Mucho antes de que las palomas se convirtieran en una plaga de ciudad, estos animales eran un instrumento de vital importancia para los humanos. Su utilización como medio de comunicación se conoce desde la antigüedad. Los griegos ya las usaban para informar a sus ciudades de quiénes ganaban los juegos olímpicos y los romanos las emplearon estratégicamente en los asedios. Su uso fue habitual en todo el mundo hasta la aparición de la telegrafía sin hilos en tiempos modernos.
Hoy sobrevive en su modalidad deportiva, la colombofilia, una actividad muy arraigada en Mallorca que consiste en seleccionar y entrenar ejemplares para competir en carreras de velocidad y resistencia. Han llegado a recorrer más de 1.000 km de distancia desde Portugal hasta Baleares, salvando el mar. La primera sociedad colombófila de la Isla se fundó a finales del siglo XIX. Llegó a haber más de 600 clubes en la Isla, hoy su número se reduce progresivamente lastrado por las nuevas exigencias sanitarias y del transporte de animales y por la falta de relevo generacional.
Las palomas mensajeras utilizan el campo magnético de la Tierra como una brújula para orientarse, es una habilitad conocida como magnetorrecepción de la que se tiene constancia desde el siglo XIX, pero hasta ahora los científicos desconocían el mecanismo exacto con el que las aves detectan ese campo magnético. Una nueva investigación del departamento de Biología de la Universidad de Ludwig en Alemania ha dado con la respuesta. La clave está en el oído.
El equipo científico marcó las proteínas neuronales y secuenció el ARN para investigar los mecanismos, células y circuitos implicados en la magnetorrecepción. Durante el experimento comprobó cómo la estimulación del campo magnético provocaba la activación de neuronas en el núcleo vestibual medial del cerebro de las aves. Observó una activación adicional en regiones posteriores como el tálamo, el mesopalio y el hipocampo hasta dar con unas células especializadas del oído interno que cuentan con canales iónicos adecuados para la detección de los campos magnéticos.
«Los resultados sugieren la existencia de células especiales en el prosencéfalo de la paloma que codifican la información magnética facilitando una navegación eficaz», concluye el trabajo.
Hablamos con Bernardo Sadi iraní afincado en Mallorca desde 1985 y fundador del Club Colombófilo Mallorca Derby en Inca. Entre 2009 y 2021 este pequeño club congregaba en la capital del Raiguer a colombófilos llegados desde China, Turquía, Alemania… En su competición anual participaban 800 palomas propiedad de 300 aficionados. Las soltaban en un pesquero a 250 kilómetros de distancia. El propietario del ave más rápida en volver a Inca se embolsaba 10.000 euros de premio. Los 50 siguientes se repartían 30.000 euros.
El club echó el cierre en 2021 por la imposibilidad de transportar a tiempo hasta la Isla los pichones para ser entrenados y no se ha vuelto a recuperar. «Los propietarios enviaban los pichones desde distintos lugares del mundo en avión para que los entrenáramos aquí, pero ahora ya no hay servicio aéreo que permita el transporte aéreo de estos animales a Mallorca, los cambios legislativos obligan a moverse en barco y por carretera y eso hace que sea muy complicado poder funcionar», lamenta este amante de las palomas mensajeras que aún cría y entrena sus propios ejemplares en la finca familiar y compite en el Club colombófilo de Lloseta.
Nos explica por qué el lugar en el que aprenden los pichones es determinante para conseguir que vuelvan a casa. La clave está en el campo magnético. «Las palomas mensajeras se orientan por el campo magnético de la tierra, por eso es importante enseñarles y entrenarles desde que son jóvenes para que se acostumbren al campo magnético de la zona en la que van a competir. Cuando los llevas a grandes distancias hay que dejarlos un tiempo en reposo en tierra antes de soltarlos para que se adapten a esa nueva zona y se alineen con el campo magnético para encontrar el camino de vuelta», dice Sadi.
Al colombófilo no le sorprende que los científicos hayan localizado las primeras evidencias halladas en el oído de las paloma que dan sentido a algo que los aficionados llevaban años intuyendo. «Tienen algo especial en el oído, siempre lo he pensado, no sabía si era un ruido u otra cosa, pero sé que nosotros los humanos no lo tenemos y que es lo que les permite detectar el campo magnético de la tierra», relata. Cuando lleva sus palomas a Palma, explica que las deja reposar 20 minutos hasta que se orientan. Si la distancia es mayor el tiempo puede ampliarse a una hora.
La distancia más larga que han recurrido sus ejemplares es la que separa el sur de Portugal con Mallorca,de unos 1.000 kilómetros. «Un palomo normal alcanza aproximadamente una velocidad de 70 km/h, con viento a favor es aún más rápido y con viento en contra más lento», relata.
Explica que el deporte, no solo se ha complicado por los cambios legales en España y Europa que se aplican a la cría y transporte y por enfermedades como la gripe aviar. «Cada vez hay más radares y señales que ensucian el campo magnético y muchas aves se confunden. De cien palomos que puedas soltar a lo mejor 20 o 30 se pierden cuando competimos fuera, otros clubes de la Península las recogen y nos avisan para que vayamos a recuperarlas», dice.
Aunque cada vez son menos los amantes de este deporte en Baleares, entre otras cosas porque falta relevo generacional, aún existe un nutrido número de clubes que al amparo de la Federación Balear de Colombofilia participan en campeonatos dentro y fuera de las Islas. Disponen de transporte propio homologado para desplazarse en barco y por tierra hasta los lugares donde se celebran las competiciones, cuando estas se hacen en la Península.
Rebeldegracias. la mayoría de gente no conoce ni sabe nada de palomas y de casi inteligencia y corazón.