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El papa pide atreverse a aplicar políticas a contracorriente por el bien común y la paz

Teodoro Obiang Nguema es el mismo presidente de Guinea Ecuatorial que en 1982 dio la bienvenida a Juan Pablo II

El Papa León XIV (i) se reúne con el Presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema en el Palacio Presidencial de Malabo. | Foto: Efe - LUCA ZENNARO

| Malabo |

León XIV dijo este martes que «en un mundo herido por la prepotencia» hay que valorar «a quienes creen en la paz, y atreverse a aplicar políticas que vayan a contracorriente, centradas en el bien común», en un discurso en español en su primer acto en Guinea Ecuatorial, última etapa de su gira por África. Tras visitar Argelia, Camerún y Angola, el primer acto del papa en Guinea Ecuatorial fue la reunión con Teodoro Obiang Nguema, el mismo presidente que en 1982 dio la bienvenida a Juan Pablo II y que ahora, con 83 años, es el presidente que más tiempo ha estado en el poder, desde que lideró el golpe de Estado de 1979.

En el palacio presidencial y ante Obiang, el papa hizo suyas, en el discurso pronunciado ante las autoridades, las palabras de Juan Pablo II en su visita cuando le pidió «respeto y promoción de los derechos de cada persona o grupo, y de mejores condiciones de vida, para realizarse como hombres y como hijos de Dios».

«Son palabras que siguen siendo actuales y que interpelan a cualquiera que ocupe un cargo público», aseveró ante el presidente guineano, al que muchas organizaciones humanitarias acusan de gobernar con puño duro y reprimir sistemáticamente cualquier intento de oposición democrática.

La proliferación de las guerras por el petróleo

Aseguró que es evidente que «respecto a algunos años atrás, uno de los principales motivos de la proliferación de los conflictos armados es la colonización de yacimientos petrolíferos y mineros, sin tener en cuenta el derecho internacional ni el derecho de los pueblos a la autodeterminación». «Dios no quiere esto. Su Santo Nombre no puede ser profanado por la voluntad de dominio, la prepotencia y la discriminación; sobre todo, nunca debe ser invocado para justificar decisiones y acciones que causan la muerte», subrayó.

El papa también defendió que la Iglesia pueda intervenir en las cuestiones sociales. «La doctrina social de la Iglesia representa una ayuda para cualquiera que desee afrontar las cosas nuevas que desestabilizan el planeta y la convivencia humana, buscando ante todo el Reino de Dios y su justicia», dijo. «Esto es una parte fundamental de la misión de la Iglesia: contribuir a la formación de las conciencias mediante el anuncio del Evangelio y la propuesta de criterios morales y principios éticos auténticos, respetando la libertad de cada persona y la autonomía de los pueblos y sus gobiernos», explicó.

Lamentó que «nos enfrentamos a cuestiones que sacuden los cimientos de la experiencia humana» como es «la nueva cara de la injusticia social» porque «la brecha entre una «pequeña minoría, el 1 % de la población, y la gran mayoría se ha ampliado de manera dramática»

«La falta de tierra, alimentos, vivienda y trabajo digno coexiste con el acceso a las nuevas tecnologías que se difunden por todas partes a través de los mercados globalizados. Los teléfonos celulares, las redes sociales e incluso la inteligencia artificial están al alcance de millones de personas, incluidos los pobres».

Y por consiguiente, «es una tarea ineludible de las autoridades civiles y de la buena política eliminar los obstáculos al desarrollo humano integral, cuyos principios fundamentales son la destinación universal de los bienes y la solidaridad». Concluyó su discurso pidiendo que Guinea Ecuatorial -que a pesar de ser uno de los mayores exportadores de petróleo, el 70 % de la población está cerca del umbral de pobreza- «no dude en revisar sus propias trayectorias de desarrollo y las oportunidades positivas de situarse en la escena internacional al servicio del derecho y la justicia».

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