Después de moverse durante muchos años por el mundo del juego, las risas y el clown en obras como «Quina pescada!», «Tatanka» y «La maleta», la compañía menorquina Minúcia Teatre se adentra en un terreno nuevo para sus responsables, el del teatro de objetos. «Hemos salido de nuestra zona de confort simplemente porque nos gusta descubrir y experimentar», explica Anselm Serra. Y fruto de ese giro creativo, el próximo fin de semana verá en Maó la luz su nueva producción: «Paraules delicades».
Un estreno un tanto enigmático, con «sorpresa» incluida. Se han programado dos funciones para el sábado 28 de marzo (18 y 20 horas) y otras tantas al día siguiente (17 y 19 horas). Quienes compren la entrada deberán acudir al punto de encuentro, frente a Correos (Carrer Ciutadella, 76), y desde allí serán conducidos al lugar de la representación, del que sí se sabe que será a cubierto. Explica Serra que está todo planificado para que el público pueda seguir la escena «desde muy cerca», por lo que el aforo se limita a 30 personas por pase.
La pieza, argumentan desde la compañía, ofrece una ocasión «única para acercarse al mundo de las palabras, a la importancia de la lengua como parte de la identidad y de la memoria personal y colectiva. Es una invitación a reflexionar sobre cómo las palabras son un tesoro que hay que cuidar y conservar».
Mensaje que llega a través de la historia de Miguel, un joven que parte para hacer el servicio militar a una tierra desconocida y queda prendado por la gente que allí habita, los paisajes y su lengua. «Hay muchas palabras menorquinas que cada vez se usan menos», lamenta Serra, que resume el espectáculo como «una defensa de la lengua», una historia para cuyo texto ha contado con la colaboración de otro artista menorquín, Francesc Florit Nin.
Y es que se puede decir que el universo de Minúcia Teatre crece con este nuevo proyecto, en el que Serra sale de la escena para ocuparse de otras tareas, como la producción, la escenografía y dirección, e incorpora nuevos artistas. En «Paraules delicades», la interpretación recae en el polifacético Joan Taltavull, elegido en este caso por su trabajo como bailarín «y por su dominio de lo gestual», destaca Serra. La incorporación de nuevos artistas se complementa con el fichaje del pianista menorquín para la composición de la música.
Así es como toma forma un montaje que nace de un impulso surgido hace años, el de explorar un territorio nuevo para la compañía: «Es un tipo de teatro que me gusta por lo íntimo que es», resume el director y creador de la obra, quien se ha preparado a conciencia para dar este nuevo paso en la trayectoria de la compañía. Serra ha participado durante los últimos años en cursos impartidos por la artista francesa Katy Deville, pionera en el campo del teatro de objetos y que en 1978 fundó la reconocida compañía Théâtre de Cusine.
El equipo al frente de Minúcia Teatre se está planteando la posibilidad de traducir la obra al castellano, «porque en cualquier lugar siempre hay palabras en peligro de extinción», alerta Serra, con el objetivo de que el proyecto pueda viajar también, como está sucediendo con «La maleta», por diferentes territorios. Un espectáculo para público familiar que tras su estreno comenzará a moverse por ferias especializadas del sector.