La Fundación Palma Aquarium ha alertado de un fenómeno que se repite cada primavera en los centros de recuperación debido a la llegada de ejemplares de tortuga boba (Caretta caretta) con problemas digestivos asociados a la presencia de fragmentos de madera en su aparato digestivo.
Según explica la entidad, «cada primavera, en los meses de abril–mayo, ingresan ejemplares con dificultades digestivas y muchas acaban expulsando trozos de madera», un material que según subrayan, «no forma parte de su dieta habitual».
Las tortugas bobas se alimentan principalmente de invertebrados como crustáceos y moluscos, pero su comportamiento oportunista hace que puedan ingerir por error objetos flotantes mientras se alimentan. En esta época del año, además, aumentan los restos en el mar tras los temporales de invierno, la madera puede llevar adheridas algas o pequeños organismos y tiende a concentrarse cerca de la costa, factores que «aumentan la probabilidad de ingestión accidental».
La presencia de estos fragmentos puede provocar flotación positiva, lo que les impide sumergirse con normalidad, además de dificultad para defecar, acumulación de gases y debilidad general. Desde el equipo de la Fundación Palma Aquarium explican que «en considerables ocasiones también encontramos restos de plásticos expulsados en sus heces», una circunstancia que atribuyen directamente a la contaminación marina.
Pese a ello, destacan que «con tratamiento y cuidados, muchas consiguen expulsarlo y recuperarse», aunque insisten en la necesidad de reducir la presencia de residuos en el mar para proteger a especies como la tortuga boba.