Si una cosa tienen clara en el equipo de gobierno del Consell insular es que no quieren repetir la experiencia de gestión pública de un parque eólico, vistos los dolores de cabeza y el déficit económico que Milà provocó en el último tramo de su vida útil. El presidente de la institución, Adolfo Vilafranca, subrayó ayer durante el acto oficial de inicio de los trabajos de desmantelamiento que «si se construye un nuevo parque, se sacará a concurso su gestión», para que sea una empresa privada la que se haga cargo, más allá de que el promotor de la infraestructura sea el Consorcio de Residuos y Energía de Menorca.
Lo que se quiere evitar es básicamente la burocracia. En los últimos años de funcionamiento del parque, la administración insular se ha encontrado con enormes problemas para adjudicar labores de reparación, procesos muy condicionados por la falta de agilidad que supone el cumplimiento de la normativa de contratación pública. Este ha sido uno de los habituales lamentos que han expresado los sucesivos responsables del Consorcio.
Más allá de la gestión del hipotético futuro del parque de Milà, que está –nunca mejor dicho– en el aire, Vilafranca aseguró que el desmantelamiento de los viejos molinos marca el inicio de una hoja de ruta «hacia una transición energética sostenible que contempla, entre otros objetivos, la valoración de nuevos proyectos renovables en la zona de Milà». En ese sentido, acompañado del vicepresidente y conseller de Medio Ambiente, Simón Gornés, no solo mencionó la posibilidad de instalar nuevos aerogeneradores, sino también de poner en marcha instalaciones fotovoltaicas e incluso sistemas de acumulación de energía, baterías. En cualquier caso aseguró que se hará «con máximo respeto por el territorio y el medio ambiente».
Cuan mas lejos de politiqueros muevelenguas lo hagan, mejor posibilidad de que funcione.