Algunos clásicos no nacen de los títulos, sino de la repetición del pulso. Hestia Menorca y HLA Alicante empiezan a mirarse como se miraban aquellos Lucentum–Menorca de la antigua LEB Oro: equipos instalados en la zona noble, partidos que servían para medir ambiciones y no solo para sumar victorias. El Pedro Ferrándiz proponía esta vez un examen serio. Revancha local tras el 81-68 de la primera vuelta, cuarto contra octavo, dinámicas ascendentes y discurso previo de orgullo herido. Y, sin embargo, lo que se vio fue una afirmación rotunda del equipo de Javier Zamora, que dominó de principio a fin para llevarse un 58-76 que no solo consolida su crecimiento, sino que envía un mensaje nítido a la liga.
Arrancó el encuentro con quintetos que ya anunciaban matices tácticos. Rubén Perelló apostó de inicio por Torres, Hollanders, Polanco, Tamba y Larsen; cinco bajo, con interiores móviles, buscando velocidad y amenaza exterior. Respondió Zamora con Zurbriggen al mando, Littleson y Sola en las alas, Galette y Wembi en la pintura. El parcial inicial (2-10) fue un aviso. Menorca impuso desde el primer segundo su poderío defensivo interior, cerró el rebote y obligó a Alicante a vivir del tiro libre. Con la primera rotación llegaron dos triples consecutivos de McFadden que estiraron la diferencia hasta el 4-16 y forzaron el primer tiempo muerto local. Larsen entró pronto tras el experimento inicial del coach mallorquín y trató de frenar la sangría, pero el ritmo lo marcaba Zurbriggen, dueño absoluto del tempo. Arteaga sostuvo el impacto del danés y, con un triple final de Littleson desde la esquina, el primer cuarto se cerró en un contundente 10-25.
El segundo acto confirmó la sensación de control total. Alicante subió líneas, defendió con más agresividad y trató de meterse en partido desde la intensidad, pero cada intento encontraba respuesta. Vicedo y McFadden neutralizaron el primer arreón (11-33), Polanco fue el único argumento ofensivo local durante varios minutos y Menorca siguió castigando con paciencia y circulación. Spencer firmó la máxima ventaja (16-40) con una mezcla de lectura y ejecución, mientras el rebote ofensivo menorquín destrozaba cualquier opción de segunda oportunidad alicantina. Los datos al descanso eran elocuentes: 5/26 en tiros de campo para HLA, 22 puntos en la pintura para los visitantes, 27 tantos desde el banquillo y un dominio claro del rebote (25-14). El 24-45 con el que se llegó al intermedio resumía una superioridad sostenida más allá del acierto.
Tras el paso por vestuarios cambió el paisaje. Alicante se aferró a la defensa en zona, insistió en cargar el balón sobre Larsen y encontró en el tiro libre una vía de oxígeno. Hollanders descorchó con canasta, Larsen empezó a acumular visitas a la línea y el Pedro Ferrándiz se activó. Las faltas —tercera de Schott en apenas dos minutos, problemas para Wembi— estrecharon el margen hasta el 38-53. Durante unos minutos, Menorca sufrió para generar con fluidez ante la zona y el empuje local. Fue entonces cuando emergió la gestión. Zurbriggen ordenó posesiones largas, Sola enfrió con un triple oportuno (40-56) y McFadden asumió galones para silenciar el pabellón. El parcial del tercer cuarto fue para HLA (18-15), pero el 42-60 mantenía intacto el colchón y devolvía el partido a su cauce estructural: rebote, control y selección paciente de tiro.
El último cuarto terminó de desactivar cualquier intento de rebelión. Aris recortó con un triple (45-60), pero la respuesta fue inmediata: 2+1 de Vicedo tras asistencia de Wembi y dos canastones consecutivos de Zurbriggen que devolvieron la ventaja a los 22 puntos (45-67). Perelló insistió en la zona como su única respuesta defensiva y en buscar desesperadamente a Larsen en la pintura, que acabó con 19 puntos y 13/15 en tiros libres, pero ya sin capacidad real de alterar el guion. Menorca administró el reloj, protegió el rebote (37 capturas totales por 30 de HLA) y dejó que los segundos cayeran con la serenidad de quien sabe que el trabajo está hecho. Spencer, autor de 21 puntos, puso la rúbrica con un triple que cerró definitivamente el choque (58-76). Un cuarto final sin historia competitiva y con una imagen preocupantemente plana del equipo local.
La estadística final refuerza la narrativa del partido: 30/63 en tiros de campo para Hestia, 15 asistencias, 37 rebotes, 10 triples y un 66 de valoración colectiva en un partido que nunca se le escapó de las manos. Zurbriggen (15 puntos, 7 rebotes, 5 asistencias, 32 de valoración) dirigió con autoridad; Littleson golpeó cuando hizo falta; McFadden, en su habitual versión verso libre, aportó 16 puntos y 5 asistencias en momentos de tensión; Sola y Galette sostuvieron el equilibrio invisible; y el trabajo interior, pese a las faltas, marcó territorio desde el inicio.
La victoria tiene lectura clasificatoria —duodécima del curso, consolidación en la zona de play off y average asegurado— pero sobre todo tiene lectura competitiva. Ganar en el Pedro Ferrándiz, ante un equipo que aspiraba a reafirmarse antes del parón, es algo más que sumar dos puntos. Es confirmar que este Hestia Menorca empieza a sentirse cómodo en escenarios donde antes solo competía. Golpe de efecto en Alicante.
¿Por qué no soñar? Si hay pasta, se puede.