Las cifras del turismo español en 2025 confirman la resiliencia del sector, que mantuvo un crecimiento del PIB real de +2,5%, confirmando la tendencia hacia una saludable normalización. A nivel global se estima que el sector volvió a más que duplicar el incremento del PIB mundial, y que continuará creciendo por encima de la media de sectores hasta el año 2035. Todo indica que el turismo se ha convertido en una «roca» frente a las turbulencias, sí, pero una coyuntura tan frágil debe ser gestionada con prudencia.
Y es que el cambio es hoy tan acelerado, que las previsiones que el sector realizaba a finales de enero al hacer balance de la exitosísima feria Fitur 2026 podrían estar cambiando ya para muchos destinos, a raíz de la situación de inseguridad generada en Oriente Medio tras la guerra desatada en Irán. En un mercado en el que predomina la incertidumbre, nuestro país continúa siendo un valor en alza, por nuestra situación geopolítica -con conexiones de corto radio con los grandes mercados europeos, que nos favorecería ante un probable encarecimiento del combustible- y por nuestra condición de destino seguro.
Las previsiones a corto plazo parecen apuntar así a un repunte de las reservas de última hora a España, mientras que las de Semana Santa y verano dependerán lógicamente de la duración y evolución del conflicto. Pero esta volatilidad debe hacernos aún más conscientes de que tenemos que seguir mejorando nuestro atractivo y posicionamiento «por méritos propios», y no en función de las «desgracias ajenas» de los destinos afectados por turbulencias geopolíticas. Y como siempre recuerdo, hay que aprovechar los vientos favorables para impulsar las reformas y las inversiones de mejora, tanto de producto como de la oferta complementaria y los destinos en general, apostando por un modelo más cualitativo y más sostenible.
Como informó Exceltur, gracias al esfuerzo realizado por las empresas para reposicionar sus productos hacia segmentos de mayor valor añadido, en 2025 el turismo español «creció bien», es decir, que creció más en rentabilidad, productividad, cantidad y calidad del empleo, que en afluencia o volumen de turistas, reduciendo incluso -en 20.000 turistas al día- la presión turística, y atenuando también consecuentemente los focos de contestación ciudadana en contra del turismo. En base a nuestras previsiones, estimamos igualmente que si la resiliencia de nuestra industria se mantiene y la incertidumbre global sigue sin producir restricciones a los movimientos turísticos, 2026 podría ser otro año positivo para el sector, que debemos aprovechar para seguir eliminando la oferta ilegal, potenciando las inversiones de calidad y dotando a nuestros destinos de todo lo necesario para atraer al mejor talento, y a los turistas de mayor valor añadido. Y sabemos cómo hacerlo: a través de la única fórmula cuyo éxito hemos comprobado, la colaboración público-privada, honesta y abierta.