La caída del escudo social ha dejado al descubierto a María (nombre ficticio) y a sus dos hijos, de dos y cinco años. De hecho, ya tienen fecha para salir a la fuerza de su casa, a principios de abril, y no tienen ninguna alternativa. «No hay alquileres que bajen de los 1.200 o los 1.500 euros. Te planteas compartir vivienda pero cuando vas a la agencia te piden que los ingresos tripliquen lo que se pide por un piso», dice María. Es decir, 4.500 euros. Un imposible en estos tiempos.
María insiste en que «a mí me estafaron. Entré a vivir con contrato en este piso con un alquiler de 650 euros y así estuve pagando un año. Hasta que luego me enteré de que el piso pertenecía a un banco que luego se lo pasó a un fondo buitre. Yo estuve buscando al propietario para pagarle a él pero no daban señales de vida. Hasta que me llegó un aviso: tenía quince días para dejar la vivienda».
Sin embargo, siendo madre separada y con dos niños muy pequeños, el mercado inmobiliario no está por la labor de aceptarla. «Al final te quedas en el piso como un clavo ardiendo, porque no hay opciones», se lamenta.
La sensación de soledad y de vergüenza atenaza a muchos afectados. Pero con la caída del escudo social y las durísimas condiciones inmobilarias, los afectados son legión. «Es un tema vergonzoso, parece que el que se queda sin vivienda es un caradura o un drogadicto o un adicto al juego. Pero el problema no soy yo, sino de la sociedad», advierte María.
«Me he encontrado con familias que trabajan, con gente que lleva muchos años pagando. Somos gente normal. Si tú te dedicas a limpiar y tu pareja es albañil, ya no te da para pagar un alquiler actual», explica.
Estos días está yendo de un sitio a otro en busca de ayuda. Ha pasado por la polémica Oficina de Antiokupación del Ajuntament de Palma y por el Ibavi pero en ningún sitio le ofrecen una solución más que «diez días en un albergue sin los niños. ¿Y después qué hago?». En la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha encontrado asesoramiento gratuito y otros casos como el suyo: «Hay un matrimonio de 70 años a los que no les renuevan el contrato. Se van a la calle y están destrozados».
Así síBibi