Maria José López habla de salud pública en plena convocatoria de la 37ª edición del Llatzaret, que se celebrará del 17 al 23 de septiembre y cuya dirección asume por primera vez.
Forma parte de la Agència de Salut Pública de Barcelona, donde dirige el Servei d’Avaluació i Sistemes d’Informació. Es profesora asociada de la Universitat Pompeu Fabra y codirectora del Máster de Salud Pública.
Usted mantiene una relación de más de 20 años con la Escola de Salut Pública de Menorca.
—Recoger el testigo de Maties Torrent, con el legado que ha dejado, no será fácil, pero asumo esta dirección con mucha ilusión. He sido docente, he coordinado encuentros y he formado parte de su consejo académico, en el que, por cierto, Maties Torrent sigue vinculado. Siempre he sido una enamorada de la Escola, que es un espacio único.
Al ser un ámbito tan específico, ¿la población entiende la magnitud de la actividad que se desarrolla cada año en el Llatzaret?
—La ESPM, ya consolidada como un espacio de referencia, es el punto de encuentro de la mayoría de profesionales de la salud pública. Está en un momento muy bueno, con muchísimas propuestas de cursos y encuentros que tienen un gran éxito de participación. De hecho, estamos estudiando cómo reorganizar las inscripciones para no dejar a tanta gente fuera nada más abrirse el plazo.
Como espacio de conocimiento e influencia en salud pública, ¿qué impacto real tiene lo que se debate en Menorca?
—La ESPM siempre ha tenido esta vocación, y es lo que la diferencia de otras convocatorias: aquí no solo se habla de evidencia científica, sino que se pone el foco en cómo ese conocimiento puede transformarse en políticas de salud pública. Participan activamente representantes de todos los ámbitos de la Administración, estatal, autonómica, insular y municipal, como asistentes o con propuestas y encuentros propios.
La Declaración de Menorca 2025, surgida del encuentro Cómo proteger el derecho a la salud, responde precisamente a esta idea: que la evidencia se transforme en acciones y, finalmente, en una mejora de la salud de la población.
Esta Declaración de Menorca insiste en las desigualdades sociales como uno de los principales problemas.
—Los determinantes sociales -las condiciones de vida, las dificultades de acceso a la vivienda o la precariedad laboral- condicionan de forma decisiva nuestra salud. Y también las políticas estructurales.
El malestar social se sigue medicalizando.
—Es otro de los temas centrales de la Escola, especialmente en relación con la salud mental. Se medicalizan problemas sociales que generan malestar. La salud pública siempre intenta ir a las causas de las causas.
¿Cómo se explica que muchas veces no se aplique lo que sabemos que funciona en salud pública?
—Una de las razones es el tiempo de la política, que suele priorizar el corto plazo. A esto se suman otros factores, como los determinantes comerciales, que incluyen las presiones de industrias como la tabacalera.
Es fundamental poner la salud en el centro, independientemente de las ideologías, y entender que no depende solo del sistema sanitario. Se necesitan políticas de salud transversales, desde ámbitos como el urbanismo o la vivienda. Y esto cada vez se entiende más. Una población con mejor salud beneficia a todos los sectores, también al económico.
¿La pandemia sirvió para entender mejor la importancia de la salud pública?
—Desgraciadamente, no ha servido para aumentar de forma sostenida la inversión en los recursos que necesita la salud pública. En los momentos de crisis es cuando recordamos la importancia de contar con sistemas de vigilancia sólidos y con una buena capacidad de prevención. Sin salud pública, no se puede garantizar la salud de la población.
¿Qué aprendimos principalmente?
Aprendimos muchas cosas, y ahora haríamos mejor algunas actuaciones, como la comunicación dirigida a la ciudadanía o la incorporación de la perspectiva de equidad. Es decir, tener en cuenta cómo determinadas políticas pueden perjudicar más a ciertos colectivos.
¿Menorca podría funcionar como un laboratorio de salud pública?
La Isla tiene muchas características que la hacen ideal. Más allá de su dimensión geográfica y poblacional, destaca su sensibilidad ambiental, muy ligada al reto de la salud planetaria. Menorca siempre ha protegido su territorio y cuenta con una sociedad muy cohesionada. Esa sensibilidad está muy arraigada en la población; basta recordar su declaración como Reserva de la Biosfera.
¿La ESPM también ha tenido un papel importante en este proceso?
Quiero pensar que sí, después de casi 40 ediciones, y ese es precisamente uno de los objetivos de la Escola: fomentar la participación de la comunidad y la ciudadanía, incluyendo, por descontado, a la sociedad menorquina.