Hace no tanto el riesgo de estanflación estaba sobre la mesa; se trata del peor escenario económico posible: alta inflación sin crecimiento económico. Sin embargo, parece que las cosas han cambiado últimamente; afortunadamente la inflación está controlada (aunque hay algún riesgo del que hablaremos a continuación) y la recesión, con la que prácticamente todos los analistas contaban, ya no está tan clara.
Si esto sucediera se produciría un escenario ideal para los mercados (y para la economía): bajada de tipos de interés mientras el crecimiento económico continúa. Muchos de los factores que influirán para ver si se da o no tendrán protagonismo en este último trimestre.
La bajada de tipos ya es un hecho, todas las economías importantes ya han empezado con este nuevo ciclo (con la excepción de Japón que vive una realidad opuesta), la cuestión es saber el ritmo de esa bajada y la profundidad de la misma.
Teniendo en cuenta que el mandato de los Bancos Centrales es controlar la inflación parece que el ciclo de bajadas será importante: muchos países ya están por debajo de una tasa de inflación interanual del 2% (objetivo de los banqueros centrales) y los que no han caído, están muy cerca. Además, los datos de precios de producción están bajando continuamente, dando tasas muy negativas. Este dato, conocido como IPP, es muy importante ya que se anticipa al de inflación (IPC): si se produce más barato, luego se consumirá más barato.
Sin embargo hay un riesgo inflacionario: el petróleo. Sin duda el recrudecimiento del conflicto de Israel y Hamas y, especialmente, la entrada activa de Irán en el mismo añade un riesgo de tensión de precios. De momento parece que está siendo controlado, pero limitar las compras directas de Irán, o, peor todavía, que los iraníes cierren el Estrecho de Ormuz podría ser peligroso.
Otro factor alcista del petróleo es China: tras muchos años dormidos, el Gobierno quiere intervenir en el mercado, tanto el inmboliario (fruto de su «crisis») como en el bursátil. Si su economía volviera a crecer fuertemente necesitarían más petróleo y por lo tanto se podría encarecer.
Pero, en el «oro negro» cualquier movimiento de los productores podría ser más importante que un incremento de demanda, así que podrían controlarse los precios a pesar de fuertes compras chinas.
Precisamente este escenario para China es positivo para la otra parte de la ecuación, el crecimiento económico, pudiendo ser un impulso adicional. Eso sí, de nuevo la geopolítica entra en juego: la Guerra Comercial con Estados Unidos y Europa podría anular parte de ese efecto, principalmente en la automoción y tecnología. Y no hay que olvidar que en este trimestre hay elecciones presidenciales en Estados Unidos con lo que ello conlleva a nivel doméstico y de relaciones internacionales.
Para las bolsas, todos estos efectos recaen en las cuentas de las empresas y en sus perspectivas. Este mismo viernes los grandes bancos americanos dan el pistoletazo «oficial» a la temporada de resultados, que se presenta incierto. Veremos si incorporan en sus estimaciones este «escenario ideal» o no.