A nadie se le escapa que los aeropuertos son entornos especialmente estresantes para la población. El ruido, las prisas, las colas, la facturación, los tiempos de espera… Lo que para un ciudadano de a pie supone un simple malestar, para las personas autistas puede convertirse en una pesadilla.
Aeropuertos como el de Elche (Alicante) han habilitado salas específicas para la regulación sensorial de las personas con síndromes del espectro autista, pero en Son Sant Joan (Palma) no existe a día de hoy un espacio específico para su asistencia. «Disponemos de una sala destinada a pasajeros que requieren entornos tranquilos antes de volar, como pueden ser personas que padecen de autismo, pero actualmente este espacio está temporalmente fuera de servicio debido a las obras de remodelación del aeropuerto», informa AENA. Su intención es que vuelva a estar operativo antes de que finalice el año.
Hablamos con Rosalía Rodríguez, psicóloga experta en psicología aereonáutica, sobre una realidad que afecta a una de cada cien personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salu.-
Existe un amplio conocimiento sobre la posibilidad de demandar asistencia en tierra y en vuelo para las personas con otro tipo de discapacidades, especialmente las que dificultan la movilidad, pero los protocolos que obligan a AENA y a las aerolíneas a facilitar a las personas autistas la experiencia en tierra y en vuelo cuando emprenden un viaje, son aún muy desconocidos.
«Las personas con espectro autista, con fobia a volar, TDAH… son personas con discapacidades invisibles. Existe un distintivo a nivel internacional, el distintivo girasol, creado en 2016 en el aeropuerto de Gatwick (Inglaterra) que permite identificarlos con una bandas. Es un indicativo para que el personal de las aerolíneas y de los aeropuertos conozca y sepa que el pasajero puede necesitar explicaciones más largas, sufrir una sobrecarga emocional o precisar ayuda para llegar a la puerta de embarque. Se tiene que solicitar a más tardar 48 horas antes del vuelo a las compañías aéreas. En España además para la asistencia en tierra hay que pedir también un distintivo a AENA», explica Rodríguez.
Aunque no todo el mundo lo sabe, existe un número máximo de Pasajeros con Movilidad Reducida (PMD) que pueden viajar solos en cada vuelo. «Tiene una explicación: tienes que poder desalojar el avión en 90 segundos en caso de accidente y si viajan solos hay que sacarlos del avión. La regla dice que su número debe ser el equivalente a la mitad de puertas que hay a nivel de suelo. Por ejemplo en un avión con cuatro salidas de emergencia podrían viajar dos pasajeros solos con movilidad reducida. Si van acompañados puede viajar el número equivalente al 50 % de la capacidad del avión. En Trastornos del Espectro Autista en cambio no se aplica ese límite porque en un momento de pánico los pasajeros autistas siguen órdenes, siguen a los además», relata la experta.
Hace tiempo que el aeropuerto de Son Sant Joan eliminó la contaminación acústica provocada por los avisos de llamadas de vuelos en megafonía, una cuestión que generaba mucho ruido y en consecuencia mucho estrés emocional a las personas autistas.
Mientras están en el aeropuerto los autistas pueden demandar que se les apliquen los protocolos de AENA. Tienen preferencia a la hora de pasar los controles, en facturación y en las puertas de embarque siempre que avisen de su condición 48 horas antes del inicio del viaje. «A una persona con autismo le va a costar esperar en una cola larga y pasar el control de seguridad por el ruido, pero si lo ha solicitado previamente eso es algo que se tiene en cuenta, se evitan las esperas y se da la posibilidad de pasar un control de manera manual o con cascos puestos. Existen ránkings de los mejores aeropuertos para las personas con autismo y el de Elche es el mejor posicionado en España, pero en todos, también en el de Palma, se garantiza siempre lo que contempla el protocolo común», señala la psicóloga aereonáutica.
Una vez dentro del avión es de aplicación el reglamento europeo CE1107/2006 que garantiza la asistencia gratuita y el acceso al vuelo en igualdad de condiciones a las personas con discapacidad en todo el espacio aéreo europeo. La norma data del 2016 y es de obligado cumplimiento.
«Igual que la asistencia en tierra tiene un mínimo común a todos los aeropuertos de España, con las compañías aéreas pasa lo mismo. Por ejemplo Ryanair, que separa a los pasajeros que comparten una única reserva si no pagan por elegir asiento, tiene la obligación de sentarte al lado de un familiar con autismo si lo especificas cuando vas a comprar el billete (a más tardar 48 horas antes de volar). Una vez solicitada la asistencia, tienes prioridad de embarque, no tienes que pagar para ir junto a un familiar y si te hacen pagar les puedes denunciar. Además te tienen identificado con tu número de asiento, de forma que la tripulación tiene en cuenta tu condición durante el vuelo», dice Rodríguez.
No todos los asientos son adecuados para las personas con síndromes del espectro autista. «El mejor sitio es siempre en la parte central, porque en la parte de delante y de atrás están la cocina y los baños y hay un mayor tránsito de personas. Lo ideal es que se sienten cerca de los planos de las alas porque les relaja ver el ala y que estén sentados en ventana porque se sienten más recogidos en su espacio, desde el que pueden mirar. Están más entretenidos y tienen menos tránsito de personas»
¿Qué otras cuestiones se deben tener en cuenta para facilitar los viajes a pasajeros autistas en avión? La psicóloga nos explica algunos trucos. «Algunas aerolíneas tienen guías visuales para ellos en las que explican las partes del vuelo. Es importante porque las personas con trastornos del espectro autista cuando se anticipan se tranquilizan. Yo recomiendo a las familias explicar previamente con tarjetas o viendo una película o una serie lo que es un avión, cómo es un vuelo… para que se familiaricen. Ayuda explicarles qué ruidos va a hacer el avión, cuanto tiempo duran, cuando van a traer la comida… También es bueno llevar una mochila para que se regularicen durante el vuelo, que incluya los llamados ‘objetos de cebo’, cotidianos, como una manta o un juguete que les de seguridad y tranquilidad. Y tenerlos entretenidos, ya sea viendo una serie, con snacks o dibujos para colorear», añade.
«Si en el peor de los casos se produce una crisis dentro del avión, la tripulación, si has avisado 48 horas antes, sabrá exactamente en qué asiento estás y que tiene que intentar reducir los estímulos. Levantas al pasajero y le llevas a una zona tranquila como pueda ser la cocina, para que se regule. Si hace falta cambiarle de asiento se le cambia», razona la psicóloga.En todos los casos recomienda a las familias con personas autistas que no elijan horas puntas para viajar para disminuir así los estímulos sensoriales.
I quan acabaran ses obres de s'aeroport aquet? Perque ja començen a fer un poc de olor...