Ni los astros ni las carambolas. Y ni mucho menos el milagro. Nada. El Mallorca finiquitó su ciclo en Primera y descendió a Segunda pese a ganar al Oviedo por la mínima. El resto de marcadores no acompañaron y ni Levante ni Getafe ni Girona cumplieron. Descenso merecido para una plantilla que no ha estado a la altura y para un club inoperante. Los aficionados abroncaron a la directiva, que rápidamente tras el pitido final, los tres cabezas visibles de la entidad, el presidente Andy Kohlberg; el CEO de Negocio del club, Alfonso Díaz y el director deportivo, se retiraron con rapidez al interior del palco. Sin embargo, desde la grada la ira de la afición fue total.
Demichelis apostó por un once más o menos previsible, con Asano acompañando a Muriqi en ataque. El resto, lo esperado para una última función que se intuía atrapada entre la histeria y la emoción.
Pero el primer mazazo no tardó en llegar. A los quince minutos, el gol del Betis frente al Levante alteró el guion y golpeó de lleno a Son Moix. La jornada, envuelta en ese vaivén de resultados y emociones cruzadas, ponía a prueba el pulso y la fe de toda una afición.
En ese escenario límite, el Mallorca trataba de morir con dignidad. Empujaba en campo rival y encontraba al menos argumentos ofensivos para sostenerse: primero con un remate de Muriqi a los ocho minutos y después con un disparo cruzado de Asano al cuarto de hora. También hubo espacio para el sobresalto, como en el cabezazo de Dani Calvo que se marchó por encima del larguero.
Muriqi volvió a rozar el gol con un cabezazo al que respondió con acierto el guardameta del Oviedo, mientras Asano desperdiciaba poco después una transición rápida del conjunto rojillo. Entonces llegó la noticia del gol del Elche y Son Moix volvió a hundirse. Leo Román sostuvo al equipo con una gran intervención ante Rahim y, cuando el descanso asomaba, llegaron por fin noticias para aferrarse.
Marcó Pablo Torre al culminar una jugada iniciada por Darder y servida por Maffeo, mientras el Levante lograba el empate. Son Moix despertaba de golpe. Faltaba la reacción del Girona ante el Elche y que el Getafe encontrara respuesta frente a Osasuna. Pero al menos seguía vivo un hilo, fino pero resistente, al que agarrarse.
Tras el descanso, los corazones volvieron a ponerse a prueba con el gol del Girona, que igualaba su partido ante el Elche. El Mallorca seguía en Segunda, aunque ya solo necesitaba un tanto más del conjunto catalán y otro del Getafe para volver a creer. Mascarell tuvo que retirarse lesionado y Raíllo ocupó su lugar. Morlanes estrelló un balón en la madera y la noche entró en esa fase irrespirable en la que cada minuto pesa demasiado.
Entonces marcó el Getafe. Era el minuto 60 y Son Moix estalló. Durante varios minutos, el estadio dejó casi de mirar su propio partido: los móviles se levantaron, las radios se pegaron al oído y cada actualización se celebraba o se sufría como un gol propio.
Pero el golpe definitivo llegó en el 69. Marcó el Betis y volvió a derrumbar todas las esperanzas. Son Moix regresó al silencio, ese silencio pesado de quien había vuelto a rozar el milagro antes de verlo escaparse entre los dedos.
Morlanes anotó el segundo y Muriqi el tercero cerrando el partido, la temporada y la categoría. Fue bonito mientras duró. Hasta siempre Primera.
Una afición de segunda.