Esta es una historia que se prolonga en el tiempo, que ha dado pasos adelante y atrás, que empezó antes incluso de que se aprobara el Estatut d’Autonomia de 1983 y que, el 29 de abril de 1986 –algo impensable 40 años después– dio un paso importantísimo con la unanimidad de todos los partidos políticos que estaban representados en el Parlament.
Ese día se aprobó la Ley de Normalización Lingüística , que definía al catalán como lengua propia de las Islas, no sólo para las relaciones con la Administración, sino también para la enseñanza. En ese pleno de hace cuarenta años quien defendió la ley que presentaba el Govern era un conseller de Alianza Popular (AP), Francesc Gilet, el partido que hoy se llama PP, y el presidente de aquel Govern era Gabriel Cañellas.
Nadie puso en duda en aquel pleno cuál era el nombre de la lengua. Y eso fue así porque, años antes, ese asunto ya había quedado zanjado. La culpa, o la responsabilidad, fue de dos comas muy bien encajadas en el Estatut de Autonomia, concretamente en su artículo 4. Este artículo indica lo siguiente: «La lengua catalana, propia de las Islas Baleares, tendrá juntamente con la castellana, el carácter de idioma oficial». Ni la lengua propia de las Islas Baleares ni la lengua catalana propia de las Islas Baleares. Cualquiera de aquellas dos redacciones alternativas podría haber dado pie a interpretaciones lingüísticas.
Quien propuso esa redacción era uno de los representantes del PSM, antecedente de Més per Mallorca, en la llamada Comisió dels Onze, concretamente Damià Ferrà Pons, que años después pasaría al PSIB.
En el pleno que celebró el Parlament el 29 de abril de 1986 fueron abundantes las referencias al Estatut. El texto vino muy trabajado antes de llegar al pleno, trabajado y muy pactado. No se presentaron enmiendas a la totalidad y hasta fue recurrida, igual que ocurrió con la de Catalunya, al Tribunal Constitucional por parte del Gobierno estatal, que entonces era del PSOE.
Artículos como la catalana
Y es que la ley balear de normalización lingüística balear de 1986 es en realidad un corta y pega de la que el Parlament de Catalunya había aprobado en 1983. Es un texto con artículos literalmente copiados de aquella. Ambas leyes se refieren al catalán como lengua propia y también que es oficial junto al castellano. En el ámbito educativo, indican que los alumnos tienen derecho a recibir la primera enseñanza en su lengua.
El conseller Gilet, nada más tomar la palabra en catalán, asumió que «la lengua es la patria originaria y el alma de un pueblo y constituye la médula de su identidad»; celebró haber resistido a presiones «uniformadoras» y destacó que el texto se había consensuado.
Manuel Jaén Palacios (AP) empleó el castellano para defender la ley normalizadora del catalán así como la «discriminación positiva». En nombre del PSIB, que todavía no se llamaba así, intervino Josep Moll; Joan López Casasnovas habló por el grupo Esquerra Nacionalista-PSM y Maria Antònia Munar fijó la posición de UM. Todas las intervenciones fueron favorables.
El PP, que hoy gobierna Balears, no era un partido relevante cuando se aprobó el Estatut (aunque fue el partido que lo estrenó como primer partido que gobernó la comunidad autónoma) y, curiosamente, no hizo bandera de la lengua como sí sucedería años después. Por ejemplo, y según se recuerda hoy desde el PI, durante la etapa de José Ramón Bauzá (2011-2015) esa ley quedó «irreconocible» y hubo que revivirla años después ya con un Govern de la izquierda.
Después de Cañellas y antes de Bauzá, Balears tuvo un presidente, también del PP, que incluso quiso ir mucho más allá de Gabriel Cañellas. Ese presidente fue Cristófol Soler, que llegó a presidir la Asemblea Sobiranista. Soler prefiere no hablar con este periódico, «ni con este ni con otro» (precisa) como tampoco Gabriel Cañellas. Ambos dicen estar retirados.
La Ley de Normalización Lingüística sin embargo, tampoco hubiera salido adelante con esa unanimidad parlamentaria sin el apoyo exterior, sin la movilización en la calle. Y eso es algo que recuerdan tanto el presidente actual de la Obra Cultural Balear, Antoni Llabrés, como Antoni Mir, que la presidió cuando se aprobó.
Mientras se debatía y aprobaba la ley, también discurría el II Congrés de la Llengua Catalana. De hecho se inauguró el día en que los periódicos llevaban en sus portadas la aprobación de esa ley. Un debate sin pullas y que bien podría pasar por una suerte de juegos florales. Cuesta distinguir, desde la óptica de hoy, quién dijo qué.
El Diario de Sesiones recoge, por ejemplo, este comentario del socialista Josep Moll: «En definitiva, el grupo Popular, y yo quiero decirlo aquí claramente, tiene un mérito porque ha aceptado modificaciones sustanciales que se han introducido en el debate de ponencia».
La OCB reclama que ahora, como entonces, la lengua catalana quede fuera del debate partidista. Han pasado 40 años.
Bon dia. El mes trist és gent que opina sobre la llengua dels altres que du visquent a Mallorca tota sa vida i no ha après ni quatre paraulotes ni ha llegit un llibre en català en sa vida. La idea d'espanya és el món castellà, les repúbliques d'Iberia no han d'haver d'estar sotmeses per un sol poble. La meva cultura mediterrània és cosina de la catalana i poc té a veure amb Castella o madrit i així seguirà essent. Un No rotund a Espanya, no a sa seva monarquía, Si a un estat plurinacional amb distintes repúbliques. I sempre serà així.