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Un consumo débil pasa factura al calzado de Menorca con la bajada de producción y ventas

La abarca supera por primera vez al calzado tradicional en número de pares fabricados y continúa en ascenso

Clientas de una zapatería especializada en abarcas, el segmento del calzado que más crece | Javier Coll

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En 2018 salieron menos zapatos de las fábricas menorquinas, en total 1.445.711 pares, lo que representa un 3,5 por ciento menos que el año anterior, aunque el comportamiento no es el mismo para cada segmento. El calzado encadena tres ejercicios de descensos en la producción, de los 772.378 pares de 2016 pasó a 759.730 en 2017 y a un total de 687.055 en 2018; la fabricación descendió el año pasado un 9,57 por ciento respecto al año anterior. La abarca sigue una tendencia claramente a la inversa, con aumentos del 9,26 por ciento en 2017 y del 3,35 por ciento en 2018, tanto es así que por primera vez la producción de esta sandalia típica menorquina –modernizada en diseño y materiales–, ha superado en la Isla a la producción del calzado tradicional.

Las ventas del sector en general también han bajado, aunque menos que la producción, un 7 por ciento, lo que significa que el calzado menorquín se ha vendido a un precio más elevado.

El presidente de la Asociación de Fabricantes de Calzado de Menorca, Juan Carlos Fernández de Salort, valoró este miércoles los datos del último estudio de producción sin caer en el derrotismo. «No son datos que nos alegren pero no estamos fatal, hay otros competidores nacionales, en zonas como Alicante, que están peor», declaró, «esto es un reflejo del momento que nos toca vivir».

Un momento en el que el consumo está débil, «es la tónica general del comercio mundial, no es algo de Menorca», y marcado por la incertidumbre debido a factores como la inestabilidad política, la guerra comercial entre China y Estados Unidos, el brexit y el temor a una nueva crisis económica. A todo ello se suma la dura competencia de las grandes cadenas, «el mayor productor de calzado es Zara», afirma Fernández de Salort, «no me quejo, no me preocupa que fabriquen, pero tienen más armas que nosotros».

El estudio constata asimismo un descenso en las ventas (de todos los tipos de calzado) del 7 por ciento, de los casi 67 millones de euros de 2017 a un total de 62,1 millones el año pasado. El mercado nacional registra un recorte más acusado de la facturación, un 14 por ciento, mientras que las exportaciones, que suponen un 60 por ciento de las ventas, también rompen una evolución positiva y bajan en 2018 un 1,70 por ciento.

El capítulo del transporte merece una mención aparte, debido al alto coste que supone para las empresas manufactureras menorquinas. De hecho, produciendo y llevando fuera de la Isla un menor volumen de calzado, el coste del transporte ha aumentado un 3,19 por ciento, pasando de los 2.218.192 euros pagados en 2017 a 2.289.041 en 2018.

«Hemos sacado menos pares y gastado más en transporte, Menorca no es el lugar más idóneo para fabricar, hay una diferencia de hasta un 10 por ciento en precio si estás en Barcelona», se lamenta Fernández de Salort, porque además son necesarios varios viajes, durante el proceso de fabricación, hasta que el zapato acabado sale definitivamente al mercado.

Aún así, el presidente de la asociación recuerda que el sector realiza el esfuerzo de continuar y no ha reducido personal. En 2017 las fábricas daban empleo a 698 operarios y en 2018 prácticamente continuaron estables, con 678 trabajadores. «Creo que eso debería ser tenido en cuenta por la Administración», señaló.

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