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Buscan refugios marinos climáticos que favorezcan la supervivencia futura de las especies en Baleares

La mallorquina Marina Sanz Martín es la autora principal de un estudio pionero sobre ecosistemas resilientes

Gorgonia roja, una de las especies afectadas por las olas de calor en el Mar Mediterráneo. | Foto: J.J.S. |PALMA

| Palma |

Investigadores del Instituto Español de Oceanografía, la Universidad de Bali y Oceana describieron por primera vez en 2017 un bosque de coral de bambú al este de Ibiza y Formentera en un ambiente geológico de gran interés a 400 metros de profundidad.

Está situado en el canal de Menorca entre las montañas submarinas de Ausiàs March y el Banco de Oliva, en un enclave geológico de gran interés. En el momento del hallazgo el coral bambú (Isidella elongata) era ya una especie en peligro crítico de extinción y sin embargo el bosque localizado en aguas de Baleares es una de las mayores agrupaciones de la especie descrita en el Mediterráneo.

Las poblaciones de coral bambú han disminuido un 80 % en toda la cuenca mediterránea y sabemos que las que quedan proporcionan cobijo a decenas de especies animales, entre ellas la cigala y las gambas. ¿Cómo es posible que el bosque balear haya sobrevivido en este punto con densidades de más de 2.500 colonias por hectárea mientras en otras zonas cercanas impactadas por la pesca de arrastre de fondo apenas se registran densidades de entre 30 y 60 colonias? ¿Estamos ante un reservorio de la especie, un refugio de coral bambú capaz de resistir a los impactos?

Localizado en el canal de Mallorca un bosque de coral bambú en peligro de extinción.

El océano está cambiando a gran velocidad. El calentamiento, la acidificación, la pérdida de oxígeno, el aumento del nivel del mar y la intensificación de los eventos extremos están trasformando los ecosistemas marinos y provocando desplazamientos de especies y mortalidades masivas, pero estos impactos no se distribuyen de forma uniforme. Algunas zonas amortiguan los efectos y actúan como ‘refugios climáticos marinos’.

Un nuevo estudio internacional publicado en la prestigiosa revista Trends in Ecology and Evolution, liderado por la investigadora Marina Sanz-Martín, del Centro Oceanográfico de Baleares ha revisado 798 estudios científicos publicados en los últimos cinco años de los que 82 identifican o cartografían ‘refugios climáticos marinos’ con el objetivo de implementar políticas que apuesten por su cuidado. «Es necesario fomentar la investigación para localizar refugios climáticos y apostar por su protección porque son zonas en las que cabe esperar que invertir en conservación pueda tener mucho éxito para las especies», explica Sanz-Martín.

Su trabajo ha desvelado la existencia de grandes desigualdades geográficas en investigación. «Nuestro análisis revela vacíos muy preocupantes en la alta mar y en el océano profundo, regiones que constituyen la inmensa mayoría del hábitat oceánico disponible y donde todavía tenemos enormes lagunas sobre donde resistirá la biodiversidad», explica Isaac Brito-Morales, coautor del artículo.

También se ha detectado un sesgo taxomónico. El 33 % de las investigaciones son sobre corales, un 18 % sobre peces y un 14 % sobre macroalgas. Ecosistemas como las praderas marinas, manglares o marismas están muy pocos representados y apenas hay trabajos que evalúen las múltiples especies de una forma conjunta en el refugio climático.

El reto no es solo localizar cuáles son esos refugios capaces de resistir al cambio climático sino entender hasta qué punto pueden sostener los ecosistemas a largo plazo. Echar la vista atrás puede ayudar a apostar por ese cambio de perspectiva.

Se estima que en la actualidad existen más de 100 especies distintas de sepias y se conocen más de 300 especies de calamares en el mundo. Estuvieron a punto de desaparecer hace 66 millones de años como lo hicieron los dinosaurios. Fue cuando al final del Cretácico se extinguieron el 75 % de las especies del planeta tras el impacto de un meteorito en la actual península de Yucatán (México).

Una investigación reciente liderada por el Okinawa Institute of Science and Technology japonés (OIST) en colaboración con el Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC) ha combinado bases de datos existentes con tres genomas de calamares secuenciados por primera vez para identificar el «punto de inflexión» que dio lugar a la diversidad actual de calamares y sepias, que en conjunto conforman los Decapodiformes (cefalópodos con diez extremidades). Sus antepasados se ocultaron durante millones de años a grandes profundidades en en el Océano antes de volver a emerger y expandirse hasta llegar al Mediterráneo arrastrados por las corrientes.

Los refugios marinos climáticos en los que invirtamos hoy serán un reservorio clave para las especies animales y vegetales del futuro.

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