Tere Prior Morcillo tiene mucho que ver con personas con conducta suicida. Y tiene que ver por varias razones: su marido intentó poner fin a su vida, su hermano se la quitó, y un hijo de este –por tanto, sobrino suyo–, también tiene conducta suicida.
Contactamos con ella para que nos hable, sobre todo, de su hermano, lo cual acepta con gusto.
–¿Cómo era la persona que perdió? ¿Qué recuerdos guarda de ella?
–Mi hermano, Toni, falleció por suicidio a pocas semanas de cumplir los 50 años. Era una persona alegre, divertida, bromista, trabajadora y emprendedora. Recuerdo cuando tuvo su primera moto, que después heredé yo; su ingreso como voluntario en la mili, con su uniforme en el que estaba guapísimo; su primera novia, a la que toda la familia adoraba, y todas las que vinieron después, hasta que encontró a la que sería su mujer y con la que tuvo dos hijos queridos y deseados. También recuerdo sus bodas de plata, su separación y todos esos momentos vitales que se viven en familia, entre otros, los encuentros en cumpleaños y fiestas de Navidad, esas cenas de cónclave que teníamos los cuatro hermanos y que nos servían como terapia familiar, cenas que seguimos manteniendo los tres hermanos que quedamos.
–¿Qué señales o cambios notó, si los hubo, antes de su fallecimiento?
–Recuerdo que el día antes del suicidio, mi marido y yo fuimos con mi madre al cine. Ella nos contaba que estaba desesperada porque no sabía cómo ayudar más a mi hermano, que se sentía impotente ante la situación, y que tenía el presentimiento de que él pudiera hacer alguna locura. Eso fue el día antes, pero los dos últimos meses veíamos que ya no era el mismo, estaba triste, sin humor y sin ganas de trabajar, pese a que desde los 20 años era de los que trabajaba 12 horas diarias con alegría y con una sonrisa a todas horas. Nada que ver con el de los últimos meses.
–Cómo recibió la noticia y cómo fueron los primeros días después?
–En el momento en que recibí la llamada de mi hermana me encontraba trabajando en Menorca, y... Pues que no me lo podía creer. Sin embargo, el primer pensamiento que me vino a la cabeza fueron las palabras que el día anterior me había dicho mi madre. Los días posteriores fueron muy duros. Todos estábamos destrozados, aunque el dolor de mi madre era el más profundo. No había consuelo; tuvieron que venir los servicios médicos a inyectarle un calmante. Pese a ello, mi madre estuvo varios días en estado shock. Lo peor que le puede pasar a una madre es tener un mal presentimiento, ir en busca de su hijo a su lugar de trabajo y encontrarlo, ya sin vida, por suicidio, sin poder hacer nada por él. Esa imagen no se puede olvidar nunca.
–¿De qué manera ha cambiado su vida, o su forma de ver las cosas desde entonces?
–Haber vivido una experiencia así tan de cerca te hace relativizarlo todo. Sobre todo, te hace tomar conciencia de que somos dueños de nuestra vida y de que, aunque haya personas a nuestro alrededor que nos quieran y protejan, uno tiene que estar bien consigo mismo y con su existencia.
–¿Qué le ha ayudado a sobrellevar el duelo?
–Entender que mi hermano estaba enfermo, que no era dueño de sus actos y que lo que le llevó a tomar esa decisión fue el deseo de dejar de sufrir. El deporte –añade– también me ha ayudado mucho por todos los beneficios que tiene, tanto a nivel emocional como psicológico. Me ha servido, especialmente, para fomentar la resiliencia, conectar conmigo misma y aliviar la tristeza y el dolor.
–¿Ha podido hablar abiertamente del tema con su entorno o, por el contrario, encontró silencios o dificultades?
–He podido hablar abiertamente del tema con mi familia, mi pareja y mis amigos, sin encontrar ningún tipo de dificultad. Sobre todo, hemos intentado entender los motivos que llevaron a mi hermano a tomar la decisión de quitarse la vida.
–¿Qué opina sobre cómo los medios de comunicación tratan el suicidio?
–Sigue siendo un tema tabú y no se aborda con la empatía suficiente. Por eso agradezco la oportunidad que nos dais, a través de este espacio, para hablar sobre el suicidio de una forma natural y responsable. Creo que es hora de poder hacerlo.
–¡Y tanto que lo es! Por eso lo estamos abordando abiertamente, aunque sin entrar en según que detalles, y... ¿Pues dígame qué papel han tenido los grupos de apoyo o la atención psicológica en su proceso?
–En mi caso, no he necesitado atención psicológica, pero mi madre sí la recibió... Eso sí, por lo privado –matiza–. Y la recibió durante un tiempo, hasta que aprendió a sobrellevar el duelo. Cada domingo, religiosamente, va a visitar la tumba de mi hermano. En casa no se ha vuelto a hablar del tema, aunque tenemos un grupo familiar de WhatsApp en el que siempre lo recordamos, especialmente el día de su cumpleaños. En Nochebuena, que solemos celebrarla en casa de mi hermana, siempre hay una vela encendida en su memoria. Y es que con el paso del tiempo se aprende a vivir con esa silla vacía por muy doloroso que sea.
–¿Qué cree que la sociedad aún no comprende sobre el duelo por suicidio?
–Más que una falta de comprensión sobre el duelo por suicidio, creo que lo que cuesta es aceptar los motivos que llevaron a la persona a tomar esa decisión, precisamente por eso: por ser algo que cuesta aceptar.
–¿Qué le gustaría decirles a otras personas que están pasando por una pérdida similar?
–Que no se culpabilicen por no haber sabido ayudar a la persona que perdieron, o por pensar que podrían haber hecho más. Al final, los recursos son los que son, y el desconocimiento sobre cómo abordar una situación así nos convierte en impotentes. Es injusto que, además de perder a un ser querido por suicidio, vivas culpándote toda la vida por no haber podido hacer algo más y vivas eternamente preguntándote los porqués. La vida, a veces, es injusta y te pasan cosas que no se pueden explicar.
–¿Qué le ayudó en esos momentos...?
–Sinceramente, como mi mente sabía que estaba sola, mi mayor apoyo era yo, así que, si antes la que hacía daño era yo a mí misma, con el paso del tiempo fui haciéndome más fuerte, descubriendo una nueva versión de mí, y que no es otra que querer seguir siendo mejor como persona y cada día continuar luchando.
hace unos años vivía en alcúdia,y pedí que me derivaran a salud mental,me atendió el" Dr. Playas" que es un total inepto y deberían quitarle el título directamente de médico,no basta con quitarle el título de psiquiatra,no basta con suspenderle la matrícula. yo estaba desesperada, una depresión mayor x un "accidente" de tráfico y me atendió en 5 minutos, no escuchò nada d lo que dije, y despues d realizar su soliloquio y preguntarme y contestarse solo, me quitò la medicación. antes d irme le dije: "...gracias por matarme.... ya no puedo más,mañana no te molestaré más xq me suicidare.... ", ni levantó la cabeza, me hizo el ademán para que me fuera y me dice, entre sonrisas y en tono condescendiente:"nos vemos en 3 meses...." no lo creo, le respondí..... al otro día me llevaron inconsciente, casi sin pulso, porque como le había dicho el día anterior, intenté suicidarme.... si uno va y le pide ayuda a un profesional en el ámbito de la salud mental y no te escucha, se ríe d ti en tu cara, t echa, y al otro día cumplís lo que prometes.....yo seré "la loca", pero él que es??? "el inepto"?, "el inútil", "el asesino" o simplemente el hijo de puta? espero, sinceramente que al "Dr" Playas no le pasen cosas buenas. yo estoy recuperándome de a poco, y la depresión es x culpa de una adicción inducida x otros médicos, en la que todos caen, y yo no he sido la excepción....lo bueno, es que también he sido la excepción que decía:"nadie puede dejar esa sustancia...." xq YO SI HE PODIDO y sola.