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Granjas marinas: la alternativa del GOB para reconvertir el sector de la pesca de arrastre

El grupo ecologista subraya la necesidad de aplicar un nuevo concepto de la producción marina para afrontar un futuro inmediato con más restricciones

El puerto de Maó, escenario del cultivo del mejillón  | M. BARRO

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Regeneración, no explotación. Esta es la clave para la búsqueda de alternativas a la pesca en un futuro inmediato, entre ellas la actividad de las barques del bou que cada vez está más condicionada con nuevas medidas restrictivas para presrvar el fondo marino. Una de estas opciones muy bien puede ser la puesta en marcha de granjas regenerativas marinas, con el cultivo de algas y mariscos. «Se trata de dar la vuelta al concepto de pesca, antes en la Isla se comía el pescado de pequeño tamaño y, en cambio, ahora se come el pez gordo, que es el gran depredador y tiene poca capacidad reproductiva», señala Miquel Camps, coordinador de Política Territorial del GOB.

Las granjas marinas presentan unas características que las hacen más sostenibles que las tradicionales piscifactorías, dado que se basan en el cultivo de algas muy nutritivas y marisco, en las que no se utilizan piensos ni antibióticos. Por otra parte, debe destacarse que las granjas son unas instalaciones que no requieren un gran espacio, por lo que tampoco necesitan una gran inversión económica. «El puerto de Maó siempre había sido un puerto mariscador, hace unos cincuenta años se solía coger escopinyes, era una práctica habitual. Es un espacio que es muy potencial para esta actividad regenerativa», afirma Camps.

Las granjas regenerativas marinas tienen la particularidad de captar los nutrientes del mar y es una actividad que se practica con éxito en Norteamérica y en algunas partes de Sudamérica.    Además, el sector de la restauración nacional ya empieza a concienciarse de la necesidad de ofrecer nuevos platos cuyos productos no estén ligados con la pesca tradicional extractiva. Como ejemplo de esta nueva concepción de gastronomía, Camps menciona al restaurador gaditano Ángel León, que defiende y practica una cocina cuyos productos van más allá del pescado, como el placton, las huevas de liebre de mar y las algas con sabor a vainilla.

«Ángel León, que es un apasionado de la costa marina y militante ecologista ofrece nuevos platos a partir de especies que tienen una gran capacidad de reproducción, además de plantas del mar, una especie de cereales, que se pueden cultivar en una zona poco profunda y que son altamente nutritivas», señala Camps.

Obstáculos

No obstante, la opción de promover nuevas actividades marinas, en este caso en el puerto de Maó, requiere una serie de actuaciones concretas que el GOB concibe como prioritarias para que dichas actividades puedan ser viables. La primera, acabar con el vertido diario en la Colársega de agua marina que la central térmica utiliza para la refrigeración de los tres motores diésel, que es mezclada con cloro para eliminar la vida silvestre que intenta crecer en los conductos por donde sale el agua calentada.   

La segunda, ejercer control más estricto de los productos tóxicos utilizados en la explanada de varada donde se realizan las labores de mantenimiento de las embarcaciones.

Y la tercera, la lucha contra los vertidos incontrolados en la rada, que se materializan con grandes manchas de aceite y gasoil, cuyo origen es aparentemente desconocido, pero que resulta una agravante más en la preservación de la pureza de las aguas del puerto.

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