El proyecto para la construcción de un almacén de explosivos en la base aérea de Son Sant Joan parece haber quedado en eso: un proyecto. Según ha podido saber Última Hora, los planes del Ejército del Aire y del Ministerio de Defensa a la hora de llevar a cabo los trabajos para contar con esa instalación logística en el aeródromo mallorquín, dada su posición estratégica en el arco del Mediterráneo occidental, han quedado aparcados. Todo, pese a que en la zona donde estaba previsto levantarlo ha habido movimientos y se ha perimetrado el espacio en el que debería levantarse el recinto.
Ahora, se buscan alternativas y nuevas ubicaciones, todo apunta a que fuera de la Isla, para esa infraestructura que generó enorme revuelo a nivel social, pese a que desde el Ejército del Aire se dejó claro en todo momento que no afectaría a la población civil por su radio de impacto y cumpliría con estrictas medidas de seguridad. La presión e inquietud que provocó a escala institucional y la preocupación del sector turístico han sido factores que habrían influido en esa decisión de detener el plan de levantar el almacén de explosivos en la base aérea palmesana.
Junto con el apoyo logístico para las diferentes fuerzas aéreas, española y aliadas, Son Sant Joan ejerce como base del Ala 49, centrada en labores de rescate de emergencias o vigilancia marítima y aérea, a través del Centro Coordinador de Salvamento Aéreo de Baleares (RCC Palma) o el Servicio Aéreo de Rescate (SAR).
Este silo generó enorme controversia y polémica entre los vecinos de la zona, especialmente de Sa Casa Blanca -ubicados a menos de un kilómetro del enclave-, además de entre las fuerzas políticas e instituciones de las islas, especialmente el Govern y el Ajuntament de Palma, que lamentaron no ser informados de este proyecto.
El primero, además, contactó con la ministra de Defensa, Margarita Robles, quien se desmarcó del proyecto e incluso llegó a insinuar que, tal vez, no llegarían a iniciarse los trabajos en el espacio de la base aérea, donde ya se habían realizado trabajos previos en forma de prospecciones y análisis de los terrenos, dada la complejidad de la obra y las medidas de seguridad que requiere.
Un informe técnico reducía el riesgo del nuevo polvorín. En la documentación, de más de mil folios, se plasmó un estudio de seguridad pirotécnica en el que se trabajaba en las distancias de seguridad del recinto respecto al resto de infraestructuras, tanto militares como civiles y aeroportuarias.
El texto refería que, dado que para la carga máxima de almacenamiento (75 toneladas) las distancias de seguridad serían «inadmisibles», se describían una serie de propuestas de márgenes de seguridad identificados respecto a localizaciones próximas, calculándose una longitud mínima para cuatro configuraciones posibles de limitaciones de carga.
Una primera sería de 2.911’28 kilos (cerca de 3 toneladas), habiendo una segunda de 2.222’48 kilos, una tercera de 1.724’26 y una última de 1.265’06 kilos, siendo todas ellas cantidades bastante inferiores a la capacidad total de 75.000 kilogramos que puede soportar el recinto, en modelo ‘iglú’ y resistente a siete bares.
Sería de 27 metros de largo por otros 9 de ancho, además de contar con una altura en su interior de 4’5 metros, planteando un volumen total de mil metros cúbicos. Asimismo, la instalación de un búnker tan moderno suponía, por otro lado, que la seguridad en la base aérea debía incrementarse de manera considerable, ya que en el almacén se iban a guardar bombas y misiles de última generación, que suponen un desembolso importante para el Ministerio de Defensa.
Por si acaso yo arreglaría el Convair que está junto al bunker y le montaría un par de ametralladoras, nunca se sabe... si no hay misiles con unas postas o cartuchos de sal espantamos al moro o al ruso que se nos acerque...