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Necrológica

Fallece Kenneth Draper, un artista de renombre internacional afincado en Menorca

Miembro de la Academia Real de las Artes de Inglaterra, desde 1991, ha estado vinculado con la Isla desde hace 42 años y ha residido permanentemente desde hace 20

Kenneth Draper.

| Menorca |

Este pasado viernes 9 de Mayo, un extraordinario artista de renombre internacional, Kenneth Draper, descansa por fin en su amada Menorca. He tenido el privilegio de ser su amigo y asistir a su fuerza creativa, su extraordinaria humanidad y, al fin, aprender de su arrojo ante las dolencias y acompañarle en su final. Huiré de toda ponderación excesiva que dicha estrecha relación pudiere propiciar. Consigno aquí algunas vivencias compartidas en estos años de estrecha sintonía, y hoy lamento con gran pesar su marcha, aliviado al haber disfrutado de su amistad.

Miembro de la exclusiva y muy prestigiosa Academia Real de las Artes de Inglaterra, desde 1991, Kenneth ha estado vinculado con Menorca desde hace 42 años y ha residido permanentemente en la isla desde hace 20. Sin duda Draper ha sido uno de los más extraordinarios e importantes artistas contemporáneos que haya elegido Menorca como su casa y en ella ha encontrado fuente principal de inspiración. Sólo puedo definirlo como una fuerza creativa extraordinaria de la Naturaleza, cargada de humanidad y bondad extremas. Ken, como así le conocemos sus amigos, tan discreto en su ser, pudo derramar sus dones de manera generosa y exuberante a su alrededor. Tanto artísticos como personales.

Kenneth Draper nace en 1944 en Killamarsch, Derbyshire, Inglaterra. En el seno de una familia poco usual.; hijo de Albert, un minero esforzado en el tajo durante 42 años, y de Dorothy, una mujer de clase más acomodada que renuncia por amor a comodidades; ambos seres sensibles, dotados para la música y volcados en la educación de sus hijos. Desarrolla nuestro protagonista, bien pronto, un talento y una sensibilidad que le acompañarán hasta el final.

Escultor, pintor y dibujante brillante va transformando su estilo hacia lo abstracto, onírico y poético, muy apreciado en sus composiciones en pastel y técnica mixta. Desde sus inicios sus líneas son tectónicas, sus colores telúricos como el paisaje minero que le amamanta. Su compromiso con el metal es innegable en sus texturas pero su obra siempre ha combinado el poder de la fragua primigenia con un acusado sentido del detalle en sus acabados. Es difícil encontrar alguien que haya tratado el cobre obteniendo motivos florales y acabados tan etéreos, como complejos.

Es imposible desligar a Ken de Jean Macalpine; su mujer, compañera de vida, artista a su par y su única y esforzada cuidadora hasta el final. Fotógrafa excepcional, nunca se vio eclipsada por su marido ya que los dos eran uno, como en tal conjunción de astros. Rendir homenaje a Ken es hacerlo a su vez a Jean.

El Académico Real Draper expuso en solitario 22 veces, y 55 junto a otros artistas. Esto nos da una talla del personaje, alguna de sus obras cuelga en el Palacio de Buckingham como colección personal de la Reina Isabel II. No glosaré aquí sus muchos premios internacionales sino invitaré al inquieto a admirar sus obras, muchas de ellas en nuestro entorno.

En su juventud, en una isla casi olvidada en medio del Támesis donde solían reunirse de fiesta, le preguntaron sobre el futuro de unos amigos músicos en potencia, veinteañeros como él, habían decidido formar un grupo. Se llamarían los Rolling Stones. ¡Ken afirmó que tal y como tocaban nunca llegarían a nada!

Por suerte las musas le inspiraron más en el arte plástico, pese a ser un melómano notable…

Hace 40 años, ya en meteórica carrera y previo al inminente traslado de su estudio desde Londres a una Manhattan en efervescencia -como despedida- unos amigos les invitan a Menorca.

Conocemos, por varios ejemplos similares, la catarsis que este profundo y bello error de rumbo obró. Ken y Jean prolongan aquí, bastante más de lo esperado, su despedida de Europa. Quedan fascinados por la isla, cuya belleza casa perfectamente e incluso hibrida con su obra (la cual va a transformar definitivamente) y deciden cancelar el traslado a Nueva York. Sus visitas son cada vez más frecuentes y deciden mudarse definitivamente a esta isla que los acoge, inspira y amalgama en sus paisajes, rocas, mar y luz desde hace más 20 años.

Adquieren y reforman con mimo una bella casa modernista, en el Carrer Gran de Es Castell, otrora propiedad del Sr. Esbert, inspirado artista local, convirtiéndola en su hogar y en museo abierto cada sábado para quien la quiera visitar.

Draper establece su estudio final en Villacarlos, donde duermen sus últimas creaciones inacabadas. Como amigo suyo y médico, atesoro, entre otras obras, su primer dibujo con la mano izquierda. En efecto, a sus 70 años, por el desgaste repetido se ve privado de facultades en su mano dominante, y comienza a trabajar con la contraria. Poco después el temblor asola su cuerpo y ha de sujetarse a sí mismo con estructuras que diseña para contener su pulso, trémulo, pero todavía decidido y brillante. Nada le detiene, hasta poco antes de su partida. No estando ya presente en cuerpo, el mismo día mismo de su muerte, me despedí de él en la mesa centenaria de la cocina de su madre. Traída desde aquella brumosa tierra natal y tiznada por el carbón y metales que acrisolaron su paleta. En esa misma tabla ajada, humilde mueble donde de niño aprendió tanto a comer en familia como a dibujar, rendí homenaje a este gigante sencillo, allí donde no ha dejado de pintar en tiza y pastel, domeñado su cuerpo roto por una mente excelsa y una personalidad tan bondadosa y divertida que no habrá arte plástica que la pueda siquiera reflejar.

May Kenneth Draper rest in eternal peace, and may his memory continue to inspire all who knew him.

1 comentario

user Un | Hace 2 horas

impresionant !!!! Descansi amb pau.

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