del G7.
Rusos y chinos condenaron los ataques y Putin envió un telegrama al presidente iraní, Masud Pezeshkin, expresando sus «sentidas condolencias por el asesinato del líder supremo», que consideró «una cínica violación de todas las normas de la moral humana y el derecho internacional». Pero la realidad es que Putin se está quedando sin aliados y, además, la creación por Trump de la Junta de la Paz para Gaza parece que le ha dejado al margen de la nueva Pax Americana, tanto en Oriente Medio como en otras partes del planeta. «Tenemos intereses comunes», dijo Peskov, pero la realidad es que el orden mundial multipolar que promueven Moscú y Pekín parece cada vez más descafeinado.
Creciente decepción con Estados Unidos
El enfado ruso con el presidente de EE.UU., Donald Trump había ido en aumento en las últimas semanas ante la incapacidad de la Casa Blanca de convencer a Kiev para que abandone el Donbás.
De hecho, en este país está cundiendo el convencimiento de que, como ha pasado con Teherán, Trump dejará tirado a Moscú en medio de las negociaciones después de «incumplir» con lo acordado en la cumbre de Alaska.
En ese sentido, el Kremlin se mostró este lunes «decepcionado» con que las negociaciones entre Estados Unidos e Irán con la mediación de Omán desembocaran en una «agresión directa» contra la república islámica. «Por supuesto, aquí podemos expresar nuestra profunda decepción con que (...) la situación degradara, de todas formas, en una agresión directa», dijo Peskov, quien recordó que las noticias que en un primer momento llegaron de Omán hablaban de «avances notables».
Por ello, Peskov aseguró sin tapujos que, aunque Moscú sigue «valorando altamente los esfuerzos mediadores que realiza EE.UU., nosotros nos fiamos, en primer lugar, sólo de nosotros mismos»
Debido al conflicto en Irán, rusos y ucranianos aún no han acordado una fecha para la cuarta ronda de negociaciones de paz con mediación de EE.UU. tras la celebrada a mediados de febrero en Ginebra.
La única buena noticia para Rusia es el alza de los precios del petróleo debido al conflicto y el posible bloqueo del estrecho de Ormuz, lo que contrarrestaría las sanciones occidentales a sus exportaciones de hidrocarburos.
No puede dar lecciones de nada este OTRO LOCO , CIENTOS DE MILES DE MUERTOS, E INFRAESTRUCTURAS DAÑADAS. La HISTORIA NO PONDRA NADIE EN SU SITIO..SE ACABA SEÑORES.