El mercado de las fincas rústicas, que eclosionó en 2022 cuando los inversores franceses se lanzaron a comprar en Menorca, ha tocado techo e iniciado un descenso en las transmisiones debido a que hay menos producto y el que queda es mucho más caro. Los llocs más atractivos, aquellos que tenían vistas y acceso al mar, o que permitían ligar la inversión a algún tipo de proyecto, como el alojamiento rural, ya se vendieron; ahora mismo escasean y los precios son altos, pese a que la mayoría necesita reformas de calado antes de convertirse en el retiro soñado por sus millonarios compradores.
No es un problema de falta de interés o de crisis en el mercado, los negocios inmobiliarios consultados por «Es Diari» coinciden en señalar que la situación es estable y que han cerrado un primer semestre de 2024 en positivo, lo que sucede es que la oferta en la Isla es limitada, el inventario de casas rurales es finito y eso repercute en las ventas.
El último informe del Institut Balear d'Estadística (Ibestat) sobre transmisiones indica que en la primera mitad del año han cambiado de titular 167 fincas rústicas en toda Menorca, siendo enero el mes que más movimientos registró con 38 traspasos. Dicha cifra supone un descenso de cerca del 30 por ciento respecto al primer semestre de 2022, año en el que se experimentó el fuerte crecimiento de los compradores franceses, con 238 fincas rústicas transmitida entre enero y junio.
En 2023 ya se notó el descenso, con 202 llocs que cambiaron de propietario en los seis primeros meses del año. En términos absolutos, en 2024 se han transmitido por ahora 35 fincas menos que el año pasado y 71 menos que el anterior, 2022, durante el mismo periodo de tiempo. Es el inicio de una tendencia que viene marcada por el agotamiento del surtido de fincas en el campo y porque las que quedan cada vez se venden más caras.
«Las fincas disponibles son menos atractivas, las mejores, aquellas con vistas al mar o con casas importantes, ya se han vendido, el mercado es limitado, escasea el producto y por tanto, es más caro», explica José Carrasco, director general de la agencia Ses Moreres, especializada desde hace 25 años en las ventas de fincas exclusivas.
«Falta producto en todas las tipologías y después de los años 2021 y 2022 también se nota que faltan fincas, las que tenían una posición clara, con vistas al mar o predios de grandes extensiones, en los que realizar proyectos, se han vendido, y si no hay producto este se encarece», señala José Pons Yela, director comercial de Fincas Bonnin Sanso. Este profesional también achaca el descenso de las transmisiones que refleja la estadística al hecho de que hay menos producto, y no a un problema de mercado, «si no hay fincas rústicas los compradores van más hacia chalés y también los palacetes urbanos», apunta.
Mónica Pons Morales, fundadora y CEO de la agencia Pons Morales, confirma que acaba de vender una de las últimas fincas en cartera que tiene acceso al mar «estoy de acuerdo, ya no quedan», aunque añade que este primer semestre ha sido «muy bueno» para el negocio, con una elevado cuota de mercado; las propiedades que ha vendido, en cuanto a extensión de las fincas, van desde las siete hectáreas a las 180, y en cuanto a los clientes, son variados, británicos, americanos, algún asiático «mucho español y menos franceses que en los últimos años». Y eso que, señala Pons Morales, la burocracia es un freno para la compra de esas grandes casas en Menorca, «complica tanto la inversión como el disfrute, muchas de esas fincas están en ruina y necesitan tres o cuatro años para ser restauradas», no solo porque muchas se someten a una minuciosa rehabilitación y redecoración, con el tiempo de obras que eso conlleva, sino también porque al estar en suelo rústico cualquier actuación está sujeta a una restrictiva normativa urbanística.
Isabel Petrus, veterana del sector y directora gerente de la inmobiliaria Casas en Menorca, también señala esa falta de producto como principal causa del descenso de transmisiones de fincas rústicas este año, «se han vendido las mejores, las que eran una primera opción porque por ejemplo permitían una explotación turística y agrícola, se vendieron muchas así y ahora eso es más complicado», declara, «falta producto de todo tipo, también en suelo urbano».
El negocio no será como estos últimos tres años, opina Petrus, quien tiene su teoría sobre las personas que invierten en la Isla «o se enamoran o buscan una renta» pero ahora mismo «las mejores fincas en el mercado se han vendido». «Menorca no se la va a llevar nadie, las casas se restauran y no se hacen destrozos, pasan de mano en mano tanto si son de ingleses como de menorquines», asegura. También hay propiedades ya restauradas que vuelven al mercado, pero la cifra está dentro de la normalidad, no hay una fuga, y lo habitual es que lo hagan a un precio todavía más elevado. «La desinversión existe pero es normal, en los clientes extranjeros suele coincidir con un momento vital en el que deciden regresar a sus países de origen y otros toman el relevo, siempre ha pasado por ejemplo con los británicos», explica José Pons Yela.
Està bé sebre ses opinions dels que han ajudat i prostituït el camp menorquí, però a jo no em serveixen per res. Es mal ja està fet!