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Agricultura ecológica en Baleares: la clave de la resiliencia en un mundo en guerra

Los productores esquivan la crisis mundial de los fertilizantes produciendo su propio compost

Nofre Fullana, director técnico de la Associació de la Producció Agrària Ecològica de Mallorca (APAEMA). | Foto: APAEMA

| Palma |

Los efectos colaterales de la guerra de Irán tocan de lleno a la agricultura con una crisis de la industria de los fertilizantes sin precedentes. La Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (ANFFE) informó este lunes de que si el conflicto en Oriente Medio se agrava alguna de las plantas productoras de España puede acabar echando el cierre.

No solo se han disparado los precios sino que existe un riesgo real de desabastecimiento. Según el último balance de datos de la Asociación Internacional de Fertilizantes (IFA) en 2024 se exportaron 18,5 millones de toneladas de urea a través del estrecho de Ormuz. Irán, Catar, Arabia Saudí, Emiratos y Baréin controlan el 23 % del comercio municipal de amoniaco, el 34 % del de urea y el 18 % de fosfatos amónicos. La mitad del comercio mundial de azufre, imprescindible para la producción de fertilizantes fosfatados, circula por esa misma ruta.

Mientras los agricultores de medio mundo se echan las manos a la cabeza a la espera de lo que pueda ocurrir tras la tregua de dos semanas anunciada, los productores de agricultura ecológica hacen bandera de su capacidad de resiliencia. El sector, que crece a buen ritmo en Baleares, produce cada vez más sus propios fertilizantes lo que reduce la dependencia exterior.

Aumenta la demanda de cursos para fabricar estiércol, compost y abonos verdes. Así lo explica Nofre Fullana, director técnico de la Associació de la Producció Agrària Ecològica de Mallorca (APAEMA). «Cuanta más soberanía tengamos sobre nuestros recursos más seguridad tendremos como población. Es algo que olvidamos rápidamente y como Islas tendríamos que estar atentos a este tipo de situaciones», reivindica.

El reglamento europeo que regula la agricultura y ganadería ecológicas prohíbe el uso de fertilizantes sintéticos nitrogenados. Se trata de compuestos químicos inorgánicos creados industrialmente, principalmente a partir de amoniaco. «Son los que se han encarecido de forma alarmante en agricultura convencional», dice el experto.

En su lugar en los cultivos ecológicos se emplean los llamados abonos verdes (a partir de leguminosas que se aportan de forma natural), el estiércol o el compost. En menor medida usan abonos orgánicos comerciales, que se importan desde fuera de las Islas y que por lo tanto han subido su precio por el alza de los combustibles que repercute en el transporte.

La situación de crisis mundial evidencia que la agricultura ecológica no solo gana en sostenibilidad sino que es menos vulnerable a la fluctuación de tarifas en un contexto global marcado por las guerras. «La agricultura ecológica tira de recursos propios de la misma finca. De hecho procuramos siempre que se pueda mantener la ganadería en la finca porque aporta estos nutrientes en forma de estiércol que no tiene la agricultura convencional», dice Fullana.

La producción ecológica utiliza la ganadería para fertilizar los cultivos.

La agricultura ecológica gana terreno en Baleares y representa ya el 22 % de la superficie agraria útil (cultivo y pastos) del archipiélago. Aunque crece en extensión no lo hace en número de productores: 1.300 en todas las Islas, la mayoría en Mallorca. Eso es así porque se está produciendo un cambio de tendencia: «Las fincas cada vez son más grandes porque los productores buscan ganar competitividad y a medida que desaparecen agricultores los que quedan van incorporando sus terrenos».

La Unión Europea se ha fijado el objetivo de que un 25 % de su superficie agraria sea ecológica en 2030 y Baleares es uno de los territorios más posicionados para cumplir con el encargo.

El avance de este tipo de producción se da más en unos cultivos que en otros. Hoy por hoy la viña es la que domina el mercado con un 50 % de la superficie de viña inscrita. Poco a poco avanzan cultivos como el olivar y los cereales, estos últimos en menor medida.

El 50 % de la superficie de viña de Baleares ya está certificada como ecológica.

«Hace dos años se inscribieron más de 3.000 hectáreas en ecológico, mayoritariamente para el ganado, pero también hay un pequeño porcentaje destinado al consumo humano. Hay tres o cuatro experiencias de productores ecológicos de cereal que han montado sus propios molinos y les va bastante bien. Todo lo que sea transformar el producto, da valor añadido y funciona. El productor elabora y destribuye. La agricultura ecológica es una forma de vida», reflexiona el director técnico de APAEMA.

La agricultura ecológica de Baleares se defiende especialmente con canales cortos de comercialización, algunos optan por la venta directa, otros distribuyen su producto a través de cooperativas o restaurantes.

El archipiélago tiene también ganadería ecológica pero en menor medida. «Hay mucha más oferta que demanda en el mercado y mucho se acaba vendiendo en el mercado tradicional porque en este momento no hay mercado ecológico suficiente. El consumidor ecológico tiene tendencia a ser vegetariano, vegano o a reducir el consumo de carne. Las estadísticas nos dicen que de cada 10 corderos que salen de fincas ecológicas solo uno se vende como ecológico», explica Fullana.

En cambio si hay demanda de los productos derivados como el queso, la sobrasada y los huevos. «Cada vez hay más demanda que oferta y esa es la clave del presente y el futuro del sector», añade el experto.

El consumidor final de la agricultura y ganadería ecológica es «mayoritariamente local para el producto fresco pero no para el producto elaborado que tiene cierta vinculación con el turismo y los establecimientos ligados a él», dice el director técnico de APAEMA. Baleares exporta vinos y aceites ecológicos, sobre todo a los países centroeuropeos, países nórdicos, Japón y Estados Unidos.

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