Baleares es la segunda comunidad autónoma de España (empatada con el País Vasco) en la que cuesta más llenar la cesta de la compra según el estudio OCU supermercados 2025. Una familia media (de 2,6 miembros) gasta 6.000 euros al año en el supermercado. Solo los catalanes precisan un desembolso mayor: 6.425 euros al año.
Si sumamos a este hecho la crisis de la vivienda, con los precios de los alquileres completamente desbocados, son muchas las familias que precisan ayuda para garantizar la ingesta de alimentos y la compra de productos de primera necesidad. Los baleares destinan ya de media el 70 % de su sueldo a pagar el alquiler.
Este mes de diciembre Cáritas, Cruz Roja y el Banco de alimentos de Mallorca han apoyado en la alimentación a más de 21.000 personas en las Islas. «La cifra se mantiene estable porque las dificultades para cubrir las necesidades básicas de los baleares se han cronificado desde 2022», explica Margalida Amengual, responsable del área de Extrema vulnerabilidad de Cruz Roja.
En este momento conviven en Baleares dos modelos diferentes de atención. Por una parte están las llamadas tarjetas monedero que permiten a las familias afectadas realizar su compra en los supermercados habituales como cualquier otra familia de las Islas. Por otra están los centros de distribución de alimentos con dos versiones diferenciadas, la que gestiona Càritas permitiendo a cada usuario seleccionar los productos, y la del Banco de Alimentos, que asigna lotes cerrados de productos a entidades sociales de Baleares en función del perfil de sus usuarios. Estas entidades los distribuyen a la vez entre las personas necesitadas.
Cruz Roja apuesta claramente por las tarjetas monedero. «Favorece la autonomía personal y contribuye a superar las situaciones de exclusión», explica Amengual. Estas se financian desde la Conselleria de Familia i Benestar Social del Govern balear, el Consell Insular de Menorca, el Consell Insular de Ibiza y a través de convenios con algunos ayuntamientos. En este momento 2.400 personas utilizan sus tarjetas de alimentos. La mayoría son mujeres de entre 31 y 40 años.
Desde el momento que una persona llega a Cruz Roja se inicia todo un proceso de valoración, asesoramiento y acompañamiento con el objetivo de que el usuario no solo tenga acceso a la tarjeta sino que conozca todos los recursos que tienen en la comunidad. En caso necesario también recibe ayuda psicológica. Si cumple los criterios socioeconómicos puede recibir una tarjeta con la que ir a un supermercado Eroski a comprar productos de alimentación e higiene», detalla Margalida Amengual.
A diferencia de Cruz Roja, Càritas opera con un modelo mixto que combina las tarjetas monedero con los Centros de Distribución de Alimentos (CDAs). Estos los diseña y organiza inspirándose en la imagen y distribución de los supermercados tradicionales de modo que sus usuarios son recibidos en ellos por voluntarios y recorren el espacio para elegir los productos que se llevan a casa.
«El modelo de las tarjetas de alimentos es muy dignificador, porque permite ir al supermercado como uno más y eso dignifica y normaliza. Es importante, porque normalizar la situación favorece la autonomía y permite que el beneficiario elija comprar lo que considera que necesita. Además permite ampliar conocimientos de economía doméstica porque tiene un seguimiento por parte de la trabajadora social que les orienta sobre cómo comprar», relata Eva Pons, coordinadora de los programas de Acción Social de Cáritas. Cada tarjeta contiene cien euros y de media sirve para un mes aunque en casos excepcionales, dependiendo de la unidad familiar y de los ingresos se puede ampliar o reducir este margen.
A pesar de su apuesta por las tarjetas monedero Cáritas mantiene también sus Centros de Distribución de Alimentos operativos. En este momento dispone de 12 CDAs en la Isla de los que cinco están en Palma. Hay centros también en Manacor, Inca, Puerto de Pollença, Llucmajor, Cala d’Or y Cala Rajada. «Apostamos a futuro con las tarjetas, pero sabemos del valor añadido que aportan a la persona los voluntarios que hay en estos centros. Los CDAs están coordinados por trabajadores sociales, pero al pie del cañón están los voluntarios que reciben los alimentos en una especie de supermercado propio y dan la bienvenida a los beneficiarios. Estos eligen los productos que se llevan a casa, no es una recogida en la que los alimentos vienen ya seleccionados en bolsas. Hay tanto alimentos como productos de higiene personal y del hogar», relata Pons. «Hoy me han comentado que una de esas personas le dijo a una voluntaria: «Aquí no me siento pobre, me siento persona», añade emocionada.
La coordinadora de Cáritas defiende su modelo mixto porque «hay beneficiarios que nos dicen que prefieren los centros a las tarjetas por lo que les aportan los voluntarios que hay en ellos y además los centros aportan otro valor añadido: permiten la contribución del comercio local que hace donaciones de alimentos».
Su programa de apoyo a la alimentación se financia a través del Fondo de garantía de alimentos del Govern (en Mallorca), del Ajuntament de Palma (para los CDAs de la capital balear) y de entidades y empresas como la Fundació Barceló y Eroski. Este último a través del céntimo solidario.
«Los repartos de alimentos en los que vienen participando Cáritas y las familias han sido objeto de reflexión durante largo tiempo. Cada vez se hace más presente la necesidad de apostar por acciones transformadoras y que promocionen a la persona en lugar de perpetuar la dependencia», explican desde la asociación.
De las 7.000 personas que ha atendido Cáritas Mallorca en 2025 algo más de 2.400 han recibido apoyo a la alimentación. Casi mil personas son usuarias de sus tarjetas y el resto han recibido comida en sus Centros de Distribución de Alimentos.
Tanto su sede central como las parroquias son centros de recepción de nuevos voluntarios que estén dispuestos a contribuir a un trabajo que es ante todo comunitario. En Inca cuentan también con un comedor social para personas en situación de exclusión severa financiado con la ayuda del Ajuntament, colaboradores y patrocinadores.
Una parte de las familias que atienden les llegan derivadas de las administraciones y de otras entidades porque no tienen la situación administrativa que estas requieren para que entren en el circuito público de ayudas. «Vienen a Cáritas por este motivo y ahora mismo estamos atendiendo tanto la alimentación como sus necesidades básicas porque el problema de la vivienda es tan grande que la mayoría vive en condiciones muy precarias. Tenemos familias con menores, muchas de ellas monoparentales, que comparten habitación y ni siquiera tienen una nevera. Cada vez encontramos más personas con sueldos normales en esta situación porque la economía funciona y se genera empleo, pero eso ya no es garantía del acceso a una vivienda en condiciones. Hay trabajadores que vienen a solicitar ayudas para el alquiler, para suministros y para cubrir sus necesidades básicas», relata la coordinadora de Acción Social.
La experta advierte de que cuando un ayuntamiento se niega a empadronar a las personas que están en esta situación de vulnerabilidad, también se les niegan parte de sus derechos. «Aunque la atención a las personas sin hogar en Palma es competencia del Institut Mallorquí d’Afers Socials cada vez llegan a Cáritas más familias con menores que están en la calle y no se les separa de sus hijos porque la situación actual es tan precaria que no es motivo de retirada. Vivimos un momento dramático», asevera Pons.
Como Cruz Roja, Cáritas explica que no nota un aumento de la demanda sino una cronificación de la misma. «Lo difícil es salir de esta situación», dice su coordinadora.
Càritas refiere un aumento de la solidaridad coincidiendo con la llegada de la Navidad. «Cada año por estas fechas, la sociedad se moviliza y crece la iniciativa popular con recogidas de alimentos y juguetes. Son fechas que es importante dignificar, para hacer que la gente se sienta bien, pero la ayuda a la vez es necesaria todo el año», relata.
Además de las familias que reciben ayuda por parte de Cruz Roja y Cáritas para llenar la cesta de la compra hay otras 17.300 personas en Mallorca que se alimentan de los productos que distribuye Banco de Alimentos entre diferentes ONGs y entidades de las Islas. Raimundo de Montis es el presidente de la fundación.
«Somos una fundación privada constituida por voluntarios cuya finalidad es ayudar al más necesitado y desfavorecido y luchar contra el hambre en el mundo», explica.
Declarado de utilidad pública, al Banco de Alimentos no se le permite comercializar ni cobrar IVA. Además del reparto de productos básicos, también trabaja para la concienciación contra el desperdicio alimentario. «Donde más se desperdicia es en los hogares donde se tira un 40 % de los alimentos. Muchas veces vamos a comprar y compramos más de lo que necesitamos», dice su presidente.
El Banco de Alimentos de Mallorca recibe subvenciones de las administraciones públicas y cuenta con un amplio abanico de empresas colaboradoras que le donan sus mermas de stock antes de que caduquen. Además se nutre de la llamada Operación Kilo que antaño realizaba recogidas físicas de alimentos en los supermercados colaboradores pero que ahora ya se hace con donaciones económicas.
En el último año el presidente de la entidad reporta una disminución del número de usuarios finales de su entidad, pasando de 25.556 personas en 2024 a 17.297 personas en 2025. De ellas 13.923 son mayores de 16 años, 2.781 niños de entre 3 y 15 años y 593 bebés.
De Montis explica esta caída de beneficiarios en la disminución del número de sus entidades beneficiarias que ha pasado de 100 a 91. También a una actualización de los listados después de una revisión para «evitar duplicidades» en los repartos.
«Las entidades siempre han acudido al banco de alimentos pero desde que perdimos la parte de fondos europeos con la que comprábamos otros alimentos que distribuíamos en Llucmajor, algunas se han dado de baja porque nos dicen que lo que les damos ya no es suficiente», señala.
No obstante sigue repartiendo entre 4 y 5 toneladas de alimentos diarios dos veces por semana. La mayor parte les llegan gracias a convenios con las grandes superficies. «Tenemos mermas de Carrefour, Eroski, Makro y Corte Inglés (entre otros) y también tenemos socios que hacen aportaciones voluntarias económicas para comprar los productos. La Fundación La Caixa organiza cada año la campaña ‘Ningún Hogar sin Alimentos’. Además están los ingresos de la Operación kilo», relata.
El presidente del Banco de Alimentos cree que la nueva ley estatal contra el desperdicio alimentario «podría hacer que haya más donaciones porque van a penalizar a quien tire alimentos». En cuanto a la tipología de productos que reparten, de unos años a esta parte cada vez es más frecuente la llegada de productos caros y de gran calidad. «Nos llegan cosas caras como salmón, latas de conservas selectas... No es habitual pero sí suele llegar y eso es algo que no pasaba. El poder adquisitivo de la gente ha bajado y las superficies tienen menos ventas de productos selectos», añade.
Raimundo de Montis defiende su modelo de reparto de comida y critica que el Gobierno de España priorice las tarjeta monedero frente a la distribución de alimentos. «Las que se tienen que financiar con los fondos europeos que antes recibíamos nosotros y distribuíamos en Llucmajor, han tardado años en adjudicarse».
Opina que «con las tarjetas monedero los beneficiarios tienen que comprar a precio de mercado y eso perjudica a las familias que hasta ahora recibían el género gratis, sobre todo el producto perecedero».
Como el resto de entidades ellos también reportan un cambio de perfil del destinatario final. «Antes venía gente más marginada, pero desde la pandemia llega gente con un pequeño salario o ayuda y también jubilados», concluye.
Joseextrema izquierda el psoe? jajajajajjajajajajajjajaja. no tens ni idea del que ès l'extrema esquerra....... a per cert amb el franquistes de vox , no podries dir el que dius..... i jo el que si que conec que viu de paguites i no ha currat en la seva vida , ès el sr abascalito..... no tens ni idea del que parles