La vida de Gabi Llull, un vecino manacorí de 56 años de edad, cambió en décimas de segundo. No porque fuera la víctima de un accidente, el peatón arrollado de una conductora ebria o el perjudicado por una negligencia. Su historia se sitúa exactamente al otro lado: En el del conductor que, lamentablemente, atropelló de muerte a un peatón en las calles de Cala Mendia, en Porto Cristo. No lo vio porque se distrajera al volante sino porque la víctima se encontraba tirada en el suelo.
El trágico suceso tuvo lugar en la tarde del 16 de abril de 2023. Gabi circulaba por las calles semi asfaltadas del núcleo costero hacia casa de su hijo. Eran las 18:15 horas. «Hay un cambio de rasante, con mucha pendiente y al girar, oí un ruido extraño. El coche ni siquiera se movió. Sonó como si arrastrase una bolsa. Me paré porque pensé que me había enganchado con algo. 'On has pegat?', me preguntó mi vecino. Me agaché para ver qué podía ser y le dije 'hi ha un home', había un cadáver bajo el coche», recuerda el conductor visiblemente entristecido.
Ambos dieron aviso al 061 pero nada pudieron hacer por la vida del peatón. «Me dio mucha impresión. Ni siquiera sabes como sentirte. No te lo puedes imaginar. Y además sin haber visto a nadie. Fue muy duro y me afectó muchísimo, durante mucho tiempo», explica. Aún con el tremendo impacto emocional que sufrió, deja claro que «en ningún momento se me pasó por la cabeza huir de allí».
El vehículo, su Porsche Cayenne, estaba sobre la víctima, al borde del aplastamiento, contenido sólo por los amortiguadores de aire. La Policía Local de Manacor, quien se encargó de la investigación, llegó pocos minutos después. «Me hicieron las pruebas de alcohol y drogas y di negativo en todo. Estaba muy nervioso y muy afectado pero los agentes fueron muy amables conmigo», recuerda.
El coche se llevó al depósito policial y no fue liberado hasta 48 horas después para practicar las pruebas pertinentes: «Lo inspeccionaron y también hicimos una reconstrucción de los hechos al día siguiente, se colocó un maniquí donde estaba la víctima y probaron con dos vehículos, con ninguno de los dos lo vieron como para poder evitar el accidente. En la pendiente hay diez metros que se quedan en ángulo ciego», explica.
La investigación policial reveló que el peatón podría haber consumido una gran cantidad de alcohol antes del suceso. Al parecer, en dos locales de la zona, había protagonizado algunos desencuentros debido a su estado. Después, al deambular por las calles de Cala Mendia, habría sufrido una indisposición o se habría quedado dormido sobre el hormigón de las calles a medio hacer.
«Puede que el hombre hubiera bebido pero eso no le hace mala persona. Yo sentí su muerte igual. Aunque no tengas la culpa del accidente, no quita que has matado a alguien», dice compungido. Tras el suceso, dejó de conducir durante un tiempo y no fue capaz de ir a casa de su hijo por aquel mismo camino.
«Nunca tuve la oportunidad de conocer o hablar con la familia pero les diría que lo siento mucho, que si necesitan algo estoy aquí y que mucha fuerza», balbucea antes de que se le entrecorte la voz por la emoción. Aún ve 'flashes' del accidente. «Me acompañaba mi pareja aquel día. Me di cuenta de que la mano de la víctima sobresalía por su puerta, bajo el coche y le dije que no saliera. Tienes que distraerte de las imágenes que se repiten en tu mente, si le das vueltas y vueltas, no sales de esta», continúa en su trágico relato.
Pero, a pesar de todo, no fue el angustioso miedo a conducir que tuvo que vencer tras el siniestro, ni el terrible sentimiento de duelo por la familia del hombre al que arrolló o los pensamientos intrusivos que le acechaban día a día; para Gabi, lo más duro del trance vivido, fue soportar el juicio injusto que emitió la sociedad sobre el caso. Muchos apuntaron que la víctima salió despedida varios metros porque circulaba a gran velocidad o incluso bajo los efectos de las drogas: «Di negativo en todo, iba a menos de 10km/h. Los comentarios que lees pueden destrozarte la vida. Juzgar algo así desde fuera es un error. Hay que tener cuidado con lo que se dice sobre alguien. Si es tu culpa, lo asumes pero cuando no ha sido así, duele mucho. A los familiares y a ti. No importa hacer tanto daño a la gente. Bastante se tiene con la desgracia vivida», finaliza rotundo.
Todos tenemos que respetar... La vida es respeto