A sus 88 años, los cuales lleva con orgullo, José Sacristán se sigue considerando no solo un privilegiado, sino en parte un niño que sigue jugando sobre el escenario. Regresa una vez más al Auditòrium de Palma del 10 al 12 de abril con El hijo de la cómica, un monólogo dramatizado en el que recuerda a la par que homenajea a Fernando Fernán Gómez, quien le enseñó a escuchar. Es un Fernán Gómez cercano, privado, íntimo, a través de un Sacristán que es actor, amigo y confidente.
¿Cómo nace El hijo de la cómica? ¿Por qué la necesidad de este homenaje?
—Nació hace ya un tiempo, dándole vueltas a las conversaciones que tenía con Fernando, cuando me contaba su vida, cuando publicó El tiempo amarillo. Cuando hubiera cumplido 100 años hicimos una lectura dramatizada en la que pretendía contar la adolescencia, la infancia y la juventud de este muchacho, de las mujeres que le cuidaron y de la España de su tiempo. Quiero que la gente le escuche como lo hacía yo y que conozcan a ese niño.
La obra trata de recordar a través de los recuerdos de Fernán Gómez, ¿cree que se nos ha olvidado recordar?
—Hay una tendencia a olvidar y además hay una corriente que viene empeñada en que se olvide. No es bueno. Yo tengo memoria, vivo de ella, y me es imprescindible recordar de dónde y de quién vengo. No es estar todo el rato mirando para atrás, pero sí tener claros acontecimientos que nos marcaron, como la guerra o sus consecuencias, y saber que hay ahora ecos de voces que creía extinguidas que quieren interpretar ese tiempo de tal manera que nos conviene saber qué pasó..
¿Cree que conviene recordar sobre todo aquello que duele en la memoria?
—No tengo una tendencia masoquista, pero si algo duele conviene no olvidarlo porque, aunque sea solo como terapia, procura evitar que ese dolor se repita. Tener noticia de lo que lo causó, y aplicarlo en medida terapéutica, ayuda a evitar que pase de nuevo.
En el libro, Fernán Gómez habla de las mujeres que le cuidaron, como su madre o su abuela. ¿Qué importancia tuvieron y las historias que le contaban?
—Su abuela, que era costurera, fue fundamental en todos los aspectos para él, en el afectivo e incluso en una manera de pensar. Hay una manera artesanal de ver la vida y el trabajo y él mismo lo dice cuando señala que esa especie de ramplonería en mucho de lo que escribe le viene porque aprendió la vida con chicas analfabetas, como las criadas, o su abuela. Y ese mundo es el que hilvana una forma de pensar y sentir diferente.
¿Debemos fiarnos de la memoria de uno sobre su propia vida?
—Creo que en este caso sí, porque él repasa continuamente estas memorias desde la observación de que o se es sincero o mejor no decir nada. Además, por lo que yo he ido contrastando de lo que me contaba a mí no había disimulo posible, la sinceridad es total y absoluta, entre otras cosas porque en ningún caso hay temas o cuestiones que convendría camuflar.
El libro toma prestado el título de unos versos de Miguel Hernández, de quien hay una senda por varias localidades abandonada por algunas instituciones, ¿cuál cree que es la relación de España con sus poetas?
—La poesía, por desgracia, no es plato del que mucha gente se alimente. Me da la sensación de que la relación entre la vida pública y la poesía no es demasiado cordial, y ya me gustaría que lo fuera, pero me parece que todos los que nos dedicamos a esto sabemos que hay un reducto, un territorio, en el que uno puede moverse, pero tratar de ampliarlo puede ser temerario. Aprovecho para decir que yo tengo el privilegio, la suerte, dentro de lo humilde, de contar con la fidelidad de un número de personas a quienes mi trabajo interesa y me permiten elegir.
Hablando de versos y de memoria, si tuviera que decir qué versos se aplican a España, ese país tan nuestro y que tanto duele a veces, ¿cuál sería?
—¡Qué pregunta! Pues ahí tendría que ser Don Antonio Machado, permanentemente. ‘Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta; no fue por estos campos el bíblico jardín; son tierras para el águila, un trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín’ y ‘Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste; esa España inferior que ora y embiste, cuando se digna usar de la cabeza’. Seguimos ahí, en el Españolito que vienes al mundo. No es que todo siga igual, pero hay algo que no conseguimos y ayer [por el martes] ocurrió un hecho que lo ejemplifica: esos energúmenos gritando contra Egipto y un grupo político que considera que esto no está mal. Esto es jodido.
Frente a esos tenemos al gobierno de Pedro Sánchez con una posición parece que firme ante la guerra en Irán de EEUU e Israel y al que algunos, como Antonio Banderas recientemente, acusan de cambiar de principios. ¿Qué opina de ello?
—No soy votante del PSOE, pero ante el acojone que me produce el auge de la derecha... La actitud de nuestro presidente con respecto a la guerra de Irán me parece formidable y soy el primero en aplaudirle. Bien es verdad que acontecimientos con sus gentes más cercanas, estos desalmados demasiado próximos a este hombre, hacen que si él no lo sabía, mal, pero si lo sabía, peor. Tengo que decir, sin embargo, que el ejercicio de la política incluye si no renunciar, al menos negociar los principios, y creo que Pedro Sánchez ha podido negociar alguno para buscar rentabilidad política, pero este proselitismo político, quien lo lleva al extremo, suele ser la derecha.
Y COMO A MI LOS INSULTOS DE DESCEREBRADOS NO ME IMPORTAN LO MAS MINIMO....aqui tienen las PRUEBAS DE LO QUE REFLEJABA EN MI COMENTARIO AYER : El 80% de las películas españolas reciben más ayudas públicas de lo que recaudan posteriormente en taquilla. Sólo 14 lograron recaudar más dinero que el recibido. FUENTE : LIBREMERCADO. ( Nota hay muchas fuentes que exploran este asunto con el mismo resultado y son facilmente comprobables en la red, por los que se limitan a insultar a los demás mostrando su INCAPACIDAD INTELECTUAL Y SU POBRE SENTIDO DE LA DEMOCRACIA)