«Señoras y señores, se acabó la mili». Es una de esas frases que han quedado para la historia y la pronunció el entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, del Partido Popular (en la fotografía circular) el 9 de marzo de 2001 tras la reunión del Consejo de Ministros aquel día y que había aprobado un decreto anticipando la suspensión del servicio militar obligatorio. La suspensión, que no la abolición.
Tras aquel anuncio, ya no hubo más sorteos, esos actos públicos y centralizado que decidía los destinos de jóvenes mayores de 18 años que, forzosamente, debían realizar un periodo de instrucción militar para, luego –si es que no se ‘reenganchaban’ u optaban a la carrera militar– volvían a su actividad cotidiana quedando unos años en situación de reserva. El último sorteo fue el de noviembre del año anterior, entre entre los varones nacidos en 1982. Fue el último reemplazo, que que incluyó a 1.976 jóvenes, o ‘mozos’, o ‘quintos’ de Balears. Descontadas prórrogas, exenciones, declaraciones de objeción de conciencia y otras causas, quienes cumplieron la última mili en las Islas fueron 244 reclutas.
El PSOE, que gobernó entre 1982 y 1996, ni suprimió ni se planteó suprimir la obligatoriedad del servicio militar, aunque sí la rebajó; reguló la objeción de conciencia (la primera ley fue de 1985, que se complementó con decretos que desarrollaban los procedimientos a seguir) y tomó medidas dirigidas a la ‘profesionalización’ del Ejército.
Preámbulo
La Ley Orgánica del Servicio Militar de 1991 establecía en su preámbulo que «el modelo de recluta universal desarrollado en esta ley, cuyo fin último es dotar a las Fuerzas Armadas de los necesarios efectivos de reemplazo, es un sistema que abre vías eficaces para que los ciudadanos se corresponsabilicen con la defensa nacional» y añadía que «su diseño, por tanto, debe estar en íntima conexión con el modelo de Fuerzas Armadas que España necesita, lo que se logra mediante un modelo mixto en el que los efectivos de reemplazo se complementen con un volumen creciente de soldados profesionales, hasta alcanzar una tasa de profesionalización en torno al cincuenta por ciento de los efectivos totales».
Francia, con el conservador Chirac de presidente, aprobó su suspensión en 1996 y en España esta medida asomó en la Ley de Régimen del Personal de las Fuerzas Armadas de 1999, que recogía en una disposición adicional la suspensión de «la prestación del servicio militar regulada en la Ley Orgánica 13/1991, de 20 de diciembre, del Servicio Militar, a partir del 31 de diciembre del año 2002» y que «los españoles varones nacidos con posterioridad al 31 de diciembre del año 1982 no prestarán el servicio militar obligatorio». Lo que hizo el decreto del 9 de marzo de 2001, que ahora cumple un cuatro de siglo, fue adelantar la suspensión.
Ningún partido con representación parlamentaria – tampoco Vox de manera explicita aunque su presidente, Santiago Abascal se mostró partidario de abrir este debate hace algunos años pese a que él mismo se libró de la mili pidiendo prórrogas– llevan en sus últimos programas electorales la apuesta por reimplantar el servicio militar aunque hay países europeos, entre ellos Francia, que sí lo han hecho.
La posición formal del Gobierno, expresada por la ministra de Defensa, Margarita Robles -tanto en entrevistas como en comparecencias ante el Parlamento- es que no prevé volver a la mili obligatoria y que apuesta por un ejército profesional.
¿Cuál es el perfil profesional del ejército de España 25 años después de la supresión de la mili? Esta es la pregunta que ha planteado este periódico en fuentes oficiales del Ministerio de Defensa. Sus respuestas, los datos del Observatorio de la Vida Militar y dos comparecencias ante el Congreso, una del presidente del Observatorio, Mariano Casado (en febrero) y otra de la secretaria de Estado de Defensa, María Antonia Varcarce (en diciembre de 2025) son la base de esta información.
Más oferta de plazas
¿Ha dejado de interesar la carrera militar? Responde Varcarce: «En relación con el atractivo de la carrera militar, que yo creo que es elevadísimo entre nuestros jóvenes, se ha producido un incremento del 53 % en la oferta de plazas de oficiales y suboficiales y del 36 % en la escala de tropa y marinería entre 2021 y 2025. En 2024 ―que ya son las estadísticas consolidadas― las solicitudes triplicaron el número de plazas convocadas. Esto nos da una idea de la valoración y el atractivo que tiene el ingreso en las Fuerzas Armadas».
Y añade que «España, a pesar de la tendencia observada en otros países de nuestro entorno, incrementa sus efectivos y además las calificaciones en las escalas de oficiales y suboficiales». El Observatorio de la Vida Militar constata un déficit de entre 13.000 y 23.000 militares en servicio activo (de un total de 130.000, unos 1.400 en Balears) y se refiere al «escaso interés» por ascender una vez dentro, debido a los bajos sueldos y los problemas que la movilidad.
¿El Ejército está en baja? La respuesta: el interés es mayor entre mujeres pues se incorporaron de forma más tardía. Concretamente, en 1988. Según datos de Defensa, las mujeres representan el 13,4 % del total y 10 han alcanzado el rango de general. La mujer de más alto rango militar en Balears es la comandante María Cruz Acero.
El BOE del 6 de marzo informaba de provisión de de plazas de las Fuerzas Armadas para las diferentes escalas referidas a 2026. En 2022 aprobó con limitaciones, la admisión de soldados extranjeros en tropa y manrinería. El porcentaje sobre el total es del 5 % según datos del Real Instituto El Cano.
PeptoniDudo que ahora en el ejército se trate a los soldados rasos tan mal como se hacía muchas veces cuando la mili era obligatoria cuando hasta les obligaban en invierno a ducharse con agua fría mientras los oficiales y suboficiales tendrían agua caliente. Aún existe la disciplina pero es otra cosa... Si algún soldado se caía trepando por una cuerda y quedaba parapléjico o inútil para trabajar, recibía alguna indemnización? Porque las medallas y reconocimientos no le solucionaban el problema real.