Hoteles, supermercados y restaurantes fueron algunos de los sectores más afectados del apagón sufrido este jueves en la urbanización de Platges de Fornells y en los núcleos de la costa norte de Maó. En los hoteles se recurrió a velas y lámparas autónomas hasta que se activaron los generadores. Los servicios de cena y desayuno se pudieron ofrecer, aunque con limitaciones y sin la normalidad habitual.
Uno de los puntos más críticos fueron las cámaras frigoríficas, llenas de género. La consigna fue clara: no abrirlas para evitar la pérdida de frío y conservar los alimentos en el mejor estado posible. En los supermercados de Platges de Fornells, esta situación obligó a mantener los establecimientos cerrados hasta las 11.30 h del jueves y los clientes que acudían se encontraran con las persianas bajadas.
Finalmente, en los restaurantes la situación fue similar. Algunos tuvieron que hacer inventario para valorar qué productos podían salvarse. Otros, en cambio, ya contaban con generador propio, conscientes de que este tipo de apagones no son nuevos en la zona.
«Tendremos que tirar alimentos»
Más allá de las cifras, los apagones obligaron a vecinos y comercios a improvisar soluciones para poder seguir con su actividad. En el restaurante Cap Roig, de Sa Mesquida, lograron mantenerse en funcionamiento gracias a un generador propio. «Este tipo de cortes son frecuentes en Sa Mesquida, sobre todo en verano por el aumento de consumo eléctrico», explican. Sin embargo, ni siquiera esa previsión fue suficiente: la bomba de agua conectada al generador dejó de funcionar, y tuvieron que atender las cenas con los servicios mínimos operativos.
En Platges de Fornells, el Bar Okapi comenzaba a contabilizar las pérdidas por productos frescos echados a perder. «Tendremos que tirar alimentos, sobre todo frescos. El objetivo ahora es priorizar la salud de nuestros comensales», aseguraban desde el establecimiento mientras valoraban cómo afrontarían la tarde.
Los supermercados Ses Vinyes y Calafi de la misma zona tomaron la decisión de no abrir hasta que el suministro quedó garantizado. «Hemos estado cerrados hasta las 11.30 horas, cuando por fin empezó a funcionar el generador instalado por Endesa», explicaban.
No todos, pero, tuvieron la misma suerte. En el hotel Comitas Tramontana Park, también en Platges de Fornells, no se recuperó la luz hasta las 16.20 horas, casi cinco horas más tarde que el resto de la zona.
En Cala Llonga, el hotel de la urbanización tuvo que echar mano de velas, lámparas autónomas y cocinas de gas para poder ofrecer la cena a los huéspedes. Desde la dirección dejaban una reflexión: «Tendríamos que repensar qué uso hacemos de la electricidad y lo dependientes que somos de ella».
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