Al menos 82 diputados laboristas, más de una quinta parte del total de 403 parlamentarios con los que cuenta el Partido Laborista en Westminster, habían pedido este martes públicamente la dimisión del primer ministro británico, Keir Starmer, al frente del Gobierno del país y de su formación.
Los estatutos del partido señalan que basta superar este umbral -la quinta parte del grupo parlamentario (en el caso actual, 81 diputados)- para forzar la celebración de primarias en el partido, siempre que se dé una condición que aquí todavía no se reúne: que los opositores tengan un nombre consensuado para proponer como recambio de Starmer.
Eso no significa que la presión haya amainado sobre Starmer y su futuro inmediato: en este momento, tres secretarios de Estado (que también se sientan en el gabinete de Starmer) ya han presentado su dimisión: la de victimas para la violencia de género, Alex Davies-Jones; la de protección a la mujer, Jess Phillips, y la de vivienda y comunidades, Miatta Fahnbulleh.
Phillips, considerada una figura influyente en el partido y a nivel ministerial, ha dicho sentirse cansada de observar cómo «las oportunidades de progreso se ven relegadas o frenadas». Pero en la primera línea, la de los ministros, ninguno de ellos ha renunciado a su cargo, ni siquiera las dos 'pesos pesados' del gabinete que en las últimas horas reclamaron a Starmer que se comprometa con un calendario de traspasado de poderes: la de Interior, Shabana Mahmood, y la de Exteriores, Yvette Cooper.
Starmer, muy tocado tras la sonora derrota de su partido en las elecciones municipales de Inglaterra y en las regionales de Gales y Escocia, ha demostrado pese a todo que tiene voluntad de seguir adelante y ha desoído hasta el momento todas las llamadas a su dimisión.