Manuel García, vecino de Palma y uno de los 26 afectados españoles por el naufragio del Costa Concordia, ocurrido el 13 de enero de 2012 frente a la isla del Giglio (Italia), sigue luchando para que se reconozcan sus derechos tras 14 años de secuelas físicas y psicológicas.
El naufragio del Costa Concordia provocó la muerte de 25 personas y siete desaparecidos y se produjo después de que el capitán decidiera acercar el barco a la costa, modificando la ruta establecida. A bordo viajaban 4.229 personas, entre ellas Manuel, su mujer y su hijo menor de edad.
Manuel recuerda aquel día con angustia: «Subimos hasta la novena planta para coger los chalecos salvavidas, nos pusimos tres y nos fuimos a la cuarta planta. Yo veía cómo el casco del barco se inclinaba, y pensé: ¿cómo voy a saltar yo con mi hijo y mi mujer?». Confiesa que los recuerdos del naufragio, las luces, el ruido y la confusión, siguen marcando su vida diaria. «Vamos a ver, le coges miedo a todo, sobresaltos por cualquier sonido, falta de concentración…yo he estado yendo al psiquiatra hasta hace nada», relata.
A pesar de los años, Manuel no ha vuelto a subir a un barco y solo ha podido retomar parcialmente su vida en avión. Su hijo y su mujer también mantienen secuelas, aunque en menor medida. «Para un niño, aquello deja una huella que no olvida», asegura.
Una lucha legal interminable
Desde el primer juicio en 2013, Manuel recibió una indemnización de 17.500 euros, que considera insuficiente. «No estábamos de acuerdo y seguimos con el litigio», afirma. Relata con indignación que otros pasajeros con secuelas similares o menores cobraron entre 30.000 y 34.000 euros sin necesidad de juicio. «La compañía nos trató fatal: el perito nos valoró sin siquiera vernos», explica.
Sobre el abogado de la compañía, Manuel no tiene reparos en ser directo: «Es peor que una rata. En una de las primeras reuniones en Madrid nos dijo: ‘Que el último que cobrase, cobraría más. Haced lo que queráis’. No tuvo sensibilidad, ni él ni su ayudante».
Impacto psicológico y secuelas permanentes
Los informes médicos confirmaron que Manuel y el resto de afectados presentan un trastorno de estrés postraumático de curso crónico, con secuelas que se han agravado con los años pese a los tratamientos psicológicos y psiquiátricos aplicados. «La justicia ha ido de mal en peor. Algunas veces piensas: ¿qué coño estamos haciendo aquí? Seguimos atrapados en el naufragio 14 años después», reconoce.
La abogada de la Asociación de Afectados Españoles por el Costa Concordia 2012, Antonia Barba, asegura que la persistencia de los síntomas y su impacto en la vida laboral, social y familiar hacen que estas secuelas se consideren consolidadas y permanentes.
Manuel subraya que no solo se trata de dinero: «Al entrar en batallas legales, te consume la mente y la salud mental. Queremos cerrar este ciclo y curar una herida que va a ser difícil de cerrar».
En 2026, los afectados esperan que la justicia reconozca la magnitud de sus secuelas y equipare las indemnizaciones con las de otros pasajeros evaluados posteriormente. Para Manuel y sus compañeros, la lucha por justicia es también una lucha para tratar de cerrar el trauma tras una tragedia que marcó sus vidas.
Viriato, doncs PRECISAMENT. Perque ell no es veu indemnitzat COM TOCA. Què m'estàs contant? ... (Si per exemple, un bus m'atropella, i em deixa seqüeles greus i persistents, i només m'han donat una "idemnització" de, posem 12.000 €, que no contempla alguns punts de les patologies i seqüeles, jo seguiria reclamant indemnització completa ajustada al perjudici que m'han fet) . Rebré una "llimosna" no és ser indemnitzat. Que hagi d'explicar una obvietat, per la incapacitat cognitiva de la gent, és de xiste.