Su presencia capta de inmediato la atención de los miles de conductores que, diariamente, pasan por la calle Aragón a la altura del Rafal y el Vivero. Sobre el puente del torrente de Na Bàrbara, bolsas, mantas, mochilas, un carrito y botellas de agua y otros envases se apilan junto a la barandilla. Junto a ellas aparece Remi -Remigio-, un hombre de 54 años de edad (según él), con aspecto muy desmejorado y que lleva semanas instalado en ese punto.
Lo hace junto a su inseparable amigo y compañero. Se trata de su perro Zeus, «el único que me quiere ya», asegura con tono irónico este gallego que asegura cobrar una ayuda y se mueve por la zona como un vecino más. Los que pasan diariamente delante suyo le reconocen y saludan, e incluso alguno le deja una moneda en un pequeño 'tupper'. «Con esto tengo para comprar cuatro cosas, pero la Cruz Roja y los servicios sociales pasan por aquí y me dejan algo, les estoy agradecido», comenta ya al sol en un día caluroso de finales de invierno.
Preguntado por cómo ha acabado allí, lo resume breve y rápidamente: «La vida...». Pero también asegura que ha llegado a ese punto «por mi perro, Zeus. No me dejan estar con él en los albergues y residencias, ni me alquilan una habitación, que tengo dinero para pagármela. Si no puedo estar con Zeus, me quedo en la calle», asegura de forma rotunda Remi, quien de cara al verano y ante la llegada del calor prepara «unas sombrillas para taparme, pero sino, me voy allá atrás -señalando una zona arbolada-», mientras Zeus se protege tras una mochila buscando una pequeña sombra.
Buena relación
«Soy feliz hablando con la gente, ya me conocen por aquí. A lo mejor a alguien no le va bien que esté, pero no molesto a nadie. Sólo quiero estar aquí tranquilo», añade Remi, que observa el paso de las horas sentado en el suelo y pasea a Zeus por las calles próximas a diferentes espacios comerciales de ese punto de la calle Aragón, donde viven otras personas sin hogar, aunque no tan a la vista como él, quien dice estar empadronado allí mismo.
Remi sólo quiere estar con su perro, «a ver si alguien me alquila una habitación, al menos para que podamos descansar y él -Zeus- pueda estar calentito por la noche», pero no lo veo claro, explica este hombre, de aspecto abandonado pero cuya vida gira en torno a «mi único amigo de verdad»: su perro. Ambos protagonizan una imagen que deja al descubierto la realidad de muchas personas sin hogar y la situación de emergencia habitacional que reina en Palma y en toda Mallorca.
Es un señor muy tranquilo, no se mete con nadie, y el perro es muy pacífico