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De aquí a final de año se ejecutarán 17 proyectos incluidos en el Fondo Estatal de Inversión Local

Maó, patas arriba

El inicio de las obras a las puertas de la temporada turística desanima a comerciantes y vecinos

Sa Rovellada. El socavón en la confluencia con la calle Sol es considerable.

L.M.F. Maó
Arrinconada por las primeras vallas y minada por el ruido de los primeros martillos neumáticos, la comprensión de los vecinos y los comerciantes de Maó se ha desvanecido cuando las obras que se reparten por la ciudad no han hecho más que comenzar. Las ventajas que se derivarán del ambicioso programa de actuaciones puesto en marcha con motivo de la aprobación del Fondo Estatal de Inversión local, se olvidan pronto con la calzada reventada frente a la puerta, las plazas de aparcamiento desaparecidas, el polvo enseñoreándose de los comercios y el miedo en el cuerpo de quienes ven peligrar los ingresos de la temporada turística apenas estrenada.

"Dime ahora dónde aparco- se lamenta un vecino de Josep A. Clavé- por no decir la mala imagen que damos a los turistas". "Y más aquí, ésta es una vía clave de Maó y comienzan justo cuando lo hace la temporada turística", apostilla otro. Ambos conversan a la puerta de un establecimiento de alquiler de coches, con la mirada puesta en los obreros que trabajan justo en frente. "El negocio no es mío pero a los propietarios les han fastidiado porque ahora empieza la temporada y aquí entra mucha gente que se fija porque pasa en autobús. ¿Quién entrará ahora con todo levantado?¿Dónde aparcan el coche que alquilan?¿Dónde se lo entregan?", se preguntaba otro.

Pese a reconocer que el Ayuntamiento había celebrado una reunión para explicar por qué se ejecutaban ahora las obras, los tres insistían en que éste no era un buen momento para comenzarlas. El mismo sentimiento se palpaba en Josep Maria Quadrado, otra de las principales vías de acceso a la ciudad. "No es momento, encima con la crisis que hay. Deberían haberlo planteado de otra manera porque confiábamos en la temporada turística para recuperarnos del mal invierno que hemos tenido", reconocía Mari.

La responsable de Don Vaquero advertía, asimismo, sobre el peligro que para los viandantes, principalmente escolares y madres con cochecito de bebé, tuviesen que bajar a la calzada y transitar al mismo nivel que los coches. A su lado, otra dependienta se quejaba de la vuelta que tenía que dar para ir y volver desde su casa al trabajo.

Idénticos argumentos -crisis e inicio de la temporada- más la comodidad -"la gente si puede aparca delante de la puerta", reconoce- eran esgrimidos por Mónica, de Berrocal, para criticar la inoportunidad de las obras. "Luego quedará muy bonito pero mientras tanto lo vamos a notar y mucho. No queda otra que aceptar las cosas como vienen y aguantar".

Al descontento por las molestias y la resignación, expresada por otros vecinos de Duque de Crillón o Sa Rovellada, se sumaba el escepticismo sobre la finalidad social que alumbró el Fondo Estatal de Inversión Local, a través del cual se financian las actuaciones. "No sé yo si gracias a las obras entrarán 40 trabajadores pero nos iremos a la calle 50", reflexionaba Montse Pons detrás de la barra de la cafetería Quadrado. A las puertas, un inmigrante comentaba que le parecía un gasto desmesurado. "Todo este dinero debería de emplearse para ayudar a las familias con dificultades", afirmaba.

En clave mucho más optimista se expresaba María Dolores Bagur. "Como soy del barrio de toda la vida me encanta que todo esté aseado. A mí me hablan de un solo carril, de luz, árboles y bancos y me parece perfecto y entiendo que todo no se puede hacer de golpe, ahora, si con todo arreglado, dentro de seis meses vuelven a abrir, esto no me parecerá bien".

En términos parecidos lo hacía otra vecina de Maó. "Para los turistas que todo esté en obras no me gusta, pero para los que vivimos todo el año significa que vamos a mejorar y eso está bien".

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