Antoni Servera Comellas (1965) celebró recientemente su 60 cumpleaños, que a su vez implicó regalarse la jubilación después de tres decenios empleado en la Sociedad Estatal Correos y Telégrafos –conocida coloquial y generalmente como Correos–, esencialmente en la oficina de Ciutadella, su hogar. Pero la suya no ha sido una salida o baja en plantilla cualquiera.
No en vano, se trata del último trabajador en calidad de funcionario que la entidad pública ha tenido en Menorca, lo que le convierte en un perfil singular, también porque su persona enhebra pasado y futuro, el antes y el después de una institución que empezó a contar con una estructura homogénea en el siglo XVI y cuya transformación, desde los años 90 hasta la actualidad, en paralelo a la que ha experimentado la sociedad en su práctica totalidad, ha sido colosal. Así nos lo cuenta Antoni Servera Comellas, el último en su ‘especie’.
Orígenes
«Empecé en Correos en 1997, aprobé las oposiciones y me mandaron a Sant Boi, pues aún no había plaza en Ciutadella», rememora sobre sus orígenes en lo que durante tres décadas ha sido su profesión. Con antelación, hizo de albañil, «hasta los 30 años», en ocasiones como autónomo, «pero había nacido mi primer hijo, mi mujer esperaba el segundo de los tres que tenemos, quería una mayor estabilidad laboral y poder conciliar mejor mi vida familiar», evoca. Tras su paso por la localidad barcelonesa, nuestro protagonista regresó a la Isla.
Es Migjorn Gran, donde trabajó un par de meses, antecedió su incursión en la oficina de Ciutadella, en casa. El siglo XX agonizaba y la estructura y logística de trabajo de Correos era, todavía, plenamente manual, aunque en el umbral de la digitalización.
«Internet vino después, entonces todavía manejábamos 7.000 u 8.000 cartas diarias, ahora son menos de 500», una metamorfosis que se ha hecho extensiva a los propios locales de Correos, que en el presente lucen más como un servicio de paquetería donde además se «venden libros, bolígrafos o se hacen seguros».
Y se extiende al respecto Servera Comellas. «El cartero tradicional ha cambiado, quizá he sido de los últimos a la antigua usanza, antes te conocía todo el barrio. Yo he cuidado a gente mayor, recién nacidos, he cambiado bombonas de butano… antes un cartero era un cartero de pueblo, conocía a las personas, sus costumbres... se ha perdido ese ‘caliu’ de la gente con el cartero de toda la vida», indica quien por otra parte siempre prefirió trabajar en la calle con su moto y asumir el reparto, que no las tareas de oficina.
Al respecto, hace un inciso en términos internos, en lo que atañe al día a día del personal de la entidad, donde el ‘progreso’ también ha contribuido a hacer mella. «Antes, en un trabajo, no solo Correos, los trabajadores éramos como una familia, íbamos a tomar algo, hacíamos alguna comida... ahora se hacen contratos de 15 días en épocas de mucho trabajo, así es difícil que se entablen relaciones a según qué nivel».
Y en ese contexto, quien ayer fue cartero y hoy pensionista hace alusión a lo que se advierte un mal endémico en la institución estatal: la ausencia de suficiente personal para poder cubrir rutas y demandas inherentes a su labor, con lo que ello acarrea.
«Siempre hemos ido escasos de personal, y sí, el trabajo ha bajado, pero hoy día hay mucha exigencia con la paquetería, pues el usuario rastrea el paquete y siempre considera que lo suyo es lo más importante, ahora hay menos paciencia», observa Antoni Servera Comellas quien, en cualquier caso, y mientras ya organiza su vida de jubilado, admite dejar atrás «unos años muy buenos, en los que he coincidido con buenas personas, y seguro que echaré en falta el contacto con los usuarios», termina.
Disfruta de sa nova vida!