La historia de Raquel Rojo, autora de Nacida en su corazón y residente en Mallorca desde hace más de 25 años, es la de una vida atravesada por preguntas sin respuesta y una búsqueda que terminó cambiándolo todo. Su libro, que combina relato personal y reflexión, nace como un ejercicio de cierre emocional, pero también como una llamada a la empatía hacia una realidad que, durante mucho tiempo, ha permanecido invisible: la de las personas adoptadas.
Dada en adopción con apenas un año y medio en Uruguay, Rojo creció en un entorno estable y afectivo. «Tenía todo para ser feliz», asegura. Sin embargo, desde muy pequeña convivió con una sensación difícil de nombrar. «Es una herida que no se explica», resume. Una inquietud constante que se manifestaba en gestos cotidianos, como observar a desconocidos por la calle preguntándose si alguno podría parecerse a ella, o en pensamientos que nunca se atrevía a verbalizar por miedo a hacer daño.
Durante años, ese silencio marcó su forma de estar en el mundo. «No sentía que tuviera derecho a preguntar», recuerda. En su generación, explica, la adopción solía vivirse como un tema delicado, muchas veces envuelto en discreción o directamente oculto. Esa falta de información alimentó una idea que la acompañó durante décadas: la de haber sido abandonada. «Viví mucho tiempo con esa creencia y eso me condicionó. Intentaba agradar constantemente a la gente para que no me dejaran», confiesa.
El momento de buscar
El punto de inflexión llegó en 2012, cuando, ya instalada en Mallorca, sintió que no podía seguir ignorando esa necesidad. «Hice clic y dije: necesito saber», explica. Sin apenas datos —solo su fecha de nacimiento— decidió iniciar una búsqueda que, en aquel momento, parecía casi imposible. Las redes sociales aún no tenían el alcance actual, pero aun así creó un grupo abierto en Facebook con la esperanza de que alguien pudiera reconocer su historia. En esa comunidad logró reunir a más de 12.000 personas.
Lo que ocurrió después superó todas sus expectativas. En cuestión de semanas, comenzaron a llegar mensajes de otras personas adoptadas que se sentían identificadas con sus palabras. «No era solo mi historia. Había mucha gente sintiendo lo mismo», relata. Ese espacio se convirtió en una comunidad de apoyo mutuo donde, además de compartir experiencias, empezaron a surgir pistas, conexiones y posibles caminos de búsqueda.
Apenas dos meses después de crear el grupo, recibió un mensaje que lo cambiaría todo. Una mujer le escribió asegurando que podía ser su tía. «A la tercera pregunta supe que había algo real», recuerda. Poco después, la historia se confirmó: había encontrado a su familia biológica en Uruguay.
Una historia inesperada
Rojo admite que durante años se había preparado para un posible rechazo. «Pensaba que me dirían que no me querían o que no estaban preparadas», explica. Sin embargo, lo que encontró fue una historia completamente distinta. Su madre biológica, con tres hijas pequeñas y en una situación límite tras ser abandonada por su pareja, se vio obligada a dar a sus hijas en adopción. Poco después, intentó recuperarlas. Lo consiguió con las dos mayores, pero no con ella. «Me encontré con una historia de amor, de lucha y de dolor», relata. Un relato que desmontó por completo la idea de abandono con la que había crecido. «Entendí que no fue falta de amor, fue falta de opciones».
El reencuentro tuvo lugar tiempo después, cuando viajó a Uruguay. Fue un momento que describe como imposible de anticipar. «Lloré como un bebé. No podía parar. Fue cerrar una herida que llevaba abierta toda la vida», cuenta. Aquel abrazo con su madre biológica no solo significó conocer su origen, sino también dar otro sentido a su historia.
Me encontré con una historia de amor, de lucha y de dolor: Si me dio en adopción fue por falta de opciones
A partir de su experiencia, Rojo comenzó a implicarse activamente en ayudar a otras personas en la misma situación. A través del grupo que había creado, colaboró en el reencuentro de más de 150 familias en cinco años. «Ahí entendí que no existe una única historia de adopción», señala. Algunas eran similares a la suya, otras mucho más duras, pero todas compartían un elemento común: la necesidad de comprender.
Esa vivencia es la que traslada a Nacida en su corazón, un libro que divide en dos partes. En la primera, narra su historia desde la infancia hasta el reencuentro. En la segunda, adopta un enfoque más reflexivo, dirigiéndose a adoptados, familias adoptivas, madres biológicas y sociedad en general. «Buscar tus orígenes no es ser desagradecido», insiste. Para Rojo, este es uno de los prejuicios más extendidos y dañinos. «No es dejar de querer a tu familia adoptiva, es entender quién eres».
Romper el silencio
La autora pone especial énfasis en el impacto del silencio. «Hay personas que descubren que son adoptadas cuando sus padres ya han fallecido», explica. En esos casos, la sensación de desarraigo puede ser aún mayor. Por eso defiende la importancia de hablar, de permitir que las preguntas existan y de validar las emociones asociadas a la adopción.
También reivindica el papel de las madres biológicas, muchas veces invisibilizadas. «Hay mujeres que no pudieron elegir. Sus historias también necesitan ser escuchadas», afirma. En su caso, conocer esa otra versión fue clave para sanar.
Buscar tus orígenes no es dejar de querer a tu familia adoptiva, es entender quién eres
Tras superar además un proceso oncológico, Rojo ha decidido retomar la visibilidad de esta realidad desde Mallorca, donde ha construido su vida. Su objetivo no es solo compartir su historia, sino generar comprensión. «Hace falta más empatía y menos juicio», concluye. Con Nacida en su corazón, que se puede comprar en Amazon, ofrece un testimonio honesto y profundo que invita a mirar la adopción desde una perspectiva más humana, compleja y respetuosa.
Mejor ser adoptada por una buena familia que te lo dará todo a vivir, generalmente, en condiciones extremas. ¿Conocer a su familia de sangre?. En muchos casos ni la madre conoce al padre que en comandita engendraron a la criatura.