Lo dijo ayer Marga Prohens: «Las elecciones no se anuncian; se convocan». Es así. No habrá elecciones porque ahora mismo no hay ninguna razón objetiva para forzar un adelanto. No habrá presupuestos nuevos, pero se prorrogarán los actuales y el margen de maniobra que tendrá el vicepresident Antoni Costa es amplio como para sobrevivir un año. Pero la verdadera razón de que no haya elecciones es que nadie las quiere excepto los alcaldes del PP, que no se juegan nada.
El PP tiene una encuesta que le da 30 diputados, la mayoría absoluta, pero ¿y si terminan siendo 29? Aquí toca poner otra frase, esta vez de la portavoz de Vox, Manuela Cañadas: «Que recen para que no haya un diputado de Vox que sea fundamental». La diferencia entre tener 29 votos o tener 30. Prohens prefiere garantizar por ahora su presencia en el Consolat ante la posibilidad de ganar diputados pero perder y tener que someterse a exigencias desmesuradas de Vox.
Al PSIB no le interesa un adelanto electoral. No lo dicen, pero todo el mundo tiene asumido que Francina Armengol será la candidata y el anticipo electoral cogería a la presidenta del Congreso con el pie cambiado. Tampoco a Més le conviene. Lluís Apesteguia sabe que no se basta con el PSIB. Mientras Podemos y Sumar estén hundidos no hay ninguna opción de que la izquierda recupere el poder. Para ellos es mejor ganar tiempo. Atención a lo que podemos llegar a ver a partir de ahora, porque puede haber movimientos de la izquierda –ojo a Més en la negociación que se abrirá sobre Presupuestos— para que Prohens no se hunda del todo y tenga la tentación de apretar el botón.
El adelanto electoral tampoco interesa a Vox y mucho menos a una parte de Vox, Idoia Ribas y Sergio Rodríguez, que desaparecería de las listas. Son los que tienen más que perder y los que más necesitan que Prohens no se hunda. ¿La bala en la recámara de la presidenta? Por ahora, tal vez sí.
Sres./as. del PP: Consideren que la mayoría de los votantes que les dieron el poder en las últimas elecciones están esperando que se cumplan las expectativas de: - Eliminar el catalán del estatuto de forma democrática mediante votaciones del pueblo, NO de sus gobernantes. - Que se cumpla la libertad en la elección, por los padres de alumnos menores de edad, de la lengua en educación (amparado por el artículo 5 de la Constitución Española), NO que lo decidan los docentes o los centros educativos. - Que sean los méritos los que sirvan para obtener un puesto de trabajo (amparado por el artículo 14 de la Constitución Española: "los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. No por tener un carnet de un partido político o ser elegido a dedo. - Que se terminen las subvenciones a los chiringuitos que luchan por su supervivencia, pero que afloran problemas de convivencia. Estas aportaciones dinerarias serán decisivas si se destinan a educación, sanidad, vivienda, etc., sectores necesitados de estas. De no cumplirse estos conceptos serán motivo de que pueda variar la confianza y por consiguiente de los votos en las próximas elecciones.