El Consejo de Ministros aprobó el pasado mes de abril un real decreto que garantiza una alimentación saludable y sostenible en los centros educativos, y que, además, obliga a los colegios a ofrecer menús especiales a las familias que los soliciten por «motivos éticos o religiosos», y no solo por prescripción médica. De esta manera, la medida obligará a las escuelas de Menorca a servir alternativas para los alumnos musulmanes y vegetarianos, algo que, en la práctica, ya sucede en muchos comedores.
Hasta ahora, la disponibilidad de este tipo de menús dependía de las comunidades autónomas y de los colegios, pero con la nueva regulación se establece un marco unificado para todos los centros públicos, concertados y privados.
Diversidad en los comedores
La nueva ley llega en un momento de cambios sociales y creciente complejidad en los comedores escolares, debido al aumento de familias que solicitan menús adaptados a sus creencias religiosas o convicciones éticas, pero también por el auge de alergias e intolerancias alimentarias. Todo ello ha hecho que la tradicional carta única que ofrecían las escuelas hace veinte años haya dado paso a un modelo más cercano a los menús a medida. «Nosotros podemos llegar a servir hasta 25 menús diferentes en un mismo día», asegura Núria Calafat, administradora de Barber i Sintes Menjadors, que elabora las comidas para numerosos centros educativos de Maó y Es Castell.
Calafat explica que en las escuelas de Maó ya hace muchos años que se sirven menús sin cerdo para las familias musulmanas, aunque no se llega a ofrecer carne halal, es decir, sacrificada según los ritos prescritos por el Corán. Además, constata que cada vez son más frecuentes los alumnos que son intolerantes al gluten o la lactosa, o tienen alergias al marisco, los huevos o la soja, entre otros alimentos.
El aumento de la complejidad en los comedores también lo confirma Paqui Sintes, gerente de la empresa Menjadors Sant Lluís, quien explica que, en su caso, disponen de un horno especial para los celíacos y cada día ofrecen varios menús. «Las alergias y las intolerancias se han disparado, aunque las familias no siempre traen un informe médico. También van en aumento las nuevas tendencias culturales, como el vegetarianismo y el veganismo», señala. Todo ello implica un mayor trabajo en la cocina y una planificación más compleja, que se ve dificultada por el hecho de que muchos alumnos solo se quedan a comer en días puntuales. «Antes los niños comían en la escuela toda la semana, pero ahora vienen un día sí y otro no», añade.
En el poniente insular también tienen que adaptar los menús a diario, lo que supone una mayor carga de trabajo que no siempre se puede compensar, debido al precio máximo marcado por la Conselleria de Educación: 6,85 euros para los alumnos fijos y 7,55 euros para los eventuales. «Ahora los comedores escolares son un self-service», ironiza Pilar Adzerías, responsable de Floma Alimentació, empresa que presta servicio a las escuelas de Ciutadella. Adzerías asegura que, de momento, ellos no ofrecen menús vegetarianos, aunque sí atienden a familias musulmanas. «Si ahora nos exigen más, no tendremos más remedio que aceptarlo», admite.
JousSé el primero prfavor.