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Vértigo

Foto: Paco Sturla

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Hay clasificaciones que ordenan… y hay clasificaciones que confunden. Porque no todos están jugando la misma liga, aunque compartan tabla. Hay equipos con un partido más, otros con uno menos, algunos que todavía deben parar, otros que ya lo han hecho. El calendario irregular, provocado por la jornada de descanso, introduce una distorsión que convierte cada posición en un estado provisional, casi irreal. Así, lo que parece firme no lo es tanto, y lo que parece lejos quizá tampoco lo esté. Porque esta irregularidad añade a la clasificación un parámetro más difícil de medir que las victorias y las derrotas: la sensación. Y la sensación, hoy, al menos en mi opinión, es de vértigo.

En ese escenario, Hestia Menorca habita justo en la frontera que delimita el playoff. Noveno, dentro. A dos victorias de escalar posiciones y soñar muy fuerte… y a dos derrotas de caer fuera del sueño. No es una mala posición, para nada, pero es fácil sentir una sensación de equilibrio inestable, donde cada resultado tiene un impacto multiplicado y donde el calendario que queda —Cartagena, Palencia, Coruña, Ourense, Gipuzkoa, Melilla— no permite distracciones ni lecturas cómodas.

Y aquí entra, siempre desde mi punto de vista, el matiz importante. Porque más allá de lo que diga la tabla, lo que transmite el equipo es otra cosa. Hace no tanto, la genialidad puntual y el acierto sostenían el discurso competitivo. Ahora, en este nuevo contexto más exigente, la defensa, el orden y el rigor táctico se vuelven imprescindibles. Y cuando esas variables no son constantes, todo se acelera: las dudas, las rachas y las interpretaciones. Ganar no termina de tranquilizar. Perder, tampoco de explicar.

El playoff, en este escenario, deja de ser un objetivo concreto para convertirse en una línea móvil y difusa, que se desplaza cada jornada. Un espejismo competitivo que obliga a mirar hacia arriba… pero que también empuja, casi sin querer, a mirar hacia abajo. Y quizá ahí resida la verdadera dificultad de este tramo final: no solo jugar bien, sino además interpretar correctamente lo que está pasando en cada momento porque afortunadamente nadie sabe qué va a pasar, y afirmar lo contrario sería aventurarse demasiado. Pero sí da la sensación de que, más allá del calendario o de los números, todo va a depender de algo mucho más complejo: la capacidad de sostenerse cuando todo alrededor se mueve.

Porque a veces, mirar hacia abajo da más miedo que caer.

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