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Menorquins al món

«En Dubái no tienen limitaciones»

Una joven menorquina, María Ollero Sunyer, trabaja como 'hostess' y relaciones públicas en el restaurante Social by Heinz Beck

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Decir Dubái es evocar de inmediato el lujo y la desmesura sin complejos de un destino turístico que busca precisamente eso, llamar la atención y no ponerse límites.

Esta ciudad del Golfo Pérsico, cuyo aeropuerto desbanca ya en crecimiento de pasajeros a Londres o París, es ambiciosa. Y famosa por crear instalaciones, islas artificiales, en forma de palmera, que albergan hoteles de ensueño y centros comerciales donde entregarse al consumo.

Una joven menorquina, María Ollero Sunyer, trabaja como hostess y relaciones públicas en el restaurante Social by Heinz Beck, el renombrado chef de La Pérgola en Roma (tres estrellas Michelín) y que ahora ha abierto local en el hotel Waldorf Astoria Palm Jumeirah de Dubái; un cinco estrellas del imperio hotelero Hilton.

¿Cómo llega una joven de Es Mercadal a una isla en el mar de Dubái?
— Trabajaba en Menorca para Jumbo Tours y estaba muy contenta, pero buscaba algo para continuar mi carrera profesional y más estable, todo el año; aparte tenía ganas de ir al extranjero. Solicité empleos en todas las webs de turismo que encontré y dos meses después, un día temprano, me llamaron desde Dubái. Ya casi ni me acordaba de qué oferta era pero cuando supe que se trataba de la cadena Hilton me interesó muchísimo.

¿Qué diferencia a esta empresa de otras del sector?
— Es una de las cadenas más importantes del mundo y dentro del sector yo creo que una de las mejores, si no la mejor. Tiene hoteles alrededor del mundo, diferentes marcas y está todo muy estructurado. Y cuando ya supe que era Waldorf me interesó mucho más.

¿Es mejor que sus experiencias laborales anteriores?
— Es diferente, hay muchísima diferencia, esto es a gran escala, hay un departamento para todo, cada persona tiene un puesto y una actividad concretas. En cuanto al tipo de turismo que se ofrece aquí es totalmente de experiencias y sensaciones, y por supuesto de compras, aquí puedes encontrar todo, todo, todo.

¿Fue difícil lograr el puesto?
— Tuve que pasar tres entrevistas en inglés por Skype, un test psicotécnico, otro de matemáticas y otro de inglés y al final lo conseguí. Y eso que aplacé mi incorporación porque me salió otro proyecto en Ibiza. Pero no fue lo que esperaba y cuando volví a llamar a Dubái ellos, muy amables, me dijeron que seguían interesados. Así que me fui.

¿Cómo fue su llegada? ¿Notó un choque cultural?
— Estaba bastante mentalizada de que iba a un país árabe y confiaba en la cadena, pero aún así reconozco que sentía algo de incertidumbre. Y cuando llegué -después de más de 20 horas de vuelo y escala en Estambul-, y vi a todos los hombres vestidos de blanco con su turbante..., me impactó.

(La indumentaria tradicional del hombre dubaití es la túnica o dishasha y en la cabeza el guthra)

Como destino turístico imagino que estará occidentalizado...
— Sí, yo visto normal; hay free zones, áreas en las que puedes hacer de todo, y otras, en las que hay más residentes o cerca de las mezquitas, en las que tienes que ser más respetuosa, cubrirte los hombros y llevar faldas largas. Las mujeres árabes visten sus vestidos largos y se cubren, yo creo que en función de lo que diga su marido; algunas van con el burka entero, otras destapadas, a otras solo se le ven los ojos. Ahora, pueden ir tapadas, pero no pasan desapercibidas.

¿A qué se refiere?
— Pues a que usan túnicas de marcas como Yves Saint Laurent, siempre llevan lo último en calzado, bolsazos caros de Louis Vuitton y un perfume exagerado. Se maquillan y se perfuman mucho.

¿El lujo está en la calle?
— Sí, sí, sí, aquí es muy normal ver circular coches como Ferrari, Dodge, Lamborghini, Maserati..., además, los dubaitíes no suelen trabajar en hoteles y restaurantes, tienen empresas, ocupan altos cargos y reciben muchas ayudas de su gobierno.

Pero no es oro todo lo que reluce. Al margen de las diferencias culturales, afirman que hay gente en condiciones laborales muy malas, casi de explotación...
— Yo sé que soy una privilegiada, y tampoco quiero dar la sensación de que todo es tan fácil. Dubái está en auge y expansión, pero si alguien quiere venir a trabajar debe tener mucho cuidado con la posición en la que viene. En mi caso, estoy aprendiendo muchísimo, en mi trabajo los europeos estamos muy valorados, nuestro perfil es importante para ellos. Pero también hay mucha mano de obra barata, de India, Marruecos o Sri Lanka, hay que decirlo.

¿Cómo es su vida allí?
— Vivo a media hora del hotel, el Waldorf Astoria Palm Jumeirah, que está en una isla artificial,la primera construida. Resido en una zona especial para trabajadores, cada uno, según su puesto, tiene una acomodación. Yo dispongo de una habitación doble para mi sola, todo está pagado, la comida también. Hay tienda las 24 horas. cafetería, lavandería, gimnasio, sala de juegos, internet, autobuses gratis al hotel, centros comerciales y todo tipo de actividades de ocio y de deporte.

Veo que les cuidan...
— Mucho, desde el departamento de Recursos Humanos nos cuidan mucho, sí. Incluso me dieron una fiesta de bienvenida y también celebramos la fiesta del empleado del mes. Vivo en la zona de tierra firme y trabajo en la isla artificial donde está el hotel.

¿No le costó adaptarse?
— Al principio sí, lloré al llegar, fue difícil, estaba muy negativa. Pero ahora, después de dos meses, estoy genial. Dubái es una ciudad preciosa, es una capital totalmente artificial pero a mi me encanta, por lo moderna que resulta. Tienes todo el ocio que quieres, no hay tiempo para aburrirse. Y no tengo ningún problema para moverme en taxi o transporte público como mujer.

Como destino, está en las antípodas del turismo que usted acostumbraba a ver...
— Sí, es un turismo de sensaciones, compras, mezclado con la cultura oriental, exótico y atractivo; aquí hay turismo familiar pero menos, puesto que hay más turismo de negocios y de pareja. Tampoco veo muchos españoles. De hecho, en la plantilla soy la única y entre los clientes, lo que más abunda son rusos y americanos, del norte y del sur. No he visto españoles alojados en el Waldorf Astoria, aunque sí entre los clientes que vienen al restaurante.

¿Cómo ve la ciudad de Dubái en un futuro?
— No tienen limitaciones y todo está hecho con sumo buen gusto. Tienen el petróleo pero se están centrando mucho en conseguir dinero del turismo y del mundo del lujo, es su objetivo, es de lo que quieren vivir en el futuro. Me han dicho que hace unos años se notó un estancamiento, pero ahora esto está realmente a tope, en auge, con el turismo y con la preparación de la Expo.

(El emirato se prepara para ofrecer una Exposición Universal espectacular en 2020 y tiene en marcha el proyecto de creación de un archipiélago artificial que reproduce el mapamundi).

¿Qué es lo que añora de su isla, la natural?
— Añoro la comida, aquí todo es más picante, de tipo oriental. Y el calor es duro, ahora estamos a 30 grados pero en poco más de un mes podemos llegar a los 45 grados, pero por otro lado el aire acondicionado es brutal, y como paso mucho tiempo dentro de instalaciones, no sufro tanto el calor.
Menorca siempre está ahí, no la puedo soltar, es donde nacíy crecí, me gustaría algún día regresar y también devolverle algo profesionalmente. Trabajar en el sector turístico, en el que creo que hace falta gente joven pero a la vez con experiencia, ayudando a desarrollarlo de forma atractiva. Desde aquí se tiene otra perspectiva.

¿Se plantea regresar a la Isla a medio plazo?
— No, ahora no, ahora mi objetivo es mejorar en idiomas, ser totalmente bilingüe en inglés, y mejorar profesionalmente muchísimo. Aprender de una cadena hotelera sólida como es Hilton, estar alrededor de un año en Dubái y después ir a cualquier otro sitio. Encontrar trabajo en cualquier lugar del mundo.

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