La expansión de la economía menorquina iniciada en 2023, sobre los rescoldos de la crisis de la covid y tras la invasión de Ucrania, empieza a dar signos de agotamiento. La Isla funciona a pleno rendimiento en los meses de verano, con récords en el consumo energético, transporte y turismo, pero se recorta el margen para seguir expandiéndose por esta senda. Es la conclusión más destacada del análisis del tercer trimestre de 2025 elaborado por el Cercle d’Economia de Menorca en colaboración con el Institut Menorquí d’Estudis.
El informe, que puede consultarse íntegro en este enlace, señala tres grandes tensiones que condicionan el futuro inmediato de los menorquines, como la dificultad para cubrir las plantillas de trabajadores, el aumento del coste de vida con el acceso a la vivienda como primera preocupación de la población y la estacionalidad de la actividad turística que es el motor de la economía insular.
La falta de mano de obra, señala el diagnóstico de los economistas Joan R. Sánchez y David Serra para el Cercle, se ha convertido en un «freno estructural», con la afiliación a la Seguridad Social en máximos históricos (45.383 personas trabajan legalmente en la Isla durante el pico estival) y un mercado laboral que roza la plena ocupación con apenas 1.597 parados. Empresas de sectores clave como la construcción, hostelería o los servicios no encuentran personal para cubrir las necesidades de su actividad.
El remate del acceso a la vivienda
La tensión del mercado laboral por la escasez de trabajadores se agrava por las dificultades en el acceso a la vivienda, con aumentos de precio de entre el 120 y el 160 por ciento en la última década, todo ello con un parque de pisos para residentes que apenas ha credido en este tiempo. Un panorama que ahuyenta a la mano de obra de fuera de la Isla y que frena el crecimiento de las empresas locales.
«Se dibuja un tejido empresarial robusto pero estancado», apunta el informe, «que refleja las limitaciones estructurales de un sistema económico muy condicionado por la estacionalidad y la incapacidad para atraer nuevas actividades productivas que aporten mayor valor añadido».
Con todo, la expansión demográfica ha sido un hecho incontestable en este tiempo. El análisis del Cercle d’Economia y el IME menciona los datos facilitados por el profesor de la UIB Pere A. Salvà, donde se constata que Menorca ha pasado de los 75.296 habitantes de 2001 a superar ampliamente la barrera de los 100.000 en esta década, con 27.584 nuevos residentes de la mano, en un 80 por ciento, de la migración.
Mejorar la renta per cápita, clave
«Si la economía menorquina mantiene ritmos de crecimiento moderado», señala Joan Sánchez, «la renta per cápita tendirá a reducirse, tensionando todavía más la capacidad de la Isla para generar bienestar». Una tendencia que aleja a la población residente del acceso a la vivienda mientras aumenta la demanda de los servicios públicos esenciales y de las infraestructuras necesarias para atenderla.
Las previsiones actuales apuntan que 2025 se cerrará con un crecimiento anual cercano al 2,5 por ciento en la Isla. Un escenario de madurez en que la calidad de este crecimiento y la capacidad para afrontar los retos de fondo que tiene Menorca se auguran determinantes.
Hasta aquíNo volies arguments? Perquè t'han cobert d'arguments. També t'han dirigit alguna pulla, però res a veure amb la relació d'exabruptes i la falta d'idees que sols exhibir per aquí.