Angelica Felicitas Maria Dorst murió hace un año y tres meses. Tenía un cáncer muy avanzado. Su hija, Natasha, denuncia que durante la agonía, nadie atendió a su madre y que el protocolo de tratamiento domiciliario que se había acordado se incumplió hasta el punto de que, a pesar de múltiples llamadas y requerimientos, el Equipo de Soporte de Atención Domiciliaría (ESAD) del IB Salut nunca apareció: «Mi madre agonizó sin suero, ni morfina ni nada», denuncia su hija. Desde entonces, las quejas presentadas por Natasha ante atención primaria y la oficina del defensor del paciente ni siquiera han sido respondidas, denuncia: «No me han hecho caso. Me siento castigada por haberme llevado a mi madre a casa. Yo quería que mamá muriera en su casa con sus perros porque era su sueño». Explica que era algo de lo que habían hablado durante los años en los que siguió la enfermedad de su madre, para lo que había abandonado el trabajo.
Natasha explica que a su madre le diagnosticaron un cáncer en el año 2019: «Le daban seis meses de vida; al final duró seis años». En el año 2024, a pesar de los tratamientos, la enfermedad, detectada primero en la médula, avanzó. En noviembre de ese año ingresó en Son Espases. Su hija cuenta que habló con el oncólogo: «Dime la verdad, le dije. Me respondió: tiene hasta navidades». Tanto la paciente como su hija, que había sido su cuidadora durante los seis años de enfermedad, estuvieron de acuerdo en que pasara sus últimos días en su casa. «Para mi madre era muy importante ver a sus dos perros», explica Natasha, los dos animales le habían acompañado durante toda la enfermedad y la mujer quería estar con ellos y morir en su domicilio. Desde Son Espases no se puso pegas a ese planteamiento. Se la derivó al Hospital General, desde donde se le emitió un alta que ya indicaba que la paciente precisaba «seguimiento por su EAP (equipo de atención primaria) con soporte ESAD».
La paciente llegó a su domicilio el día 3 de diciembre de 2024 y falleció el día ocho. Natascha muestra en su teléfono móvil las innumerables llamadas que hizo esos días a atención domiciliaria: «Me contestaban ‘sí, sí, he pasado nota’». Esas conversaciones no se tradujeron en una atención real a la enferma. Ante esa falta de presencia, llamó a urgencias. El 061 sí acudió en dos ocasiones al domicilio y fueron quienes le facilitaron calmantes en sus últimos momentos. El servicio fue a la vivienda en dos ocasiones, en la víspera del fallecimiento de la mujer. «Las últimas palabras de mi madre fueron ‘vete, no quiero que me veas así, quiero morirme y nadie me hace caso’», lamenta la hija.
Desde entonces, lo que no ha dado una respuesta a Natasha ha sido el IB-Salut: «No me han hecho caso. Solo fui para preguntar qué hice mal yo». En abril de 2025 presentó las primeras quejas. Desde entonces la ha reiterado a través del defensor del paciente. Ha reiterado los mensajes: «Correos, correos y tengo más correos». El defensor le envió un mensaje el pasado mes de febrero en el que le decía que iban a valorar su caso. Un mes después, sin noticias todavía. Natasha reclama respuestas: «¿Por qué mi madre no tuvo posibilidad de una muerte digna?. Yo sabía que se iba a morir, pero tengo problemas por la forma en la que lo hizo», dice entre lágrimas. Tiene varios vídeos que muestran el estado en el que estaba la enferma, que entonces tenía 77 años de edad. En ellos se aprecia claramente el dolor que padece.
La intención de las quejas y del proceso administrativo en el que se ha metido es tener esas respuestas: «Quiero encontrar paz y que no le pase lo mismo a otras personas». Piensa en particular en otros residentes extranjeros en la Isla. Tanto ella como su madre llevaban más de 30 años en la Isla. Angelica llegó cuando tenía 42 años.
Natasha sí que agradece el apoyo de asociaciones de familiares de enfermos de cáncer en aquellos momentos. Suma una queja más, menor en comparación con la falta de atención en el domicilio. La voluntad de su madre era donar su cuerpo a la ciencia. No fue posible, denuncia porque en los centros sanitarios no tenían claro el protocolo a seguir para llevarlo a cabo.
UsuarioNo suscribo ni una sola palabra de su desafornutado comentario.