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Crónica | Festival de Jazz

Lucía Rey dibuja en Es Born un mapa para nómadas musicales

La pianista demuestra en Es Born por qué ha recibido el premio de la Plataforma Jazz España

La pianista, durante la interpretación de «Nómadas», al teclado del keytar. | Foto: Bernat Casasnovas

| Ciutadella |

En apenas dos meses, Lucía Rey ha visitado la Isla en dos ocasiones. La primera, en enero, fue para recoger en el Teatre Principal de Maó el Premio de la Plataforma Jazz España; y la segunda, el viernes, para actuar en el Teatre des Born en el marco del Menorca Jazz Festival. Allí presentó las composiciones de «Nómadas», ese disco que tantas alegrías le está dando en su carrera y que, pese a haberse editado hace casi dos años, todavía tiene mucho camino por delante.

En Ciutadella sonaron las nueve composiciones que lo componen, aunque alterando el orden en el que suenan en el álbum, un trabajo que no llega a los cincuenta minutos, pero que en directo se expande por encima de la hora y media. Y ello es gracias, en parte, a lo comunicativa que resulta sobre el escenario la pianista, a la que se vio muy cómoda durante una velada en la que agarró el micrófono en numerosas ocasiones para hablar al público sobre la esencia de su música.

Dibujó la artista en el Teatre des Born un mapa imaginario para transportar al público a través de sus melodías, guiada por ese espíritu nómada que le caracteriza y con el que lleva viajando por el mundo durante años y alimentando un estilo musical que bebe de fuentes muy diferentes.

El arranque, con la interpretación de «Before falling», ya dejó patente que lo que iba a sonar en la segunda cita del Menorca Jazz Festival 2026 no iba a ser un concierto de corte clásico. La actuación de Rey y compañía estuvo marcada por una energía especial en la que, por momentos, se percibía una actitud cercana al rock.

«Nómadas» suena a muchas cosas y a muchos sitios y estilos diferentes, pero siempre con un sello muy reconocible. Una música que no entiende de fronteras, sino más bien de eliminarlas, de acercar Oriente y Occidente a través de las melodías y un espíritu de hermandad. Palabra esta última que Rey evocó en varias ocasiones durante la velada, recurriendo al arte como ese elemento de unión a través de la fusión de diferentes propuestas, ese mestizaje que tanto defiende la pianista.

Es un disco de trayectoria circular, con principio y final en Oriente, pero que recorre espacios muy diferentes. Una propuesta que arranca con «Siran», que en directo ocupó el segundo lugar del setlist, y que la pianista reivindicó por lo que la palabra en sí representa, un canto al amor. Defendió su propuesta sonora con el acompañamiento de Alberto Brenes a la batería, con una percusión de ecos muy étnicos, y un enérgico Miquel Álvarez al contrabajo. Un trío que en varios momentos de la noche se convirtió en cuarteto con la incorporación del flautista Fernando Brox.

Rey ejerció de artista didáctica durante buena parte del concierto, explicando la esencia y el origen de varias de las composiciones. Ese fue el caso de «El viaje del elefante», tema inspirado en la novela de ese mismo nombre de José Saramago que narra el épico trayecto de un elefante asiático desde Lisboa hasta Viena en el siglo XVI. Un tema que, como en casi todos los que interpretó, juega con la fusión de jazz, flamenco y sonidos orientales. Otro viaje musical en el que la pianista no dejó la ocasión de citar al premio Nobel portugués, quien en su día dijo aquello de «siempre acabamos llegando a donde nos esperan».

También tuvo la artista unas palabras de recuerdo a la figura de su abuela, a quien dedica una canción incluida en «Nómadas», «Daniela». Un homenaje que hizo extensivo a todas las personas mayores que han sido siempre un ejemplo de «valentía». Sin duda, uno de los momentos más emocionantes de la velada.

Fue un concierto en el que hubo espacio para el lucimiento de todos los intérpretes. Rey no dudó en abandonar en varias ocasiones el piano para acompañar a sus colegas al ritmo de las palmas, bailando y moviéndose por el escenario, haciendo que el espectáculo fuera mucho más dinámico de lo que acostumbran a ser los conciertos de jazz al uso. Espíritu que alcanzó su máxima expresión durante la interpretación de «Nómadas», en la que la compositora tocó el teclado del keytar, instrumento que llegó a combinar, en un ejemplo de destreza, con el piano. Una de las piezas más brillantes de la noche, en la que Miquel Álvarez se pasó al bajo eléctrico, mientras la pianista cantaba eso de «tres morillas tan garridas iban a coger olivas».

Siguiente parada en el mapa, un paseo por «las canciones de ida y vuelta», ese particular estilo de flamenco surgido del intercambio entre España y Latinoamérica. Inspiración que llevó a Rey a componer sus «Colombianas gaditanas»: ecos del otro lado del Atlántico y que remiten al pasado de la pianista en Cuba y Estados Unidos, influencias que quedaron bien reflejados en su primer trabajo discográfico, «Reflexión». Un tema con el que comenzó a afrontar la recta del concierto y que culminó con un guiño a un clásico popular, «El manisero».

El cuarteto acabó de conquistar al público con la interpretación de «Aliquindoi», regaló un tema que no pertenece al álbum que presentaba, «Lucerías», y se despidió, acabando de dibujar el mapa musical, con «Oriente». El trepidante broche a una cita que concluyó con la artista invitando al público a tararear la melodía. Otro concierto para seguir agrandando la historia de un festival que continúa caminando firme con 28 ediciones a sus espaldas.

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