Desde que en 2013 se convirtiera en la primera mujer en ganar el prestigioso premio Thelonoius Monk, la figura de la saxofonista chilena Melissa Aldana no ha dejado de crecer en el mundo del jazz hasta convertirse en una de las figuras centrales, y también más innovadoras, de la escena de una de las grandes capitales de ese género, Nueva York, donde reside. No es casualidad que forme parte de la familia del que sin duda es el sello discográfico más icónico del jazz, Blue Note, con cuya compañía su música viaja por el mundo. Ayer cerró en Málaga la gira que ha desarrollado durante este mes por Europa, con paradas estelares en uno de los festivales jazzísticos más antiguos del Viejo Continente, como es el de Bérgamo, y el viernes hizo escala en la Isla para participar en Menorca Jazz Festival.
Sin duda, un lujo para el evento cultural que organiza Jazz Obert, que vio cómo el Teatre des Born se llenó prácticamente en su primer concierto de la primavera, estación siempre asociada al festival de una forma especial. Aldana brilló al frente del cuarteto que lidera haciendo, primero, una exhibición de elegancia musical; y en segundo lugar, demostrando una gran generosidad con sus compañeros, que lucieron con protagonismo propio durante gran parte de la velada.
Algo que hizo especialmente en el arranque del concierto el pianista alemán Pablo Held, autor de los dos temas que sirvieron para lanzar la actuación. «Outriders», una enérgica pieza de dinámica expansiva, y «Mind Waves», con la que cerró un intenso inicio antes de que Aldana tomara el micrófono por primera vez para presentar a la banda que siempre le acompaña. Esta estuvo completada por Pablo Menares, contrabajista Chileno que también se mueve en la escena neoyorquina y que sostuvo con el pulso del contrabajo el recital, y el baterista norteamericano Kush Abadey, a quien es todo un espectáculo ver en directo por la infinidad de recursos que utiliza para marcar el ritmo.
La tercera pieza de la noche, «Dime si eres tú», le sirvió a Aldana para hablar de su último trabajo discográfico, «Filin». Un tema con el que el ritmo del concierto bajó unos enteros para rendir tributo a la tradición cubana del filin (del inglés «feeling»), un estilo lírico de baladas románticas de los años 40-60 que fusiona bolero, trova y jazz. Ese fue el único tema que sonó del álbum en el que reinterpreta clásicos cubanos y en cuya grabación colaboraron dos estrellas que ya han pasado por el Menorca Jazz, como el pianista Gonzalo Rubalcaba y la cantante Cécile McLorin Salvant.
Con la revisión de ese bolero compuesto por César Portillo de la Luz, uno de los pilares del filin, Aldana aprovechó para reivindicar la fusión y el mestizaje que siempre abanderan el jazz aludiendo al espíritu de un trabajo que, tomando la isla caribeña como centro, se alimenta de la música que viene del norte, con Estados Unidos como cuna del género, pero que también se nutre de la tradición del sur con la literatura sudamericana. Y hablando del toque latino, resulta curioso que Aldana, al igual que hace unas semanas hiciera sobre el mismo escenario la pianista Lucía Rey, realizara un fugaz guiño a «El manisero».
Podría haberse dedicado la saxofonista a ‘vender’ su último álbum, como suele ser habitual en estos casos, pero en otro acto de generosidad regaló al público un paseo por otras etapas de su sonoridad. Incluyó el tema «The mist», que aún no forma parte de su discografía. Más protagonismo tuvo en el concierto, en el que tan solo sonaron ocho temas, un álbum clave en su carrera, «12 Stars», el primero que grabó para Blue Note y por el que estuvo nominada al Grammy al Mejor Álbum de Improvisación de Jazz. De ese trabajo sonaron «Blues Eyes», en la que brilló de forma especial la expresividad de su saxo; y en el tramo final, «Los ojos de Chile», una balada con profundidad en la que mira a sus orígenes.
Entre ambos temas sonó un estándar tan icónico como «Lush life», de Billy Strayhorn, del que Aldana aseguró que es una de las melodías más bellas que jamás se han compuesto. Una pieza que sirvió para refrendar, como ya se había podido comprobar durante la velada, lo bien ensamblado que está el cuarteto, que encontró también momentos para jugar y disfrutar de la combinación de sus propuestas individuales. Ese plus que tiene la música en directo y que Aldama reivindicó ante el público de Es Born, que, pese al prematuro encendido de luces, pudo disfrutar de un merecido bis repleto de ese sentimiento tan genuino que protagonizó la noche.