La Revista Catalana de Micologia ha publicado la primera cita para Baleares de Coprinopsis kimurae, una especie peculiar y poco conocida de hongo que nunca antes había sido documentada en las Islas. El hallazgo ha sido realizado por Josep Lleonard Siquier, Joan Carles Salom, Joan Planas, Àngel Pintos y Samuel Pinya, investigadores vinculados al Grup d’Ecologia Interdisciplinària de la UIB.
El hongo fue encontrado de una manera verdaderamente singular: tras el derribo de un antiguo almacén de frutos secos en Inca, se recuperó un cabo de cuerda vegetal que, al ser humedecido y dejado secar en un huerto de Pollença, comenzó a fructificar espontáneamente. Sobre este sustrato insólito aparecieron las unidades de Coprinopsis kimurae, una especie que suele crecer sobre restos vegetales como paja de arroz, fibras de coco o esteras de esparto.
El equipo investigador llevó a cabo una descripción macro y microscópica exhaustiva del material (incluyendo, entre otros, caracteres de esporas) y complementó el análisis con la secuenciación del ADN. Las secuencias resultantes mostraron una coincidencia del 100 % con material previamente identificado como Coprinopsis kimurae, confirmando la determinación taxonómica.
Según los autores, esta especie no había sido registrada previamente en Baleares, a pesar de que unas 12 especies del género Coprinopsis ya estaban citadas en las Islas. El hallazgo amplía el catálogo micológico de Baleares y pone de relieve la importancia de documentar nuevas especies, incluso cuando surgen en contextos tan imprevistos.
Al detectar la aparición de Coprinopsis kimurae en el cabo de una cuerda, para evitar que se secara del todo fue depositada en un barreño de barro previamente limpiado y desinfectado. Periódicamente se fue humidificando el cabo de la cuerda y ello favoreció que las unidades de Coprinopsis kimurae siguiesen fructificando y se pudieron estudiar las fases de crecimiento.
Posteriormente, se enviaron porciones de la muestra a los laboratorios Alvalab (Oviedo) y Cultivos Pima (Palma) para secuenciar su ADN siguiendo los protocolos correspondientes.
El hallazgo generó unas primeras dudas respecto a su identificación que llevaron a un análisis más exhaustivo que despejó finalmente las incógnitas sobre el Coprinopsis kimurae.
Así empezó “the last of us”