El presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, ha descartado este lunes que el descarrilamiento de un tren Iryo en Adamuz, Córdoba, pueda estar motivado por un fallo humano. En declaraciones a Radio Nacional ha argumentado que la alta velocidad lo habría recogido, ya que recientemente se instaló un sistema de seguridad denominado 'Influencia Lineal en el Tren' (LZB), que «corrige las decisiones erróneas».
En concreto, se trata de un sistema de control continuo que transmite órdenes de velocidad y frenado directamente a la cabina del convoy. Este sistema funciona con cables radiantes en la vía que comunican con antenas en el tren para un control casi autónomo, con activación posterior al sistema PZB; otro sistema de protección de trenes y señalización en cabina para controlar la velocidad y prevenir errores humanos. No obstante, el maquinista es el que está al mando, ya que se se trata de sistemas de seguridad.
Teniendo en cuenta todo esto, el presidente de Renfe ha descartado que el descarrilamiento hubiese estado motivado por un exceso de velocidad. En este sentido, ha resaltado que los registros de los dos trenes muestran que circulaban «a una velocidad inferior de la asignada al tramo». Además, ha precisado que «estaban ya en la curva de frenado, uno a 205 kilómetros por hora y otro a 210 kilómetros por hora. Es un tramo de 250 kilómetros por hora. El propio sistema impide superar esa velocidad».
Fernández ha indicado que el descarrilamiento podría haber estado motivado por «alguna cuestión del material móvil de Iryo o de la infraestructura». Sin embargo, ha pedido prudencia y respeto, ya que «es muy pronto» para dar una respuesta. «Es un accidente en condiciones extrañas y no va a haber una respuesta inmediata», ha aseverado.
Además, ha subrayado que «estamos centrados en asistir a las víctimas, organizar la asistencia a los familiares con psicólogos y acompañar a nuestros trabajadores». Por último, ha admitido que es «uno de los momentos más duros de mi vida».
Primer gran accidente de la alta velocidad en España
Cabe destacar que se trata del primer gran accidente de la alta velocidad en España, y el primero con víctimas mortales, desde que el AVE empezó a recorrer la línea Madrid-Sevilla en el año 1992. Este accidente ha tenido una amplia repercusión internacional.
El tren descarrilado este pasado domingo en Adamuz, el Iryo 6189, pertenece a la compañía italo-española Iryo, el mayor operador privado de alta velocidad en España tras el proceso de liberalización ferroviaria impulsado por la Unión Europea (UE) que puso fin al monopolio de Renfe. Iryo inició sus operaciones comerciales el 25 de noviembre de 2022 y ya es el segundo operador del mercado español por cuota de viajeros.
La estructura accionarial de la compañía ha cambiado desde su fundación. Actualmente, el capital de Iryo se reparte entre Trenitalia (51 %) -el operador estatal de Italia, dependiente del grupo público Ferrovie dello Stato-, que tomó el control mayoritario de la firma tras adquirir un 6 % adicional a finales de 2024; Air Nostrum (25 %), la aerolínea franquiciada de Iberia; y Globalvia (24 %), el grupo español especializado en la gestión de infraestructuras de transporte.
Las causas son las privatizaciones.