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Comunicación

Unos contenidos de calidad, esencia del buen periodismo

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L a fuerte evolución de la era digital y la consiguiente implantación de nuevas y potentes tecnologías han revolucionado los distintos ámbitos de nuestra sociedad. En el campo de la comunicación los avances registrados en la última década han sido igualmente espectaculares. Internet y la telefonía móvil han operado unos cambios sociales tan notorios que hoy por hoy a la inmensa mayoría de los ciudadanos le resultaría sencillamente inimaginable que pudiera asistirse a un retroceso tecnológico. El progreso no se detiene, ni siquiera ante las más peliagudas crisis económicas. Podrá cuestionarse, si acaso, el precio que hay que pagar para beneficiarse de un progreso tecnológico imparable.

Inmersa por tanto la sociedad en un proceso de comunicación –e información periodística– continua, las nuevas tecnologías han adquirido suma importancia en la vida cotidiana, tanto en las horas de trabajo como en las reservadas al ocio. Hasta tal punto que muchos gurús de la sociología y la comunicación no han dudado en efectuar una sobrevaloración excesiva de esas tecnologías. Y digo que me parece excesiva porque las tecnologías de que hoy se dispone son simplemente herramientas que facilitan la comunicación, son instrumentos que mejoran las capacidades comunicativas. Pero las tecnologías no pueden considerarse en modo alguno un fin en sí mismo. No conviene despistarse ni confundirse.

Las divergencias de opinión surgen cuando determinados expertos, incluso de renombre internacional, se limitan a vincular el desarrollo del periodismo digital al estricto desarrollo tecnológico. Las razones esgrimidas resultan de todo punto insuficientes por cuanto tienden a descartar un elemento capital: los contenidos. Esta observación viene a cuento de una entrevista que publicó recientemente "El País" con Jeff Jarvis, profesor de Periodismo en la City University de Nueva York. Diríase que Jarvis intenta pasar de puntillas sobre la cuestión de los contenidos. El entrevistado sostiene que "en un mundo de hiperabundante oferta de contenido, lo caro no es crear el contenido, sino encontrar el mejor contenido". "No es que sea gratis crearlo –añade–, pero hay tanto que elegir que la selección se convierte en una gran necesidad. Y ese es un papel editorial. Los periodistas nos convertimos más en seleccionadores de información que en creadores de información". Pues esto es justamente lo que hay que evitar: Que el periodista acabe convirtiéndose en un mero seleccionador de noticias, porque su misión principal es y ha de ser la de crear información; un periodista no debe recurrir naturalmente al copiar y pegar o a la política de ir de enlace en enlace con otros medios y tiro porque me toca; ni conformarse con la tarea de seleccionar entre la inmensa montaña de noticias. La clave radica en la capacidad creadora que pueda aportarse, lo cual vale no sólo para la prensa digital sino también para la impresa y los medios radiofónicos y televisivos. Insisto en subrayar que la generación de unos contenidos de calidad es una premisa esencial, indispensable, para poder brindar al público un periodismo de calidad, valga la redundancia cualitativa.

Aunque parezca la expresión de una perogrullada, es obligado hacer notar que sin contenidos informativos de calidad jamás podrá aspirarse a servir un periodismo de calidad. Si un periódico, sea en papel o digital, posee las últimas novedades en equipamiento tecnológico pero en su plantilla abundan los informadores y articulistas mediocres, con una pobre capacidad creativa, sin chispa periodística, difícilmente se alcanzará la excelencia profesional y, lo que es peor, le será imposible ganar credibilidad y situarse en unos altos índices de audiencia. Además, cabe preguntarse qué periodismo de calidad pueden pretender muchas empresas si se valen de la galopante precariedad laboral existente en el sector de la comunicación, con 6.500 periodistas en paro en nuestro país y la persistencia, en muchos casos, de unos bajos salarios que no retribuyen dignamente la exigente responsabilidad social que conlleva el ejercicio de la profesión periodística. Ésta es una realidad que numerosos empresarios y analistas de la comunicación olvidan con demasiada frecuencia.

A modo de resumen, permítanme transcribir tres modestas consideraciones finales. Primera: Con independencia de los soportes tecnológicos que se utilicen, el buen periodismo ha de basarse, hoy y en el futuro, en la elaboración de unos contenidos de calidad. Segunda: La contratación de profesionales cualificados y adecuadamente remunerados es una decisión fundamental para poder invertir en calidad informativa. Y tercera: Hay que esforzarse a diario para no verse envueltos por los mantos de la mediocridad, la incompetencia y la desidia.

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